Instrumental Dreamland

Instrumental-Dreamland
V.V.A.A.

“Instrumental Dreamland”
Putumayo, 2012

 

 

Ahora que se ha hecho costumbre entre pediatras y psicólogos infantiles diagnosticar compulsivamente el TDH (o sea, el trastorno de déficit de atención con hiperactividad, que las madres de antaño curaban apagando la tele y blandiendo la zapatilla), con la consecuente habituación del niño a las rulas de colorines, se hace muy necesario que surjan productos como éste. Dan Storper, fundador de Putumayo, subraya en Instrumental-Dreamland--Victor-johnsonel texto promocional que se vio obligado a sacarlo adelante ante la enorme cantidad de peticiones de papás y mamás aquejados por un insomnio galopante que pronosticaba un infanticidio de proporciones bíblicas, y ríase usted de la de Herodes. Con el fin de evitar semejante atrocidad, aparece este Instrumental Dreamland, sexta entrega de la colección de nanas que regularmente ha ido editando el sello, siempre con la estimable colaboración de Nicola Heindl en las portadas.

A diferencia de sus “hermanas mayores”, aquí la selección se rige por la ausencia de voz, para que la letra cantada no pueda ser una distracción y el objetivo de alcanzar el sueño sea más efectivo. Por tal razón, el protagonismo descansa entonces en guitarras acústicas, arpas y piano, con alguna excepción “exótica” como la kora –que suena tan sólo en un tema de Balla Tounkara– y el shamisen japonés –en manos de Masahiro Nitta–. Sin embargo, prevalecen los aires folk americanos, por encima de otras atmósferas típicas del sello (y, al respecto, lo celta brilla aquí precisamente por su ausencia, por ejemplo). Aunque el disco contiene algunas versiones –entre estándares como What a wonderful world y Twinkle Twinkle Little Star, una bossa-nova del gran Vinicius de Moraes (O Filho Que Eu Quero Ter) y, por supuesto, la clásica canción de cuna de Johannes Brahms–, los arreglos acercan cada pieza a un estilo new age más apropiado para un telefilm de sobremesa con abundantes escenas de niños tiernos. Rozando apenas la media hora de duración, Instrumental Dreamland tiene momentos más inspirados que otros, e incluso cierto tema –como The Lark, una adaptación de Seamus Egan sobre una antigua balada irlandesa– que no hubiera desentonado en ningún trabajo acústico de Eric Clapton desde que se viste de Armani. + info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno