Història del Soldat, Igor Stravinski

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Història Del Soldat, Igor Stravinski
L’Auditori. Barcelona, 7-8 de juny de 2019

Es hasta cierto punto curioso, que Histoire du soldat, una obra que hizo Igor Stravinski como un recurso para subsistir, que idearon  Ernest Ansermet, Charles-Ferdinand Ramuz y el propio Stravinski para ganar algo de dinero —la revolución de Octubre había dejado al músico sin posesiones y prácticamente pobre—, ideada como algo fácil de representar, con siete músicos, tres actores y una bailarina, en un formato que permitiera presentarla en lugares pequeños, que fuera fácilmente itinerante y no necesitase grandes recursos para mostrarla al público, como si de una troupe de circo se tratara, se haya convertido en una de las obras del autor que más se ha versionado —no interpretado— de su extenso repertorio.

De Nacho Duato; a Paquito de Rivera, Nacha Guevara i Javier Gurruchaga. De Roger Waters, de Pink Floid; a Mísia y Ángel Pavlovsky. De Àlex Ollé, de La Fura dels Baus; a Sting i Vanessa Redgreave, con la London Sinfonieta. De Ara Malikian; a la narrada por Jeremy Irons y dirigida en 1961 por el propio Igor Stravinski. Entre muchísimas otras, alrededor de todo el mundo. Versiones que han jugado con la música — Paquito de Rivera hablaba de la inclusión de tradiciones musicales latinas en su versión—; con las imágenes —La Fura dels Baus se inspiraban, en su escenografía, en Johnny cogió su fusil, de Dalton Trumbo—; o con la danza —como el ballet de Nacho Duato—. También, por supuesto, con los textos. A veces, solamente traduciéndolos del idioma francés original, otras, como en este caso, recreándolos casi de forma completa.

Cuando el autor ruso idea la obra en el 1917, recurre a su amigo suizo Charles- Ferdinand Ramuz, que se inspira en unos cuentos populares rusos, recogidos en una antología de cuentos tradicionales por Aleksandr Afanásiev. Unas tradiciones que tenían muchas veces como protagonista al Diablo, que engañaba al humano de turno para conseguir su alma.yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Història del Soldat, Igor Stravinski

En esta ocasión, Ferran Carvajal y Albert Tola, han creado una dramaturgia con dos ejes fundamentales que la caracterizan: el protagonismo de la mujer, y el acercamiento a nuestros días del hilo argumental. Así, ese soldado desertor, al que ha abandonado su novia,  que encuentra al diablo con el  que cambia su violín por un libro que predice el futuro, que le puede hacer rico; aquí se convierte en una mujer que acaba de perder a su marido, ejecutiva del departamento de recursos humanos de una gran empresa, que debe despedir a doscientas personas de la misma, y que tiene un sueño recurrente, que sería el del diablo que cambia un alma, un violín, por un libro que puede comportar hacer una fortuna… Un texto rimado en el que el narrador es la terapeuta que aconseja a la mujer, aunque también deja el papel de narrador y se relaciona con ella en los diálogos, en los que interviene, en su momento, el diablo, siendo Judit Farrés,  Anna Serra, i Ariadna Montfort,  las intérpretes de la dramaturgia i de la danza. Una dramaturgia que, a veces, por quererse acercar a un lenguaje más actual, introduce versos y expresiones que en algún momento, buscando la rima, se ven algo forzadas —“fes-me un curset/ i et torno a casa a tota llet”—, y algo irregulares en el tratamiento del lenguaje de los diferentes personajes. La combinación de textos y baile que deben realizar las tres actrices/bailarinas, permiten el lucimiento de las mismas, aunque algo mediatizado tanto por los diálogos como por las coreografías.

Si bien la partitura musical no ha sido modificada y se ha mantenido la instrumentación original, con los extremos de cada familia representados —cuerda: violín i contrabajo; metal: trompeta y trombón; madera: clarinete y fagot; más una percusión cercana a las incipientes formaciones jazzísticas de principios del siglo pasado, que influirían en el compositor—, como un intento que fuera por parte del Stravinski de huir de la instrumentación clásica de la orquesta sinfónica rusa; la mano de Judit Farrés, experta en esas lides, ha introducido algunas secuencias sonoras, principalmente electrónicas, que refuerzan la acción. Mención aparte la intervención de los siete músicos de la OCB coprotagonistas del espectáculo —Sara Bets, Albert Prat, Adrián Moscardó, Vicent Pérez, Francesc Navarro, Noé Cantú y Joan Marc Pino—, con una interpretación muy meritoria, a pesar de las dificultades que, en algunos momentos, presenta la partitura —especialmente algunos pasajes de la trompeta y de la percusión.

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De la coreografía se ha hecho cargo Ferran Carvajal, también director artístico de la obra. No sabemos si podía haber sido un poco más atrevido en esta parte del montaje. Las posibilidades que tenía, tanto con respecto al desarrollo de la obra, como por las capacidades, contrastadas en otros espectáculos, de las intérpretes/bailarinas, nos hacen pensar que  tenía elementos suficientes para poder haber ido un poco más allá.

Una escenografía, mínima, de Roger Orra, acompaña la representación, con la orquesta situada en unas tarimas, en un plano posterior de la escena, ante una pantalla sobre la que se proyectan colores y algunos efectos lumínicos, y un vestuario, diseñado por él mismo, que juega con los símbolos y la cotidianidad, todo ello para dejar todo el protagonismo a música, texto y movimiento.

La versión que L’Auditori de Barcelona, en colaboración con el Teatro Real de Madrid, ha presentado en la Sala Oriol Martorell durante dos días, es una apuesta diferente, que sus responsables han querido acercar a problemáticas de nuestro entorno, con un nuevo texto y una mayor incursión en la danza, manteniendo, eso sí, la parte orquestal. El resultado es de lo más interesante, como lo demostraron los entusiastas aplausos del público asistente que llenaba la sala. +Info| Relacionado| Fotos: LainezWorks| Texto:  Federico Francesch | DESAFINADO RADIO