Kronos Quartet / Uniko

Uniko
Kronos Quartet

«Uniko» Ondine / Diverdi, 2011

El soplo del viento. Susurro en las hojas. Zumbidos de insectos. Olas que chocan contra acantilados de roca. Y, de repente, un trueno que rompe la noche, y todo tiembla.

En ese lapso de tiempo hasta que se apaga el eco del relámpago caben todas las emociones que despierta este disco, tan Uniko como indica su nombre. Proyecto firmado por Kimmo Pohjonen (acordeón) y Samuli Kosminen (programaciones) junto al Kronos Quartet, Uniko es una suite de siete partes independientes entre sí –aquí el orden de los factores no altera el producto– y que ha tenido que esperar cuatro años para ver por fin la luz.

Y qué luz. Porque estamos hablando de otra era, que sin embargo sigue siendo ésta. De un tiempo a esta parte están surgiendo nuevos valores que serán un referente de mañana: Hedningarna, Björk, Jan Garbarek, Värttina, Arve Henriksen, Nils Petter Molvaer, Christian Wallumrod, Kristin Asbjornsen, Jóhann Jóhannsson, Eivor Palsdóttir, Ghostdigital, John Erik Kaada, el trío E.S.T. o Mógil, más un largo etcétera. No es casualidad que gran parte de los renovadores de la música actual provengan de tierras nórdicas, como la mitad integrante del disco que nos ocupa. De hecho, visionarios como David Sylvian, Scott Walker, Hector Zazou, Russell Mills o Mike Patton ya han empezado a reclamar su atención sobre las sonoridades de tales latitudes. ¡Incluso el diseño gráfico de Uniko recuerda a la elegancia minimalista y agreste del citado Mills!Uniko-pic

Tan sólo era cuestión de tiempo que una formación clásica como Kronos Quartet también se fijara en los horizontes escandinavos, tentados por la electrónica. El idilio con este género, sin embargo, no es nuevo para ellos –atrás quedan sus colaboraciones con Amon Tóbin, Clint Mansell, Nine Inch Nails o Sigur Rós, por ejemplo–, y Uniko viene a sumarse a la lista de espléndidas rarezas con que están trufando su carrera desde que cumplieran el cuarto de siglo en 1998. Desde entonces, el cuarteto está disfrutando de una segunda juventud. Seguimos por tanto hablando de otra era, de otro mundo y de otra manera de sentir/hacer/pensar la música.

La de Uniko es tan oscura que escapa a toda clasificación. Aunque se enzarzan los sampleados tejiendo atmósferas densas –que hasta parecen tener textura física al rozar el oído– no es sólo un disco de electrónica. Aunque contiene elementos étnicos estilísticamente reconocibles –armónicos vocales, ritmos tribales, afinaciones disonantes…– no es exclusivamente un disco de world music. Aunque el acordeón emule a un órgano de iglesia para doblar los efectos oníricos de las cuerdas, no es música religiosa, pero estremece igual que el devoto ante Dios. Y aunque lo interprete un cuarteto de cuerda –sirviéndose de arreglos expresionistas, giros barrocos, la chicharra típica del nuevo tango (frotando el puente del cordal), etc.–, suena atemporal, fuera de todo género al uso: Kamala es como poner a King Crimson versionando a Astor Piazzolla frente a un auditorio de vikingos, y cortes como Kalma, Emo y ese hermoso broche final que cierra el disco alcanzan un clímax de tal intensidad que rompen con el tópico de la frialdad nórdica.

Estamos hablando de una música que mece al silencio, con una sensibilidad y una violencia tan contenidas que da miedo escucharla a oscuras: en el engañoso reposo que a veces inspira, se agazapa la traidora puñalada de una ráfaga de poesía. Detrás de esa sugerente descripción casi táctil de los parajes escandinavos –ora el soplo del viento, un zumbido de insecto, el susurro en las hojas, el coito abrupto del mar en las rocas…–, el rayo aguarda su turno para cegar con la belleza de un cielo herido. www.kronosquartet.org | Relacionados | Iván Sánchez Moreno

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