Julio Bustamante

La misión del copiloto, El Volcán, 2017

Nuevo trabajo del músico valenciano, doce joyas que me van acompañar estas tardes grises tan necesitadas de poesía. Bustamante lleva desde los setenta ofreciendo canciones sencillas, historias de amor, reflexiones sobre las cosas simples, esas que verdaderamente merecen la pena. Después de Lluvia Cascabel, Comboi records, 2008  se juntó con algunos músicos de Ciudadano y sacaron aquel Vivir para creer, Volcán, 2010 bajo el nombre de Maderita, para mi uno de los mejores álbumes de pop español de todos los tiempos. En el 2014 volvió a sacar disco En el nombre del gato de nuevo con Comboi records (sello que desgraciadamente ha desaparecido) debo reconocer que este disco no lo he escuchado. Hago esta reflexión porque ahora al escuchar por primera vez La misión del copiloto, Volcán 2017, me sorprende que con una formación tan diferente a la de Maderita, vuelva a encontrarme con la sensación de que estoy delante de otro gran disco de un sonido increíble y otro puñado de canciones que saben a gloria. Siempre pensaba que las canciones de Bustamante tenían suficiente con una guitarra para acompañarlas o dos guitarras si me apuras, pero ahora hay todo un grupo detrás que sin quitarle protagonismo a esa voz que mejora con los años, saben vestir un escenario rico en matices que les sientan muy bien a las canciones. Lucas Balanzá al bajo y Santi Bernal a la batería forman la sección rítmica discreta que monta el armazón necesario para que la música pop fluya con sencillez pero con credibilidad. Luis Alcober con su piano, teclado y trompeta se erige como parte fundamental de este sonido que define el disco. Y la voz, sobre todo en los coros, de Montse Azorín forman el quinteto sobre el que descansa la estructura principal. Pero además en cada canción hay arreglos de otros músicos que aportan detalles que enriquecen todavía más esas joyas de las que te hablo. Las guitarras de Cristian Pallejà y de Hans Laguna trabajan conjuntas con la acústica del propio Bustamante, Ferran Resines con teclados, acordeón, mandolina. Bustamante siempre ha estado en el filo de la navaja, por un lado amores dulces inmerecidos y por otra el lado más bestia de la vida que diría Lou Reed. Decide empezar con un texto de Sam Shepard, La doble, y lo hace con aires country bien defendidos por la guitarra de Laguna y una perfecta conjunción de teclados con piano, buen comienzo. Y entramos en Lo desconocido, entramos en el personal universo de Bustamante, los coros velvetianos de Montse Azorín, la voz de un hombre que ojala llegue el momento en que el público entienda que el Leonard Cohen español ha pasado con disimulo por la historia de nuestro pop y tú sin enterarte. Mientras lees en voz alta, vuelve el valenciano a su primer pop, suena a Cambrers 1981, a mí no me importa. Se pasa a su idioma materno para cantar Superulls del rodalies, un flechazo en un tren de cercanías, una excusa como otra cualquiera para hacer una canción preciosa, la acordeón de Resines le da el tono mediterráneo que tan bien le sienta. Y llega La canción del copiloto, también en catalán con un tempo muy rápido que la ira conduciendo a buscar un estribillo pegadizo y certero, rematado con la trompeta y la voz de Azorín. Iratxi lleva una grata sorpresa, cuando menos te lo esperas (a veces va bien no correr en leer los créditos) aparece la inconfundible voz de Nacho Vegas y que bien fusionan Vegas y Bustamente, que gran acierto, parece ser que se conocieron en la Plataforma contra los CIE. La sección rítmica aguantando ese caballo que quiere correr por el desierto y las guitarras y teclados templando la tensión. Un temazo. Mes enllà de les paraules, con letra de Carme Tendillo, ahora teclados y guitarra nos llevan a épocas setenteras, coros cercanos al soul y la voz de Bustamante demostrando que está en un momento increíble. La guitarra eléctrica ejerciendo también de solista y dejándome el recuerdo de mi adorado Alex Chilton.  La otra versión del disco es La palabra cepillo, con música de Alfonso E. Merenciano una divertida canción con aires brasileños dónde Bustamante puede recrearse en lo que más le gusta, explicarnos sus reflexiones acompañadas de una música bonita que te ayude a vivir un poquito mejor (para mi es suficiente) Sigue Gran amor pequeño, otra vez estamos cerca de Maderita, paisajes cálidos de verano, el amor, un acordeón que nos acompañe mientras disfrutamos de un momento increíble, como esos amores pequeños pero necesarios, domicilio flotante lejos de la feria de las vanidades. Viure sense esperar, con aires de bolero la voz de Clara Viñals se mezcla con acierto con la de Julio Bustamante que retoma el tema epistolar que ya había iniciado en Mientras lees en voz alta. Ectoplasma es otro cambio de tercio, me refiero musicalmente, ahora se aleja hasta los sesenta, es fácil de imaginarte las primeras minifaldas y un party lleno de colores y flores. Y para cerrar ha invitado a otra gran voz, María Rodès, El cel de les cançons, un cielo dónde el dúo vocal va conversando y uniendo sus voces en el tema más folk del disco. Un disco que como ves da mucho de sí. Sería una pena que el gran público del pop español no estuviese atento a esta maravilla. + info | relacionados