Guillem Albà & Clara Peya: Pluja

Caratula Pluja
Guillem Albà & Clara Peya: Pluja
Auditori de Barcelona 5 de noviembre de 2016

Stephen Hawking , el célebre astrofísico inglés, inicia su obra intitulada  El Universo en una cáscara de nuez, una reflexión sobre el espacio que nos rodea y su evolución, partiendo de la idea, de la frase que formaba parte de Hamlet de Willian Shakespeare:«Podría vivir encerrado en una cáscara de nuez y sentirme el rey del espacio infinito ». Una reflexión que, de alguna manera, encontramos en el del prólogo hablado del espectáculo Pluja [lluvia] que escenifican Guillém Albà y Clara Peya en un pequeño espacio, sobre una alfombra ―un linóleum, nos dicen―, rodeada por una gradas, unos bancos donde se sitúan los espectadores muy juntos, tocándose prácticamente unos a otros, de forma intencionada por los autores, buscando esa proximidad que comunica, y es entonces cuando empieza la magia. De hecho, la representación ha comenzado antes. El público es recibido antes de entrar; se le explica una serie de normas que ha de cumplir; se le ofrece las traducciones de los textos del prólogo por si lo necesitan para comprenderlo; y se le acompaña y se le acomoda en las gradas de forma ordenada.

Lo lógico sería describir, de alguna forma, lo que pasa, a partir de ese momento, en los cuatro cuadros que forman el espectáculo, pero hacerlo sería traicionarlo de alguna forma, ya que parte de la magia de la que hablábamos se consigue con el sorprendente desarrollo creativo que se va mostrando ante nuestros ojos y ante nuestros oídos, la mayoría de las veces de forma simultánea y siempre de forma inseparable ―si queréis ver el espectáculo sin referencias previas, no miréis el video que acompaña al artículo. Os lo aconsejo―. Pluja 1

Clara Peya es una pianista y compositora que, proveniente de la música clásica que ella estudió durante años en San Petersburgo, llegó al jazz y a la música moderna de la mano de pianistas como Joan Díaz, Joan Monné o Marco Mezquida, entre otros. Ha publicado diversos discos, ha intervenido en muchísimos espectáculos y ha acompañado, y acompaña, a diferentes cantantes y músicos. Guillem Albà se presenta con dos frases contundentes: «Me gusta actuar. Soy Feliz». Su formación está entre el clown y la comedia, aunque, por aprendizaje familiar, domina las marionetas en sus diferentes modalidades, y también hace incursiones en el campo de la música.

Con la mezcla de esos dos artistas, su magnífica, impecable actuación, base fundamental para el buen desarrollo de la función, y la colaboración imprescindible de la nutrida compañía que los rodea, se ha conseguido uno de los espectáculos con más sensibilidad e inteligencia que hemos visto últimamente. El piano de cola ―de media cola, nos aclaran― del que Clara Peya hace surgir algo más que armonías melódicas, como eje vertebrador de la función; el baúl, como una caja de Pandora de ida y vuelta, donde surgen y se esconden las ideas materializadas; la luz, el agua… todo gira alrededor de ese fragmento del cosmos del que nos hacemos participes junto a ellos.

Un espectáculo donde los pequeños detalles se hacen protagonistas; donde la reflexión está siempre presente; donde un gesto puede significar mucho; donde las ideas fluyen, dejando un margen suficiente al espectador para interpretarlas y de esa forma compartirlas, desde su posición de eso, de espectador, de forma mentalmente activa, haciendo que la proximidad respecto a los actores, a los que tiene a muy pocos metros de distancia en todo momento, refuerce esta actitud pasivamente participativa que se vive durante el recorrido de esa aventura de las personas dentro de la nuez, fuera de la nuez, como seres diminutos o como verdaderos gigantes, demostrando así la relatividad de las cosas. +Info | RelacionadosTexto:  Federico Francesch | DESAFINADO RADIO