Helder Moutinho

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Helder Moutinho

“1987”, HM música 2013

Cuando escuchamos por primera vez el disco 1987, último trabajo de Helder Moutinho, lo que nos llama la atención es encontramos, por supuesto, ante el disco de un fadista, por los acompañamientos, por las melodías, pero un disco en el que hay algo más. No es algo tangible que podamos localizar inmediatamente, es una voluntad, por parte del autor, de trascender más allá de esa música popular, que es el fado, pero sin traicionarlo ni apartarse traumáticamente de él. Y para ello, y aquí está lo más sorprendente, no necesita ni influencias de otras músicas, ni intervenciones de músicos de otros estilos, ni otras fórmulas similares que se emplean, legítimamente, para ampliar las perspectivas de ese género.

Creo que lo que hace que Helder Moutinho cree esta música tan personal dentro de ese estilo se debe en parte a su autenticidad y en parte a no tener miedo a salirse de los caminos trillados, ni a meterse en ellos cuando le es necesario. El resultado es un disco íntimo, pero no hermético; recogido, pero no introvertido; con el tempo justo para disfrutarlo; con la necesidad de volverlo a oír inmediatamente, para descubrir todo aquello que, sabemos, en una primera audición no hemos podido captar. Un trabajo hecho con un cuidado exquisito y con un resultado a la altura del mismo.

Más o menos cada cuatro años Helder Moutinho presenta una nueva grabación, siendo ésta su cuarto trabajo después de los álbumes Sete fados e alguns cantos (1999), Luz de Lisboa (2004) por el que recibió el Premio Amália Rodrigues, y Que fado é este que trago (2008); y de su gira con el proyecto Quinteto Lisboa, junto a la cantante María Berasarte y los músicos João Gil, José Peixoto y Fernando Júdice. Son trabajos todos ellos muy meditados, como lo es este último, que, concretamente, ha tenido una desarrollo en su creación que queremos comentar. Todo empezó, como él explica, cuando el cantante compuso la que sería la primera canción del trabajo, Venho de um tempo, una canción autobiográfica. A partir de aquí crea tres temas más también hablando de él mismo y titula el conjunto como Os dias da liberdade: el citado Venho d’un tempo, que subtitula como Nasci e cresci com a liberdade; Quando o amor, que habla del primer amor; Rua deserta, sobre las efímeras locuras de la juventud; y Sudoeste, un final feliz al conseguir el sueño de vivir para siempre al lado de quien se ama.

Paralelamente, Helder Moutinho encarga, a otros tres poetas que compongan versos para musicar, cada uno de ellos de un tema distinto. Así José Fialho Gouveia nos presenta su conjunto que titula Luto de uma relação, que abarca los poemas Luto inteiro, sobre el desespero del dolor que no desaparece; Se ao menos fosses de vez, contradicciones entre la razón y el corazón; Se uma janela se abrisse, reflexión sobre si fuera posible olvidar la saudade y la soledad; y Volta a dar, sobre la imposibilidad de olvidar.

História de um desencontro, es como nombra João Monge el conjunto de sus poemas, que comienza con Escrito no destino, la soledad vive en un corazón desierto, explica; Pequeno amor, esos amores que nos salvan; Noite em claro, sobre el rastro de un amor que partió; Já não te espero, cuando el amor cierra la puerta.

Finalmente Pedro Campos nos explica la historia de Maria da Mouraria, una mujer que abandona su pueblo por una desengaño, y se deslumbra en la gran ciudad, Maria da Mouraria; llegada a Lisboa, malvive en el barrio de la Moureria, Vida; donde encontrará un nuevo amor, Como dois barcos no Tejo; que convertirá el barrio en el escenario de su felicidad, O que sobrou foi amor.

Explica Helder Moutinho que cuando tenía el repertorio cerrado, Fernando Tordo le ofreció un fado sobre la que fuera gran artista Beatriz de Conceição, su fadista preferida, dice, y no pudo resistirse a añadirlo a modo de post scriptum. Es O fado da Bia.

Si el trabajo de él mismo y de los otros poetas que intervienen en el disco es extraordinario, como podréis comprobar al oírlo y al leer las letras que están recogidas en el libreto; las músicas, pese a ser de diferentes autores, también alguna del cantante, mantienen el mismo altísimo nivel de calidad y, especialmente, una unidad que, apoyada en su interpretación y en los acompañamientos instrumentales, convierten el disco en un trabajo más cercano al de un cantautor que al de un intérprete que canta temas de diferentes poetas y compositores, haciéndolo, además, con un estilo inconfundible, que no monótono.

Ya sé que las comparaciones acostumbran a ser odiosas, pero para mí Helder Moutinho está en ese bloque de artistas portugueses que, con todos los referentes del fado, traspasan sus fronteras y crean una música absolutamente personal, una evolución más o menos ortodoxa que está dando fenómenos, algunos de ellos controvertidos para los puristas, que sitúan lejos del género, como pueden ser Lula Pena o Antonio Zambujo, entre otros. Si también encontramos cantantes de fado actuales que, tras una lógica evolución, están renovando el estilo desde dentro; hay otros, entre ellos los dos citados, junto a Helder Moutinho, que parten de él para trazar su camino, siendo en estos casos determinante la forma de interpretar sus canciones.

Una forma que Helder Moutinho cuida al máximo en sus trabajos. El otro día un músico que conozco hacía una reflexión y decía que entre un trabajo muy bueno y otro extraordinario hay un paso que va de lo bien hecho a lo cuidado hasta el extremo. Y este disco está cuidado hasta aspectos insospechados. Se grabó en un antiguo palacio de Lisboa porque la acústica era perfecta, pero incluso se escogieron salones diferentes para grabar los instrumentos y la voz, según el sonido que se conseguía en cada uno de ellos. Y así, Helder Moutinho y sus tres músicos, un cuarteto, como él dice, buscaron esas condiciones ideales para que su voz, la guitarra portuguesa de Ricardo Parreira, la viola de fado de Marco Oliveira y el baixo acústico de Yami (Fernando Araújo), con la participación puntual también, con este instrumento, de Francisco Gaspar en el último tema, como se evidencia en el resultado final.

Si en una primera escucha Helder Moutinho puede sorprendernos con esa forma de cantar arrastrando las frases; con un timbre peculiar; con ese estilo que, apoyándose en unos arreglos cercanos al clasicismo, se apartan de él constantemente; en las posteriores audiciones, acabamos enganchados a su voz, a su estilo y a sus canciones. Lo dicho: es necesario en el reproductor tener activada la función de repetir permanentemente, para apreciar en toda su magnitud este 1987. Un disco para disfrutar muchas, muchas veces.+ Info | Escucha el programa 1ªparte | Escucha el programa 2ªparte Federico Francesch | DESAFINADO RADIO