Hablamos con Luis Calvo | 2ª parte

LuisCalvo Pirineos-Sur-2013
Luis Calvo, director del festival

Las músicas de las Metrópolis (2ª parte)

Ante el inminente inicio de la XXIIª edición del Festival Pirineos Sur dedicado a las “Metrópolis”, os dejamos con la segunda parte de la entrevista con su director Luis Calvo (esta quizás algo mas personal). Aunque no queremos dejar pasar la ocasión para recomendaros las actuaciones de este primer fin de semana en el escenario de Lanuza de Manel (Barcelona) y Eli “Paperboy” Reed (Boston) el viernes y Café Tacvba (México D.F.) y Doctor Krápula (Bogotá) el sábado. Y si tenéis la posibilidad de quedaros los días siguiente, apuntaros a los conciertos gratuitos en Sallent de Gállego de A Naifa (Lisboa) el lunes, Touchwood (Ciudad del Cabo) y BCUC (Johannesburgo) el martes, Dead Combo (Lisboa) el miércoles y Skip & Die (Ámsterdam) el jueves. Y seguir atentos a estas paginas porque os mantendremos informados de lo que ocurra en este festival único en su genero.

¿Qué hacía Luis Calvo antes de que naciera Pirineos Sur?
Uff! Llevo veintidós años haciendo el festival!!!

Pero antes del festival había un Luis Calvo también, ¿no?
(Risas) Yo fui profesor de historia medieval en la universidad. También daba clases de paleografía y de diplomática. Aunque en relación a la música mi formación era más de música clásica y antigua. Pero como dijo Mozart solo hay dos tipos de música, buena y mala.

¿Cómo nació realmente el festival? ¿Fue una idea en solitario, alguna broma entre amigos, una promesa?
Pues ocurre porque yo empiezo a trabajar en la Diputación de Huesca, en otros proyectos. Sobre todo en la dinamización de los pequeños pueblos de la provincia. Esto se hacía con campañas de música, teatro y cine y era sobre el 1988. En 1992 y desde la institución, se plantea crear eventos en el verano que sirvan principalmente para dos cosas. Por un lado para mostrar programas de cierta calidad en el territorio. Y por otro para ayudar al complemento del desarrollo turístico en zonas con grandes infraestructuras, pero infra-aprovechadas justo en esos meses de verano.
A mi me piden un proyecto para eso y yo hago la propuesta del festival. Como había un montón de pantanos la idea fue montar un escenario flotante y casualmente fue el de Lanuza, aunque en un principio iba a ser otro, pero por circunstancias le tocó a ese.
La idea musical del festival se quería distanciar de las típicas verbenas y tampoco quería ir hacia las actuaciones más tópicas y generalistas.
Casualmente en ese momento había una diputada que lo vio interesante y que apostó por él.
Hasta el tercer año solo se programaban los fines de semana y a partir de entonces se empezaron a hacer conciertos entre semana en Sallent y se iniciaron también las “actividades paralelas”.

¿Sois conscientes de que se trata de un festival único en su genero? Por el sitio donde se hace, por el tipo de programación y porque se alarga durante tres semanas.
Es que la idea del festival no es la de atraer a 40.000 personas en un fin de semana. El festival dura normalmente veinte días simplemente por la sostenibilidad del espacio, porque en el escenario principal caben 5500 personas. Cada fin de semana Sallent atrae a unas 6000-7000 personas y entre semana son unas 3000 y eso sí que genera economía en la zona. Pero es que la idea no es “encerrarlos” y que solo puedan compra en el supermercado del pueblo. Al contrario, se trata que sea algo comarcal. Los principios básicos del festival son que sea alargado en el tiempo y no agresivo con el entorno.

¿Y el festival es aceptado por todos los pueblos del entorno?
En el mundo hay de todo, en todos los sitios. Creo que progresivamente toda la gente lo va viendo como algo suyo, primero porque han visto los resultados, la mayor parte de la comarca viven de los servicios y eso siempre les aporta, y segundo porque las nuevas generaciones han ido creciendo con él.

Al festival, en sus inicios, no venía mucho público de la zona, pero ahora sí que podemos decir que viene. Hay gente joven que desde que nació ha existido el festival y están encantados con él. Quizás entre la gente de más edad hay alguno que puede decir que en julio antes estaban más tranquilos. Pero si quieren ganar dinero y estar tranquilos sin gente, eso es incompatible. Se puede decir que en general hay muy buena aceptación, y por suerte, salvo unas muy pequeñas minorías.

