Grup Instrumental BCN216 / Zappa

zappa.jpg Zappa
Barcelona, L´Auditori
7 de abril, 2009

En conmemoración por el 10º aniversario de L´Auditori, el Grup Instrumental BCN216 fundado por Ernest Martínez-Izquierdo presentó un repertorio de apenas diez piezas –una por año cumplido– de Frank Zappa (1940-1993). Prolífico autor de casi un centenar de discos y referente de tantos otros artistas contemporáneos, Zappa no ha alcanzado todavía el respeto que se merece entre los grandes de la música. Incómodo a ambos lados de esa arbitraria frontera que separa la música culta de la popular, la espinita del norteamericano fue siempre la de no haber trascendido en vida como compositor “serio”. Pese a sus numerosos intentos por estrenar sus obras orquestales, la crítica especializada las menospreciaba por anecdóticas –unos las consideraban caprichos pasajeros y otros como pretenciosas muestras de egolatría–. El tiempo le ha dado la razón, y su nombre es cada vez más citado en los libros de historia de la música.

Su lenguaje fue un soplo de aire fresco en una época en que la música pop y rock empezaba a convertirse en un medio de aborregamiento de las conciencias y la música culta no hacía más que repetir las fórmulas del más acomodado clasicismo –con algún efectismo romántico para variar– que tan sólo servían para enquistar élites adineradas en sus palcos de ópera y sus butacas art-decó. Zappa dinamitó y renovó simultáneamente la manera de crear y escuchar la música. El principal rasgo distintivo de su obra radica en estructuras complejas, continuamente cambiantes a base de clusters independientes que exigen de un gran derroche de atención y energía. Maestro de matices y texturas –aunque algo grosero en cuanto a sensibilidad armónica, pues el tono pedestre de sus piezas orquestales delata la procedencia rockera de su particular estilo musical–, Zappa era ante todo un picassiano fagocitador de influencias: Varèse, Copland, Stockhausen y Stravinsky son algunos de los préstamos que se cuelan en dichas obras, como se pudo constatar en L´Auditori. No iba a ser algo casual tal mezcla de culturas en alguien por cuyas venas corría sangre italo-greco-franco-árabe y se había construido a sí mismo oyendo discos de todo tipo, era y país.

Descontento no obstante con el resultado sinfónico al que formaciones de prestigio como el Ensemble InterContemporain o la London Symphony Orchestra sometieron sus obras, no fue hasta el final de su vida cuando quedó por fin satisfecho con los arreglos del Ensemble Modern (al margen de las “clásicas” interpretaciones de sus Mothers of Invention). Próximos a éstos sonó el Grup Instrumental BCN216 echando mano del temario incluído en discos como The Yellow Shark (1993), Uncle Meat (1969/1995) y The Perfect Stranger (1984/1995) –todos (re)editados en el propio sello de Zappa–. Deudor de su aprendizaje junto a Pierre Boulez –no es en vano que la elección para la dirección recayera en Martínez-Izquierdo–, el mayor peso del sonido Zappa primaba sobre los vientos (doblaba a las cuerdas en músicos), como es ya usual en tantos compositores norteamericanos –aún queda en la memoria el recuerdo de aquella soberbia actuación de los Spanish Brass Luur Metals revisando el cancionero zappero hace cuatro años en Esparreguera–. Por supuesto, marimbas y celesta tuvieron un especial protagonismo, como en el resto de la obra de Zappa, aunque entre la orquesta de cámara barcelonesa se colaran también algunos instrumentos amplificados (bajo eléctrico, programaciones de percusión, sintetizadores y pads). Destacaron sobradamente los clarinetes –Joana Altadill y Elvira Querol–, la flauta de David Albet y un hermoso solo de violín a cargo de Sergi Claret.

Convencieron con Get Whitey, Be-Bop Tango y unas irreconocibles Dog Breath Variations y Outrage at Valdez (compuesta para un documental inédito sobre la catástrofe ecológica del Exxon Valdez, mucho antes de que las olas de chapapote anegaran las costas gallegas), y, como no podía ser de otro modo, acabaron con G-Spot Tornado, que repitieron en un inesperado bis donde se hizo evidente el cansancio de los músicos. Desigual en el trabajo rítmico, en ocasiones la difícil amalgama de la escritura zappera parecía descoordinada; quizá faltaron ensayos, pero el público aplaudió entusiasmado cada una de las revisitaciones. Por si quedaron más ganas, se avecina King Kong, otro homenaje a Zappa en el Centre Artesà Tradicionarius por parte del Filthy Habits Ensemble, conformado exclusivamente para el evento. // Iván Sánchez Moreno