Juana Molina

JuanaMolina Wed21
Juana Molina
‘Wed 21’, Crammed Discs, 2013

especial-primavera-soundCon motivo del festival Primavera Sound, recuperamos el articulo que dedicamos a Juana Molina, con un amplio repaso a su discografía y una exhaustiva crítica de su último disco.

Juana Molina
no es profeta en su tierra. Sigue siendo más conocida en su país por un programa de humor que hizo en la televisión hace veinte años, Juana y sus hermanas, parafraseando la película de Woody Allen, que por su música. Nacida en Buenos Aires en el 1962, hija de un afamado cantante y compositor, Horacio Molina, y de una representante de la clase alta porteña; en 1976 se trasladaron a Paris huyendo de la dictadura militar. Allí descubrió, a través de la radio, los sonidos de las músicas de otras culturas: africanas, asiáticas, de Oriente Medio; que la fascinaron, porque de alguna manera las relacionaba con sus composiciones guitarrísticas, que eran como bucles inacabables. Otra vez en Argentina empezó a trabajar como actriz entre 1991 y 1994 en Juana y sus hermanas, que canceló, en pleno éxito, para dedicarse a la música.

En el 1996 sacó su primer disco, Rara, del que no está demasiado contenta: No me representa. Siempre compuse temas que no respondían al formato canción, pero todos me señalaban que no tenían estribillo. Entonces, iba y les injertaba uno. Tenía miedo de hacer las cosas mal.” En Argentina lo consideraron un capricho y no la perdonaron que hubiera dejado su show televisivo; por ello se trasladó con su marido y su hija a Los Ángeles. Allí se interesó, y llegó a familiarizarse, por los teclados y los sintetizadores, en los que había encontrado el rastro de aquellas músicas que escuchó en Paris

Volvió a Buenos Aires y grabó su segundo disco, Segundo, dándole un giro espectacular a su estilo. Ella sola, en su casa, y ayudada por la guitarra, los teclados y las otras máquinas, acabó este trabajo, que ya considera más suyo. Tuvo una mejor acogida y algunas críticas positivas en su país, como la de Rolling Stone de Argentina. Para Juana Molina la cosa estaba muy clara: “Segundo es el catálogo, la muestrita, la semilla y donde está todo lo que voy a hacer de aquí para adelante. Creo que nunca voy a hacer nada muy distinto o que no tenga una coherencia con Segundo“.

2002 es para ella un año crucial por tres hechos. Descubre el Boss RC-20 Loop Station, y así logra uno de sus sueños musicales: poder mantener unas melodías sencillas y repetitivas mientras puede seguir desarrollando la canción por encima de ellas, una opción que mantiene especialmente en sus directos. Publica, Tres cosas, su tercer disco, nuevamente producido, grabado y mezclado por ella, dando en él una mayor importancia a las letras, como en el tema Sálvese quien pueda, una declaración de principios contra la destrucción del planeta y la lucha para salvarlo desde los pequeños gestos. “Tengo una idea dando vueltas desde hace tiempo, ¿cómo es posible que el Progreso sea tan violento?”, empieza la canción. Por último, David Byrne no solo la elogió largamente después de oírla, sino que la invitó como telonera de los treinta conciertos de su gira por los Estados Unidos, anunciándola, ante el público, como la autora de uno de los discos que más le había gustado de todos los tiempos.

En 2006, Juana Molina publica Son, con un tratamiento mucho más orgánico que sus dos anteriores trabajos, como un retorno al folk-pop de sus inicios, aunque de forma más madura. Un trabajo que, nuevamente, produce, graba y mezcla ella misma; y que le permite girar por Argentina, Chile, Estados Unidos, Europa y Asia.

Ya en 2008 llega Un día, donde se deja llevar absolutamente, con pasajes vocales de letras casi ininteligibles, como narra en el tema que da título al trabajo: “Voy a cantar las canciones sin letra y cada uno se puede imaginar si estoy hablando de amor, desilusión, banalidades o sobre Platón“. También ese año, graba un tema para la película mexicana Rudo y cursi, de Carlos Cuarón, que la catapulta en aquel país; y empieza la gira de su disco, Un día, por todo el mundo, que durará cinco años, con el paréntesis, en 2011, de su participación en el proyecto Congotronics vs. Rockers, en el que participaban músicos del Congo, EE.UU, Argentina y Suecia, y que pudimos ver en nuestro país.

JuanaMolina Wed 21Ahora ya podemos situar su último trabajo, Wed 21, en su justo lugar, para que no oírlo de forma ligera, pensando que es un trabajo más de música electrónica, con alguna influencia latina, sin llegar a descubrir lo que nos ofrece. Lo primero, como Juana Molina aconseja, es oír el disco a través de los auriculares, para no perdernos los pequeños detalles y sonidos que lo pueblan. Grabado totalmente por la artista, como los cuatro anteriores, en este caso ha habido un retoque final en estudio: “Para regular las frecuencias, porque había cosas que no sonaban bien”, explica.