¿El publico siempre tiene la razón?
Al principio no fue fácil. Recuerdo por ejemplo que en la segunda edición, con Gilberto Gil se vendieron 400 tickets. Y eso que fue el inventor del tropicalismo y luego ha sido ministro de cultura. Pero es que para construir algo se requiere de una paciencia. Para mi, evidentemente, el público no siempre tiene la razón, pero hay que buscar un pacto, hay que ser hábil. Te lo diré con sinceridad, en el festival ha habido actuaciones con las que no siempre he estado 100% de acuerdo. Pero si considero importante hacer veinte propuestas que considero interesantes y que sé que la gente va a valorar, pues a lo mejor hay que ceder y hacer cuatro cosas que no estás del todo convencido y que hace que se equilibre.
También puedes jugar a ser el más talibán del mundo y decir: que bonito fue el festival que hice, pero ya no hice una segunda edición.

En mas de una ocasión lo hemos comentado, pero Pirineos Sur es un festival al que una buena cantidad de publico asiste por el festival en si, sin saber que artistas van a tocar.
Nosotros tenemos como unas mil personas que van a cualquier concierto que hagamos. Pero para llegar a cuatro o cinco mil, tiene que haber cada año un artista que posibilite eso. Por ejemplo este año con Paco de Lucia, que es un artista popular y de calidad, eso se consigue.

Año tras año viene publico del País Vasco, de Francia, etc. y que vienen atraídos por el ambiente del mercado y después asisten a los conciertos.

¿El organizar el festival te permite disfrutarlo?
Sí, disfruto mucho. Aunque disfruto más cuando hacemos la programación, porque tienes que escuchar las propuestas, o viajar a otros festivales y ver nuevos proyectos. También me gusta la labor de tratar con los artistas, enseñarles la zona, estar por ellos, así se consigue una familiaridad que hace que luego puedan volver.

¿Aún te pones nervioso por cosas que pasan en el festival?
Ya no. Tengo la filosofía de que los problemas no existen. Si un problema tiene solución, se soluciona y punto, ya no hay problema. Y si no tiene solución, pues no existe el problema. Lo importante es como gestionar la información para que se sepa que la organización hace bien su trabajo y que si, por ejemplo, no viene un artista, es porque ha habido una huelga de controladores, o de transporte o lo que sea. El inconveniente es que esos “no problemas” siempre cuestan dinero.

La ecuación formada por los conceptos: política, música, dinero, cultura. ¿puede funcionar bien?
Pues depende de como lo gestiones. Esa es una de mis principales funciones en el festival. Siempre digo que hay que ser posibilista. Tengo la suerte de que nunca me han condicionado la programación, nunca ha venido un político que me haya dicho: “hay que poner a este”. Si fuera así posiblemente yo no estaría, porque yo soy el que va a dar la cara por la programación. Pero hay que hacerlo bien y darles su porción de gloria, porque la tienen. Porque si ellos te apoyan en lo que haces, hay que reconocerlo. Hay políticos malos y muy malos, pero no todos lo son.
Se trata de buscar los puntos comunes. Ahora mismo yo tengo que reconocer que hay políticos que en un momento económicamente duro como el que estamos viviendo, han apostado por esta actividad, con un presupuesto importante y que no es inmensamente mayoritaria. Yo siempre digo que somos una inmensa minoría, porque no estamos hablando de rock&roll de masas. Así que si apoyan esto, hay que darles su reconocimiento. Todos sabemos que hay otros lugares donde si que han hecho que desaparezcan festivales.

De estos 22 años, ¿nos puedes contar algún recuerdo especial?
Es muy difícil decir solo una cosa, pero ahora mismo recuerdo con gran cariño a Enrique Morente que vino a actuar con la Orquesta Andalusí de Tetuán. Vino diez días y fue encantador. Cuando el último se iba con su mini bus por la carretera, vi que se dio media vuelta y volvió para despedirse. Hay músicos que te dan esa gran lección que siendo grandes maestros también son gente magnifica, contradiciendo el tópico de que los músicos son “malas personas”.

También recuerdo con cariño a Joe Zawinul. Él tendría unos 70 años. Llegó a media tarde al escenario cuando se reflejaban los picos de las montañas en el agua. De repente se quitó los pantalones se tiró al agua y se cruzó el pantano ida y vuelta, como si nada. +Info | Relacionados | Miguel Amorós.