Jacques Schwarz-Bart

jacques-schwarz.jpg Jacques Schwarz-Bart
"Abyss"
Universal Music Jazz France, 2008

Al igual que otros titanes del jazz como Don Cherry o Randy Weston se sumergieron en la investigación étnica, fruto de su ingente curiosidad, este nativo de la isla caribeña de Guadalupe deja claros estos designios de inquieto explorador. El soplido del saxofonista Jacques Schwarz-Bart tiene ese lirismo deudor tanto de Brandford Marsalis o Joe Henderson, como del Coltrane más espiritual, enrocado con un sentir autóctono que se adivina en las percusiones y en los scats vocales que abonan sus canciones. Schwarz-Bart hace gala de la "creolización", un término acuñado por el escritor Patrick Chamoiseau. Tal vez su niñez nómada entre las montañas suizas y las de Guadalupe obrara de catalizadora de este toma y daca creativo sin fronteras. Este magistral músico ha tocado junto al pianista Danilo Pérez o el baterista Bob Moses, y fue el trompetista Roy Hardgrove quién le dio la gran alternativa al llamarle para suplir a otro genio como el saxofonista David Sánchez en su banda de latin-jazz Crisol. Además de los saxos soprano y tenor, las flautas – escuchése su deslumbrante habilidad en Motoyo – y alguna voz, el guadalupeño se maneja a la perfección con los tambores Gwoka, aquellos que utilizaban los esclavos negros prófugos llamados maroons, y que encontraban refugio en las montañas de la isla más de un siglo atrás. Arma que exhibe con destreza y veloz juego de muñecas en temas como Mendé chiraj o Abyss, donde destaca la guitarra invitada del gran John Scoffield. De ahí que a lo largo del disco planee un sentimiento africano, unas veces más sutil y otras más acentuado. El contrapunto a la energía volcánica que exhalan los números más potentes son esas baladas de aire noctívago de la talla de André o Dlo Chayé. El espíritu trotamundo también lo marca la ambientación brasileña que se respira en el apartado vocal de Big Blue. En el otro extremo, el número más tribal y localista es An Ba Mango La – con unos tambores boula que recuerdan a la rítmica de Danyel Waro, el percusionista de la índica isla de Mauricio – y unas exóticas voces que se expresan en creole. No solo en estas latitudes se vive de ritmos como el zouk y el kompa. Jacques Schwarz-Bart sabe como marcar bien la diferencia. www.brotherjacques.com // Miguel Angel Sánchez Gárate