Esta vez quiso hacer un trabajo más estructurado, diferente de los anteriores porque: “Evité todos los caminos conocidos a propósito. Me pareció que, para no aburguesarme en mí misma, me tenía que salir de ese lugar de confort”, comenta. Lo curioso es que es uno de los trabajos más rápidos que ha hecho, porque quería publicarlo en 2013 y se acordó tarde y se le fue el tiempo. A pesar de ello, o precisamente por esto, es su álbum más libre, en el que no ha podido ejercer ese control absoluto de los otros. Lo primero que hizo fue añadir batería y bajo a la grabación, para sustituir el ritmo de la guitarra, que era, hasta entonces el que se oía principalmente en sus discos: “Quería alejarme de mi vieja paleta de sonidos que me sé de memoria.” Buscó una estructura diferente para sus canciones, pero con la idea de seguir siendo reconocible como Juana Molina: “He encontrado algo, un estilo que me representa totalmente, y he seguido ese camino”.

El álbum se abre con Eras, con una base rítmica muy marcada; diferentes esquemas melódicos que se alternan, y marcados giros estilísticos; con una serie de frases, algunas en inglés, que en un momento se vuelven absolutamente repetitivas: “Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, horas[ días, meses, años, vidas] te esperé”, y un final doble.

Wed 21 es el siguiente tema y el que marcó, dice, el rumbo del disco. Un nombre que puso provisionalmente para guardarlo con la fecha que vió en el ordenador, y que acabó siendo el título de la canción y del CD. La que dejó con la no letra original, con los sonidos que ella hace para componer: “Fue pasando el tiempo y, cuando tuve que entregar el disco, le pregunté a la gente del sello si podía dejarla así. Ellos me dijeron que, justamente, temían que arruinara la canción con la letra. Así que salió así, como sin terminar.

Me pone de muy mal humor esa mentalidad basada en el consumo.” Este sería el resumen del contenido del tercer tema, Ferocísimo, donde retoma aquella idea de Sálvese quien pueda, sobre la destrucción del planeta. Musicalmente mantiene una estructura más lineal, respecto a otros cortes.

Una de las canciones más interesantes es Lo decidí yo. Nuevamente una repetición casi hipnótica, que comienza con una distorsión algo molesta, a la que va añadiendo voces que se superponen, siempre sobre la misma estructura, para acabar con una improvisación vocal; con el contraste de una música oscura y una voz, melancólica y suave, que nos explica escenas cotidianas del adiós.

En Sin guía, no, donde canta: “Sin guía, no puedo soltar amarras”, la acumulación de voces es absoluta, llegando un punto en que la convergencia solo es posible por el dominio de Juana Molina, que consigue conjugarlo todo de forma coherente.

Con un principio más convencional, la voz sobre un loop insistentemente repetido, Ay, no se ofendan, va añadiendo sonidos poco a poco, y la voz va desgranando la segunda no letra del disco, aunque por momentos surgen frases y palabras con significado, lo que la convierten en aun más hermética.

Bicho auto comienza de forma más convencional, con una guitarra, unas percusiones y un coro que se mantienen hasta la mitad del tema, donde asistimos a un cambio con la entrada de sonidos electrónicos más potentes y la multiplicación de voces, formando unos coros casi imposibles, mientras nos habla de los ojos verdes del extraño bicho

Con un sonido repetitivo como de maquinaria, El oso de la guarda, es uno de los temas con más cambios del disco, aunque mantiene, por encima de ellos, el aspecto acelerado del ritmo, hasta la cuarta parte final donde son los sonidos, sobre unas notas sostenidas a un ritmo muy lento, los protagonistas.

Las edades, otro de los mejores temas del trabajo se basa en una melodía reconocible que se repite durante toda la canción y que se apoya primero en un bajo, para ir desarrollando los sonidos del entorno, algunos de ellos de clara procedencia étnica, posiblemente recuerdo de aquellas escuchas radiofónicas en París.

La rata tiene, posiblemente, la letra más estructurada del disco, y también la música más reconocible, con fragmentos de guitarras y batería de aspecto rockero, acompañadas de sonidos envolventes que planean constantemente sobre la canción.

Y acaba el disco con una pesadilla, Final Feliz, donde nos explica un sueño, con un ritmo nuevamente acelerado y la proliferación ya habitual de voces que se van doblando hasta la formación coral.

Juana Molina, una artista de la que sus amigos dicen que no le gusta la música, porque no soporta tenerla de fondo: “La música es para oírla”, argumenta; que se queja de la estandarización del buen gusto, que todo lo unifica; que opina que: “Ahora los músicos somos tantos, somos una plaga“; esta ahora inmersa en las giras de Wed 21, y como en este disco hay sonidos que no puede reproducir en un escenario a no ser que los lleve grabados previamente, cosa a la que ella se opone, el espectador de sus conciertos puede descubrir nuevas versiones de las canciones, todo un aliciente. Ella dice que no actúa en los directos, que evita la pose, que cuando hace música es ella, aunque se tenga que arreglar un poco obligatoriamente, porque la gustaría actuar en pijama, como si estuviera en casa, pero no se atreve: “En ese sentido, no soy completamente libre… De ninguna manera. Pero mi aspiración esencial es esa: ir hacia la libertad, aunque no sé si voy a llegar.” Una libertad que va buscando a través de su música y sus canciones. + Info | Federico Francesch | DESAFINADO RADIO