Josep María Babí Guimerà

Josep-Maria-Babi-Guimera
La Marta de Santa Eulàlia”.
Arxiu Històric Roquetes Nou Barris, 2013

Miembro activo del grupo de investigadores locales que edita el libro, Josep María Babí debuta con esta novela histórica, profusamente detallada y documentada, que reconstruye los cambios sociales, políticos y urbanísticos de una zona de Barcelona durante la posguerra y los primeros años de la Transición. La Marta de Santa Eulàlia apela más a la nostalgia por los hechos descritos que a la propia empatía por los personajes, recortados de una sola pieza y de escaso trasfondo psicológico, más allá de la observación objetiva de sus conductas y acciones. Lo importante, aquí, no es tanto la trascendencia literaria, sino el despliegue sociológico que el autor expone a lo largo de sus casi 200 páginas. Al respecto, la presentación del marco contextual en el primer capítulo ya es toda una declaración de intenciones, así como la cita de Eduard Punset que abre el libro (“No es lo mismo vivir que habitar”).

Barrio de pasado combativo, el ambiente cobra tanto o más protagonismo que Marta y Manuel, los dos personajes principales. Babí aLa-Marta-de-Santa-Eulalia-Josep-María-Babí-Guimerahonda en el choque cultural y su posterior integración que supuso la acogida de toda la inmigración andaluza atraída por el auge industrial de la zona. Seat, Fabra i Coats, Pegaso, La Maquinista, Hispano-Suiza, etc., son algunas de las numerosas empresas citadas en el libro, un verdadero catálogo de otras muchas marcas comerciales de la época que han quedado tan incrustadas en la memoria popular como las tablas de multiplicar cantadas o los versos del padrenuestro: los camiones Ebro (antes de ser absorbidos por Nissan), los 600, la Turmix, las lavadores Otsein, el detergente Omo, el betún Búfalo, las teles Iberia, el after-shave Varón Dandy, el tren Payá, el cubo de Rubik o los caliqueños de picadura, por ejemplo.

La historia se centra en la vida de Marta Granell, víctima de la guerra civil que quedó marcada por las sirenas de los antiaéreos (y cuyo trauma rememorará un día al acudir a la feria con su novio). Entremedias pasará de todo, y aunque el flechazo con Manuel no llega hasta la mitad del libro, el momento no puede ser más erótico y tierno a la vez, con la imagen de ella besando las lágrimas del amado al oír El emigrante de Juanito Valderrama. No obstante, el romance entre ambos es tan sólo una excusa para hablar del crecimiento del barrio alrededor del antiguo Instituto Mental de la Santa Creu, 122 hectáreas de fortificación manicomial que fue derrumbándose pabellón tras pabellón durante todo el siglo XX, hasta convertirse en lo que hoy conocemos en Barcelona como Nou Barris. De paso, se denuncian los problemas de barraquismo que sufrió la ciudad (se cuantifican más de 12000 chabolas a finales de los ’50), la especulación inmobiliaria que acompañó la venta progresiva del Mental, la desatención de los servicios públicos por parte del ayuntamiento, y el decepcionante declive de los proyectos de prosperidad que se firmaron en los ’80, y que en la actualidad parecen haberse frustrado a base de sablazos al contado por compradores chinos, por malos gestores sociales o por gángsters con la cara gris de un funcionario parapetado tras cierta ventanilla administrativa.

De ritmo endiablado, la narración va encadenando escenas con la misma agilidad de un culebrón televisivo, un drama continuo contado con objetiva distancia y agradecidamente despojado de gratuitas florituras estilísticas. De estilo simple y directo, el libro apuesta por un tono que no se imponga a la propia historia, acompañándose de sabias notas a pie de página y una plaquette con fotos de la época para situar al lector en todo momento. Adoptando una estructura de aire posmoderno, se sirve sin abusar de las técnicas de la intertextualidad para componer un almanaque enciclopédico que intercala curiosidades de todo tipo, sin caer tampoco en la pedantería ni en el exceso de digresionismo. La riqueza lingüística y la extensa bibliografía de apoyo son dos de los mayores atractivos de la publicación, sin olvidar la serena belleza de la chica de portada (Alicia Fernández) encarnando a la protagonista.

Pero pese a la vastísima cantidad de datos médicos, científicos, geográficos y folklóricos que trufan la obra, no es óbice para no haber cuidado algo más las cuestiones formales, ya sea en los errores ortográficos como tipográficos, derivados de una apresurada revisión. Es uno de los escasos peros a alegar de esta novelita, muy entretenida y nada efectista, que nos introduce en un momento histórico algo olvidado como fueron los años de la mediocridad franquista en Barcelona. +Info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno