Jordi Sabatés / Portraits-Solituts

sabates-solituts
Jordi Sabatés
«Portraits-Solituts»
Picap, 2010

Coincidiendo con la reciente publicación de otra revisión en clave jazzeada de la música de Frederic MompouMúsica callada, de Les Trois F., trío compuesto por François Couturier, François Laizeau y François Méchali – (Zig-Zag Territoires, 2010)–, se reedita el disco que nos ocupa, casi veinte años después de su grabación.

Portraits-Solituts presenta a un Jordi Sabatés intimista, desnudo, y tan ágil como siempre con las teclas. El eclecticismo que caracteriza su carrera se manifiesta a lo largo de excelentes álbumes conceptuales temáticamente inspirados en el imaginario de TolkienEl senyor dels sabates-solituts-picsanells (Picap, 1974)–, BaudelaireVampyria (Nuevos Medios, 1974)–, PoeMorgue o Berenice, del grupo Jarka (Edigsa, 1972)–, WildeEl fantasma de Canterville (Eda, 1975)–, la inmortal Alicia en el país de las maravillasA través del mirall (Pdi, 1986)–, el viejo cine mudo –Keatoniana (Picap, 1997) y Nosferatu (Nuevos Medios, 1992)–, la trovadoresca medieval –Breviari d’amor (Ariola, 1982)–, los “clásicos de burdel” de Scott JoplinThe Ragtime Dance (Picap, 1983)– y los boleros almodovarianos A propósito de Bola de Nieve (Picap, 2008), así como en sus colaboraciones con artistas como Tete Montoliu, Toti Soler, Santi Arisa, Maria del Mar Bonet, Ros Marbà, Lluis Vidal, François Rabbath, Chano Domínguez, Jeanette, Pau Riba, Jaume Sisa, y un largo etcétera, extendiendo su influencia más allá del jazz, el folk psicodélico, la ópera y la música sinfónica.

Todo ese bagaje de gustos y estilos reluce aquí, en esta colección de retratos breves (de Erik Satie, J.L. Borges, Duke Ellington y Frederic Chopin, entre otros que ya han sido citados) y un extenso homenaje a Mompou. Con sencillez y mucha inteligencia, el músico catalán compone trece piezas breves que se sirven de efectos pianísticos que recuerdan los lenguajes de los autores tributados: las disonancias que sugieren la idea del laberinto borgiano; la etérea sensualidad que remite a los nocturnos afrancesados; las campanas que secamente simula el piano y que recrean la mística de los versos de San Juan de la Cruz: La música callada, la soledad sonora (y que derivan en las variaciones instrumentales que Sabatés titula como Serena, Lírica, Misteriosa y Sonora i Màgica en la suite de las Solituts). Cierra con dos descartes de su posterior relectura de cantos provenzales (Rei Gloriós y Faré un vers no res dient) este magistral trabajo que pertinentemente –aunque tarde– regresa al mercado en formato CD, para convertirse en el clásico que está llamado a ser. www.jordisabates.com // Iván Sánchez-Moreno

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