Jocelyn Pook

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Jocelyn Pook

«Desh», Harmonia Mundi, 2012

El principal rasgo identificador de la música de Jocelyn Pook es su transculturalidad. Su particular discurso estético baraja aires balcánicos, clichés medievalistas, folklore celta, coros gregorianos, arreglos románticos e impresionistas, las tradiciones corales yemenitas o las formas típicas de la música de capilla inglesa, junto a giros orientalistas y toques arábicos. En Desh, su primera grabación en sello propio, hay todo eso y más.

Desh es la banda sonora para una coreografía de Akram Khan inspirada en el ajetreado cruce de culturas que es Bangladesh. El día-a-día de la ciudad se encuentra a medio camino entre la mística ancestral y el bullicio de una civilización en constante movimiento. Ejemplo de esto último es la introducción de Metallic Sonata y Remembering Noor, sampleando timbres de bicicleta, bocinas de coches, las voces del mercado y toda una estridente paleta de sonidos callejeros. Pero en la filosofía del proyecto también late una amalgama de estilos y visiones musicales del mundo, hibridando influencias del hinduismo, del islamismo, del judaísmo y del cristianismo. Prueba de ello son los cortes Hallelujah y Ave Maria, títulos que despejan toda duda acerca del contenido religioso de la propuesta. Al respecto, las intervenciones vocales de Melanie Pappenheim y Natacha Atlas –habituales del ensemble de Pook– son básicas para hilar los nueve temas que contiene el CD.

No obstante, la lista de músicos solistas se ha reducido al mínimo en esta ocasión, secundados por una esporádica orquesta anónima que teje los fondos más ambientales. Otras piezas rozan sorprendentemente lo que vendría a ser una especie de “minimalismo industrial”, como la citada Metallic Sonata. Lo cierto es que, pese a estos atrevidos cambios en su obra, la música de Jocelyn Pook sigue siendo reconocible sobre todo en las peculiares fusiones entre géneros y formas –como por ejemplo en Ami Opar, un maridaje entre el canto persa y un adagio del barroco italiano; o Bleeding Soles, que parece sacada del renacimiento español y que sin embargo erige puentes con la música contemporánea usada en publicidad–.

Por descontado, no es ésta la primera vez que Pook compone para danza o teatro. Contrariamente, el repertorio que la llevó a la fama está indisolublemente ligado al cine: Eyes Wide Shut (Stanley Kubrick, 1999), Gangs of New York (Martin Scorsese, 2001), El mercader de Venecia (Michael Radford, 2004) o Room in Rome (Julio Medem, 2010) son sólo algunos de los films que la avalan como autora e intérprete para la pantalla. Pero su nombre ya había aparecido antes entre los créditos de discos y giras de artistas tan variados como Laurie Anderson, Massive Attack, Ryuichi Sakamoto, Peter Gabriel, Nick Cave, Siouxsie & The Banshees, ¡y hasta Mikel Erentxun! Este eclecticismo es el mejor distintivo de la “marca Pook”, pero, por desgracia, también ha sido la causa por la que no siempre fue bien entendida a la hora de etiquetarla.

Por tal razón, el género al que habitualmente suelen adscribirla de manera harto gratuita es el new age, esa aguada sopa de letras en la que lo mismo cabe el chill-out para gafapastas como el muzak para ascensores, mientras sirva para acompañar un postizo sentimiento de comunidad divina con olores a incienso barato. Por el contrario, la música de Pook se mueve más bien en los márgenes de la world music, incluso más allá, pues trasciende también las épocas y los bordes geográficos (igual que sobrepasa con creces todas las categorías estéticas, como hemos tratado de argumentar). Consecuentemente, el de Pook ya es un estilo que cada vez encuentra más imitadores a un lado y otro de la arbitraria frontera que separa la música clásica y la música popular: pónganse por caso a René Aubry, Rodrigo Leao, Ludovico Einaudi, Karl Jenkins o Max Richter, quienes –todo sea dicho– siguen la estela iniciada por maestros más venerados como Gavin Bryars, Michael Nyman, Philip Glass, Simon Jeffes o David Bedford. Está aún por ver en qué lugar queda Pook en el futuro, pero por ahora está algo lejos del segundo grupo. +info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno