Cinco Noches Flamencas

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Cinco Noches Flamencas
Del 26 al 30 de octubre, Teatro Fernán Gómez, Madrid

Enrique de Melchor
Imprescindible referencia de la guitarra flamenca con dinastía, Enrique heredó de su padre, el gran Melchor de Marchena, la maestría en el acompañamiento al cante. No en vano debuta a los 15 años en el sonado tablao de Manolo Carcacol “Los Canasteros”, donde ya trabajaba su progenitor. Con 18 años le es concedido el Premio Nacional de la Cátedra de Flamencología de Jerez.  Acompaña durante dos años a Paco de Lucía, aparte de ser solicitado por los mejores cantaores para grabaciones y de no abandonar su faceta de guitarrista de concierto.

Enrique se presentó en Madrid aquejado de un fuerte dolor de espalda, cuestión bastante incómoda si tu oficio es el de guitarrista, pero con buen ánimo transformó la noche en una fiesta, amén de reencuentro con grandes amigos. El repertorio que presentó, muy manejable para todo tipo de públicos, resultó muy adecuado para que Enrique mostrara la apertura de su visión musical, igual de presente en su obra que la 5-noches-flamencas-picortodoxia de sus raíces. En el espectáculo desarrolló un recorrido biográfico por diferentes motivos de su carrera como solista y también de acompañamiento al cante y al baile. En este último ámbito destacó también con propio brillo la joven bailaora Prado Jiménez, tanto en unas alegrías difíciles de ejecutar con un cante mal llevado, como en el cierre festero por bulerías. Acompañaron al maestro un nutrido grupo en el que destacaron  la flauta de Juan Parrilla y el toque  de Antonio Reyes, que tubo que bregar en los últimos temas con sólo cinco cuerdas. Para finalizar la noche, Rafael Riqueni, llamado por Enrique que conocía de su presencia entre el público, protagonizó un emotivo fin de fiesta en la noche que este ciclo dedicaba a la sonanta.

El Lebrijano
Juan Peña “El Lebrijano” es sin duda una de esas figuras que han contribuido a traer nuevos aires al flamenco más puro. Perteneciente a la familia de los Perrate e influenciado en su primera etapa por los rumbos Mairenistas, comenzó acto seguido y como dicen los flamencos, a meter “sus cositas”. Así protagonizó discos y espectáculos memorables donde se abrazaban muestras teatrales en clave de flamenco como Persecución (1976) que narra la agonía racial de los gitanos perseguidos desde los tiempos de Isabel la Católica, Reencuentro (1983) o Tierra (1992). En su disco Encuentros inicia su relación con la Orquesta Andalusí de Tánger, vía que no abandonará y a la que acudirá en posteriores trabajos como Puertas abiertas o Casablanca, espectáculo que presentaba en el Teatro Fernán Gómez.

Su voz ya no es la de antes, él mismo lo compartía con el público no sin cierto eco de nostalgia mientras algunas voces le contestaban: ¡Maestro, que grande eres! Ambas cosas son ciertas. Las numerosas intervenciones quirúrgicas que le han obligado a retirarse varias veces pasan factura. Aún así pudimos ver y sentir sobre el escenario algo que a veces olvidan las nuevas generaciones: la emoción. Juan Peña se entrega a la interpretación de cada frase y cada respiro busca el límite de lo imposible. Acompañado a la familiar guitarra de su sobrino Pedro Peña, destacaron también en la actuación la sección alauita integrada por Faiçal Kourrich al violín, Josef Boud a la darbuka y Redouane Kourrich al teclado y a la voz que en ocasiones dialogaba con la del Lebrijano. En clave árabe llegó la despedida y un entregado público cantado “habibi’s” pusieron el broche final de las cinco noches flamencas que al final quedaron en cuatro con la caída del cartel de Carmen Flores. | www.teatrofernangomez.com | Antonio Aguirre

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