Infinimúsica

Infinimúsica en B!ritmos Infinimúsica
Torrelavit (Barcelona), Iglesia de Sant Marçal de Terrasola
9 de noviembre de 2008

Siempre es un honor pero también un riesgo abrir un ciclo de música. Y más si el conjunto escogido para tal acto está compuesto por algunos conciudadanos de la misma localidad donde se estrenaba. Así se sentía Manel Gascón, director de Infinimúsica, días antes del concierto en cuestión, con esa mezcla de excitación e inquietud que suelen sufrir los papás primerizos en la sala de espera de un paritorio. Sin duda consiguió transmitir esa sensación, sobretodo hacia el final del evento, cuando ya su alegría era indisimulada y contagiosa. En parte se preveía que iba a ser un gozo cantado –nunca mejor dicho– pues el repertorio seleccionado revisaba el cancionero antiguo del período barroco hispanoamericano (con mayor profusión de villancicos). El salto constante de un lado a otro del océano ponía de manifiesto el éxito cosechado por estas canciones en todo el mundo “conocido” cuyo origen partía de las tierras españolas para transformarse en su periplo indiano, regresando a Europa con una pátina vocálica e instrumental totalmente diferente, enriquecida por las nuevas sonoridades y estilos de allí. Es quizá ese exotismo estético lo que justifica la idoneidad de referir este recital en un medio sobre la world music… aunque tratemos en este caso de la mirada del hombre occidental del s. XVII-XVIII –en realidad un oriental, si nos ceñimos a expensas geográficas y no socio-ideológicas–. El octeto vocal liderado por Manel Gascón irrumpió en la pequeña e íntima iglesia a repiques de tambor, en una suerte de procesión ceremonial hasta rodear el altar: Hanaq Pachaq, una loa en quechúa al Cielo y la Virgen María y presuntamente el primer documento de canto polifónico en las Indias, compilado en tierras andinas por Fray Bocanegra en 1610 con la intención de aunar las tradiciones nativas con símbolos y formas del credo católico con el fin de convertir el máximo de adeptos –otro ejemplo de ello son los “negros de Navidad”, género denominado así por estar compuesto expresamente para los esclavos desarraigados en terreno americano, de estilo paródico y juguetón (como en Los coflades de la Estleya, entre las piezas del programa) o la mexicanizada Convidando está la noche, donde vihuela y percusión secundaban los suspiros del estribillo mientras la viola de gamba marcaba el fondo con un punteo casi jazzístico–. Las labores de investigación y traducción folklorista de Bocanegra continuarían posteriormente en otras figuras de igual importancia para la historia de la música antigua, como José de Cascante, Manuel de Lima, García de Céspedes, Alonso Torrizes… Mención especial merece pues la ardua tarea de búsquedas en archivos sacros de la América colonial y otras “de aquí” (el Cancionero de Upssala, el Cançoner de Palau, las Villanescas Espirituales de Venecia, etc.). Casi con espíritu de trovador errante, estos pioneros de la musicología española cruzaron mares atlánticos con las ansias del explorador… pero el objeto de su deseo eran las nuevas músicas a conocer en áreas ignotas. De ello dio voz Matías Durango, a quien llegó un poema de Sor Juana Inés de la Cruz Pues mi Dios ha nacido– que musicó para retornar a México cosechando las mieles de la fortuna. O Francisco Guerrero, cuyo paso por España, Italia y Portugal se acabaría beneficiando también de la influencia americana. O Tomás de Torrejón y Velasco, autor de la primera ópera escrita en las Américas –La púrpura de la rosa– en ocasión de la visita del virrey de turno y quien, opuesto al desprecio que Felipe V sentía por la cultura española en detrimento del estilo italianizante imperante en las Cortes, disfrutaba de las libertades de la independencia allende los mares y al margen de las modas europeas en su exilio americano… Pero esos aires à la Savall del principio asomarían varias veces a lo largo del concierto, con incidencia de los detalles instrumentales y rítmicos: en la atronadora introducción de trompetas de Ya somos del todo libres, en los acordes armónicos de fandango de Qué dulcemente que canta –una jácara que sirvió originalmente de entremés musical entre los actos de algún drama–,  en las incursiones de la percusión en ese divertido diálogo entre ciego y leproso de A este festejo y concurso… Al respecto, las aportaciones de Eva del Campo (clavicémbalo), Galina Escobar (viola), Paco Ruíz (percusiones), Edwin García (vihuela y tiorba) y Joan de Castro y Edgar Rosés (trompetas) fueron cruciales, aunque se relegaran a veces a roles muy puntuales. El coro no lo tuvo fácil para lidiar con letras a destiempo y con la aparente y engañosa sencillez de los acompañamientos melódicos, hasta el punto de repetir da capo algún villancico por la dificultad de tejer las fugas. Pero aún con ésas, el lenguaje afectivo de este tipo de músicas resulta asimismo tan encomiable como estimulante, dejando a quien esto suscribe literalmente mudo y con una sonrisa beatífica de oreja a oreja. Y no es por el exceso de alegres exequias marianas –Vaya de música Orfeos, dedicada a Santa Bárbara, cuyo verso “digan, digan” doblaba los vientos; o los cantos a la virgen milagrera de Nuestra Señora del Topo; o los advenimientos del Niño Jesús, etc.–, sino en el máximo responsable del conjunto la plena felicidad reflejada en la cara. Un proyecto en el que tanta ilusión y constancia se invierte nunca puede defraudar a nadie, ni a los que se implican activamente en ello ni a los oyentes pasivos del otro lado. No hay en Infinimúsica sólo una buena voluntad; hay un Arte con mayúscula que tiene la frescura de la que carecen otros grupos similares. Y para botón de muestra, el cómico dúo del citado Cascante en el que dos sacristanes gorrones discuten por si el Nacido es hombre o Dios o bien los dos. El bis de colofón estuvo dedicado a la coral municipal, de la que la dirección resta también en manos de Gascón, un último villancico a San Antonio que bordó el acto rozando la perfección. Ojalá no sea ésta la única oportunidad de que se luzcan, porque lo experimentado en el día de hoy vale la pena llevarlo a espuertas. No duden en asistir a próximos conciertos de esta magnífica formación si es que tienen ocasión o, en caso de tener la autoridad para ello, contratarlos a través de su página web: http://infinimusica.com. No se arrepentirán. Permitan que sea demasiado particularista, pero es que yo aún no he bajado de la nube y ya hace rato que salí de la iglesia… // Iván Sánchez Moreno,