Kanta Ttikiak

Kanta Ttikiak Kanta Ttikiak
“Lo Lo”
Hirusta Records, 2008

Una nana es una canción de cuna… pero también las hay que lloran al niño mecido, dormido a traición por la luna –para más inri: Mano que mece la luna (Factoria Autor, 2007) y Ninna Nanna, de Montserrat Figueras & Jordi Savall (Alia Vox, 2003)–. Como los cuentos de hadas según Vladimir Propp, no hay nada ingenuo en los productos narrativos que el adulto crea para los infantes. Mikel Errazkin era muy cuidadoso con la selección de textos y melodías del cancionero infantil que, junto a otros amigos desde hace una década, reinterpretaban en el seno de Kanta Ttikiak. Lo que empezó siendo un proyecto casi en solitario –con arreglos sencillos de teclado y guitarra– fue creciendo y complicándose a cada entrega, y ya en el tercer disco conjunto Kanta Ttikiak contaba con una larga lista de colaboradores que daban suma riqueza a la música del grupo, aderezada con mil detalles y colores diversos. Mikel había escogido esta vez siete piezas del repertorio vasco más una canción de Lourdes Zubeldia, rodeándose para la ocasión de un breve puñado de amistades íntimas que arroparan el que iba a ser su último trabajo discográfico. Por eso, Lo Lo tiene un carácter tan marcadamente melancólico (incluso elegíaco) pese a que el público al que va destinado sea el más chiquitín. La desnudez de las canciones contrasta con la viveza de sus arreglos, plagados de requiebros inesperados, juegos de voces y contraluces armónicos que Mikel teje con leves percusiones y sintetizadores ambientales. El resultado es tan bello como escueto (apenas dura media hora), y la atmósfera que todo lo impregna oscila entre aires oníricos y tristones: Haurra Egizu Lotto es, por eso, especialmente sensible gracias a la contribución de Aitor Furundarena y Josune López (al acordeón y voz, respectivamente); Haurtxo Txikia, en cambio, arranca la lágrima casi sin querer… Pero no todos los sueños tienen ecos de llanto. La alegría asoma por cortes como Loa Loa o la lindísima Txin Txin Txin, con ese estilo de pop frágil que recuerda a aquella música tierna de Le MansErrazkin, de nombre Ibon–, o Ttunkulun Ttunkulunte, en el que parecen rendir un tributo a Enya Lo Egin Lo, un diálogo entre los pájaros de la ventana y la voz temblorosa de Josune cargada de emoción. Su cierre es quizá el más hermoso adiós que un músico pueda hacer, abandonando la última nota de su instrumento en el aire para que la lleve el silencio a acunar a la luna. // –banda donde se curtiera otro gran a ritmo de vals con un trío de guitarra, bajo y acordeón. El lazo final de este regalo (el diseño gráfico es ya todo un gozo para los ojos) lo borda la canción www.hirustarecords.com // Iván Sánchez Moreno