Hossam Ramzy & Maged Serour

Hossan-Ramzy-Maged-Serour
Hossam Ramzy & Maged Serour
“Qanun El Tarab”. ARC Music / Resistencia, 2013

Seguro que el nombre de Hossam Ramzy no le será desconocido. Estrecho colaborador de artistas de todo género –jazz (Chick Corea, Mark Isham), soul (Isaac Hayes), pop (Deborah Harry, Sting, Gipsy Kings, Shakira), rock (Jimmy Page & Robert Plant, los Rolling Stones), música clásica (Luciano Pavarotti) y, por supuesto, world music (Cheb Khaled, Rachid Taha, Loreena McKennit, Airto Moreira, Peter Gabriel)–, Hossam Ramzy es un aclamado especialista de las percusiones arábicas que, para la ocasión que nos ocupa, se ha aliado con Maged Serour, uno de los más prestigiosos maestros del qanun.

Por qanun entiéndase una especie de cítara derivada del salterio, conocido desde el siglo X pero cuyo origen se remonta hasta los tiempos de los antiguos faraones (sabkh, nozha). Su complejo mecanismo sonoro, compuesto por 87 cuerdas de nylon punteadas con un plectro de ébano, también ha evolucionado hasta el santur iraní y el címbalo húngaro, percutido con finos macillos metálicos.

Ahora bien, que el título del álbum haga mención explícita a dicho instrumento ya debería poner en guardia a los fans de Ramzy. No esperen aquí su propio lucimiento, pues su papel se reduce al de padrino de Serour, con quien firma un tercio de las piezas que integra la hora larga de danzas que reúne el CD. El protagonismo, pues, recae sobre todo en el qanun solista, sirviendo la percusión y la orquesta egipcia como un sólido armazón rítmico, más que como un simple acompañamiento decorativo.

Asimismo, entre la docena de temas se introducen también otras muestras del cancionero de autoría ajena y tradicional, como músicas para celebraciones de boda (El Helwa Dayer Shbbak-Ha), una versión del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo (Mon Amour) y un bonus track de Abdul Halim Hafiz, entre otros más sonrojantes como Alwan El Neel, trufado de tecladitos casiotone que dan algo de grima. Dejando de lado la mención entre los agradecimientos a Ron Hubbard –fundador de la cienciología, “por su guía espiritual”–, también conviene intentar obviar urgentemente esa horrorosa portada en la que luce vientre la sra. Ramzy, pero que por su estética recuerda a alguno de los peores casetes de gasolinera. En cambio, cortes como Zay El Assal heredan el tono sombrío y experimental de obras mayores como Passion (Virgin / Real World, 1989), la BSO de La última tentación de Cristo (Martin Scorsese, 1988). Sólo por esos momentos vale la pena acercar los oídos a esta exótica propuesta de Ramzy & co. +info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno