Jazz Festival l’Estartit 2018

Passeig del Molinet del 19 al 22 de Julio.

El enclave de este festival, con las Islas Medes al fondo, la programación musical respetuosa y variada. Y esas propuestas electrónicas con que cierran la noche o sorprenden las mañanas playeras de l’Estartit, deberían convencerte para que el próximo verano sea una cita inexcusable. Yo este año sólo puede asistir dos noches, pero fueron cuatro conciertos totalmente diferentes y entrañables.
El viernes con poca entrada para tratarse de Bruce Barth (las 20 h sigue siendo pronto para el público que está en la playa) Barth tiene suficiente repertorio como para llenar más de una noche con su música pero escogió interpretar a su manera la música de los Grateful Dead (grupo americano que supo fusionar como pocos la psicodelia con el blues) psicodelia que muy pronto el trío supo transformar en desarrollos libres y música que libera a quién quiera escucharla mientras puedes perder la mirada en el regreso de las gaviotas hacia la costa. El batería, con una sonrisa contagiosa, sabe transportarnos al rock de los 70’ sin olvidar dónde está en esos momentos. Barth sabe resumir en pocos acordes la música del combo de Jerry García, el contrabajo inicia un solo de western para remarcar la idea. Pero cuándo la luz del día deja paso a otros azules aparece el blues, ese blues que hermana tiempo y músicos. Para cerrar sólo quedaba homenajear a Monk. Y como era necesario el bis, seguimos con Thelonious Monk y su Blue Monk, costó muy poco hacer cómplice al público y eso que Barth nos puso ejercicios complicados. Un tipo que sabe hacer feliz a la gente y una sección rítmica con la que puede moverse tranquilo por todo el mundo, grandes músicos. Stefano Bollani venía con otra propuesta bastante diferente, como él mismo comentaba se había traído 4 grandes músicos brasileños (contrabajo, batería y dos percusionistas) para que tocaran la música de un moderno compositor apellidado Bollani. Y así fue la cosa, Bollani (todo un personaje muy popular en Italia, con un ego que no cabía en el escenario) sabe componer canciones que gustan al público, su entrega de estrella mediática es total. Al contrabajo Jorge Helder tuvo algún momento para lucirse dejando de ser el fiel escudero de Bollani para demostrar su buen pulso jazzistico (me gustó mucho) pero en general fue un show de exhibicionismo del italiano y se desaprovechó, a mi parecer, las posibilidades de un cuarteto que ya en escena estaba predestinado a segundón (ocupando la mitad derecha del escenario, mientras que Bollani ejercía de figura con toda la mitad izquierda) es mi opinión, pero reconozco que entre el público, Bollani fué un triunfador, y todavía al día siguiente se le aclamaba como divertido, original, sorprendente, etc. Y empezamos la segunda noche. Debo confesar que conocía muy bien las dos propuestas del sábado y venía predispuesto a disfrutarlas de nuevo. A las 20 h, el saxofonista Albert Cirera i els tres tambors (Marco Mezquida al piano, Oscar Domènech a la batería y Masa Kamaguchi al contrabajo) nos presentaban Suite Salada, una composición de Cirera que escribió en sus años vividos en Menorca y que en el 2017 fue elegido por Enderrock como disco del año en el apartado de jazz catalán. La Suite Salada son 60 minutos ininterrumpidos de un grito primitivo en el que Cirera recupera el espíritu más africano de los grandes saxofonistas y lo adorna con percusiones de esa Menorca hippie dónde se fraguaron las composiciones. Delicados solos de Mezquida se combinan a la perfección con arranques percusivos en que Domènech mezcla sin pudor el rock con el jazz. Mezquida vuela a los 70 y Cirera con la pandereta se une a la descarga apartándose para que veamos trabajar a Kamaguchi que aun que al principio parecía despistado (en el proyecto inicial el contrabajista era Marko Lohikari) mas tarde su pulsación anárquica se adaptó al saxo hiriente de Cirera creando un dúo lisérgico. Para cerrar Domènech coge las escobillas, Cirera se pasa al soprano y consiguen un clima que perfectamente conjuntado con el atardecer del Mediterráneo nos permiten soñar con las música más primitivas, músicas que al igual que habían empezado una hora antes, acababan de forma simple, con piedras, palos y percusiones que nos devuelven a nuestros orígenes. Fue una hora de comunión total. Si exceptuamos los cuatro o cinco que no aceptaron la propuesta “escapando anticipadamente” la mayoría del público demostró que este festival puede apostar por músicas sinceras y no acabar como muchos de sus “primos” en la banalidad de lo que comercial.
A las 22 h, llegaban de diferentes rincones del planeta, Richard Galliano (acordeón y accordina, una especie de armónica con teclas) Paolo Fresu (fiscornio y trompeta) y Jan Lundgren (piano) presentaban su Mare Nostrum II , recuerdo perfectamente su Mare Nostrum en Terrassa hace 10 años y sí, segundas partes también son buenas. Empiezan recordando el primer disco y ya me tienen rendido a sus pies, Fresu (descalzo como siempre y sentado / tumbado como adolescente punk) le lanza hacia el acordeón de Galliano notas dulces y perfectas, el francés con ese porte afable, comprometido con todas las músicas del mundo recoge lo que le lanza Fresu y se lo devuelve adornado, hay un momento en que ambos parecen bailar dentro de su misma música. Hay un solo de Lundgren que se compenetra con el suave oleaje que ha empezado a sonar a nuestra izquierda, Galleano ha dejado la accordina y ha retomado el gran acordeón para que el espíritu de Nino Rota aparezca en l’Estartit y como en el circo todo vale, mientras el acordeón se queja sólo con el sonido opaco del fuelle, Fresu decide acompañar esa música con el susurro de su silla arrastrada suavemente ¡esta pareja puede hacer música con cualquier cosa! Piano y fiscornio para recordar a Jobim, piano y acordeon para ofrecernos la maravillosa Lili de Galliano. Ahora es Fresu quién toma el micro en el bis, para recordarnos que tenemos a este Mare Nostrum que debería unirnos, bastante olvidado. Un estremecedor silencio para presentarnos un tema que su paisano Monteverdi escribió hace bastantes años pero que sigue siendo perfecto para una noche como esta. Y como si hubiesen adivinado mis pensamientos, cuándo todavía Monteverdi se estaba desdibujando entre el sonido del mar, Jan Lundgren con sólo tres notas nos trajo Que reste-t-il de nous amours (Charles Trenet) cerrando una noche mágica que me costará olvidar. Si te lo perdiste, el 10 de agosto tienes otra oportunidad con Enrico Rava new quartet + info | relacionados | fotos: Martí Artalejo