Gonzalo del Val

gonzalo-del-val.jpg Gonzalo del Val
“Seis Cuentos Musicales”
Free Code, 2008

Sabido es que, en el buen cine, sobra la música cuando priman los sentimientos en la palabra. Por eso el silencio de fondo es tan imporante en la obra de Eric Rohmer –algo paradójico viniendo de un confeso melómano, como demuestra De Mozart a Beethoven. Ensayo sobre la noción de profundidad en la música (Ardora Ediciones, 2000)–. El burgalés Gonzalo del Val subsana esa ausencia de banda sonora con una alternativa en clave de jazz. Seis Cuentos Musicales es, de hecho, el proyecto de fin de carrera que el baterista presentó inspirándose en los Cuentos Morales de Rohmer (de ahí el título) que fue cualificado con un merecido excelente. Por supuesto, excelente lo es en cuanto al trabajo rítmico, mientras piano y saxo se reparten el peso melódico. Arropado por un trío de músicos de solvencia que se van turnando entre sí –Iñaki Sandoval y Albert Marquès (piano), Miguel Fernández y Jon Robles (saxo), David Mengual y Marc Cuevas (contrabajo)–, este docente del Conservatorio del Liceo, el Pablo Sarasate y el Berklee School se estrena en solitario tras sus colaboraciones con Miguel Fernández, Benito Malasangre, De Diego Brothers, Giulia Valle, Marc Miralta, Joan Albert Amargós y el exitoso musical Annie en el Teatro Apolo de Madrid, entre otras muchas intervenciones como músico de sesión. Grabado el pasado verano en Barcelona, Del Val reúne las piezas que compuso –con excepción de la última, escrita por Miguel Fernández– basándose en el citado ciclo del director francés, quien confirió las seis películas como si se tratara de una serie de variaciones sobre un mismo tema (el triángulo amoroso, la represión del deseo, la ocultación y la mentira, la voz en off como primordial recurso narrativo). La especial aportación –a cargo de Glòria Salvadó– de un texto introductorio al lenguaje cinematográfico de Rohmer ayuda a comprender mejor la idea general que subyace en el concepto del disco, destacándose así los detalles que particularizan cada uno de los cortes: los flirteos con la bossa (para lo cual la sedosa voz de Sabina Witt resulta esencial), el schoenbergiano preludio de Albert Marquès secundando la rapsodia de Gwénaëlle Le Gall, la sugerente manera de expresar lo que pasa por la mente de los protagonistas, los susurros y murmullos inquietantes del relato de Suzanne… En poco menos de 40 minutos, Del Val condensa todo un universo que a Rohmer le exige tanto metraje hablado. www.gonzalodelval.es // Iván Sánchez Moreno