Jordi Savall: Magnificat & Jubilate

Jordi-Savall
Jordi Savall: Magnificat & Jubilate
L’Auditori, Barcelona. 27 de junio de 2013

 

La creatividad de un músico no sólo se evidencia en su virtuosismo instrumental o en su talento compositivo, sino también a la hora de escoger y/o adaptar repertorios y diseñar el programa y los contenidos de un concierto o una grabación. A tal fin sirve magníficamente la faceta menos explotada de Jordi Savall, la de director de orquesta. Decimos magníficamente por el título de la velada: Magnificat & Jubilate, epígrafe bajo el que se reunían varias piezas de Jean-Baptiste Lully (1632-1687), Antonio Vivaldi (1678-1741), Georg Friedrich Händel (1685-1759) y el ineludible Johann Sebastian Bach (1685-1750).

Incluido en el 35º Festival de Música Antigua de Barcelona, el concierto estaba planteado como un auto-homenaje por los 25 años de La Capella Reial de Catalunya. Para la ocasión, dicha formación se amplió con varios de los finalistas de la III Acadèmia de Formació Professional de Recerca & Interpretació, promovida por la Fundación CIMA y de la que son parte docente los integrantes de La Capella, el grupo Hespèrion XXI y la orquesta barroca Le Concert des Nations. El nombre de Savall (y el de su difunta esposa, Montserrat Figueras) siempre ha aparecido de la mano de estas citadas formaciones. Por eso no podían faltar entre los músicos en el escenario viejos amigos del maestro, como David Sagastume, Manfredo Kraemer, Balász Máté, Xavi Puertas y el fiel escudero Pedro Estevan. No obstante, al numeroso elenco también se sumaron cinco cantantes solistas y el aumentado coro con nuevos miembros procedentes de todos los rincones del mundo.

Y no es para menos. El motivo de celebración era importante: las bodas de plata de La Capella que, desde hace un cuarto de siglo, lidera Savall y prepara LLuís Vilamajó (a él dedicaron el aplauso más sonoro al final del concierto). Por descontado, todo concierto de o con Savall es algo para recordar, así que los programas de mano se agotaron minutos antes de comenzar el evento. Acháquenlo a la poca previsión de los responsables de logística de la sala o a los dichosos recortes en papel e imprenta. Lo cierto es que llovieron clecas para hacerse con uno.

De Lully se rescató su Jubilate Deo (1660), una de esas obras de éxito cortesano que entra ligera y deja una sonrisa en el semblante. La pompa inicial (Symphonie) dará paso a las voces alternadas del quinteto solista, destacando sobre todo Hanna Bayodi-Hirt, soprano de origen marroquí que sorprendía y seducía con su entregada interpretación de música litúrgica cristiana. Pero donde despuntó La Capella Reial fue en el otro Jubilate Deo (1713), el de Händel, un músico adoptado en tierras inglesas que, junto con Henry Purcell, representan al mejor pop de la época: recuerden que su mayor hit es El Mesías (1742), así que acertarán al pensar en un jubiloso goce para los oídos que el coro aún hizo más patente cantando con la alegría que glosa el texto bíblico en que se inspira. Si en las glorias se prestaba innovador y contagioso (Glory be to the Father), el prodigio de Händel brilló aún más en sus artes para la fuga, como se puso de manifiesto en el trío For the Lord is gracious. Entremedias, la overtura de la tercera Suite en Re mayor de Bach sirvió de interludio, adaptándose al “estilo francés” que le precedía (con la pieza de Lully) y que marcaba la percusión mientras la trompetería se desgañitaba con la difícil partitura del “maestro Peluca”. Al respecto, los instrumentos antiguos –de dura afinación, sin pistones, que se tocan a pelo, con más fuerza que técnica– son tan indomables como traicioneros, pero de hecho tampoco es que la dirección sea el mayor fuerte de Savall.

El único atrevimiento de éste fue un cambio de orden en la segunda parte, enlazando la resobada Aria de Bach con un Magnificat de Vivaldi, para terminar de nuevo con otro Magnificat del propio Bach. Esta continuidad respondía a una lógica no sólo por su contemporaneidad, sino también por la tónica de ambas piezas. De estilos muy dispares entre sí, el característicos vitalismo vivaldiano se echó de menos en esta versión algo opaca y de fuelle gastado, que por el contrario se cobró Bach aparcando su habitual severidad y ofreciendo en cambio una enérgica interpretación del Magnificat en Re mayor (1733). Así lo probaron los coros en Omnes generaciones y Fecit potentiam y en otros pasajes de sobrada expresividad (más brillante y poderosa en el lado femenino, todo sea dicho). Pese a alguna trompeta desbocada y relinchante y un inoportuno móvil que sonó entre las flautas que arropaban un solo de Damien Guillon, el conjunto musical erizó los vellos de puro placer en el glorioso final y el soberbio juego de superposición de fugas/contrafugas con que Bach devolvía al oyente al inicio de su obra, retomando el mismo leitmotiv con que la abría (“Sicut erat in principio et nunc et semper”, reza el credo). Cabe destacar el esfuerzo de Alessandro Pique, dotado de una capacidad pulmonar envidiable y lo suficientemente segura como para salir airoso de las endiabladas e interminables escalas en su dúo con Bayodi-Hirt (Quia respexit).

Vivaldi, por su parte, siempre resulta bueno incluso cuando se pone serio. Su Magnificat (1719) contiene momentos de extático subidón (Et misericordia eius, Fecit potentiam, Deposuit potentes, Suscepit Israel) y de riquísimos ejercicios vocales –como en Esurientes, de marxistas versos como los que siguen: “Colma de bienes a los pobres, y que los ricos se vayan sin nada”–. Tanto Vivaldi como Bach se valían para la ocasión de material reciclado (ser tan prolífico tiene su trampa), pero su respectiva visión de las palabras del Magnificat, de profunda gravedad, contrastaban con la explosiva alegría del Jubilate que propusieran antes Lully y Händel: dos caras de una misma moneda que, en el fondo, no pretendían más que hacerle la rosca a Dios.

En el bis de regalo repescaron la Glory de Händel uniéndose al coro las voces solistas, ganándose el merecido aplauso de un público en pie totalmente rendido a los gustos exquisitos de Savall. Con este significativo final se daba cierre a un ciclo –El So Original– que este año ha repartido su atención en temáticas y protagonistas como la paz mundial y la comunión entre culturas y religiones (Pro-Pacem), Erasmo de Rotterdam (L’Elogi de la Follia) y los peregrinajes a tierra santa (Judici Signum). | +info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno