Filastine

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Filastine
“Soy un radical que se expresa a través de la música”

Aunque reside en Barcelona desde hace años, Grey Filastine no es todavía un artista bien conocido entre nosotros. Enmarcado en la corriente del global bass y vinculado a los movimientos sociales alternativos, su propuesta parte de una música electrónica áspera que se cruza con grabaciones de campo, instrumentos acústicos (entre ellos, un carro metálico como los que encontramos en los supermercados) y la voz de la rapera indonesia Nova. El proyecto creativo de Filastine se complementa con unas proyecciones con las que, en sus propias palabras, “intento transmitir un mensaje crítico sobre la situación socio-política actual, pero sin ofrecer instrucciones explícitas. Prefiero dejar una sensación vaga entre les personas, que las invite a plantearse cosas, antes que lanzar un pensamiento articulado. Siempre activo, recientemente ha publicado el ep Aphasia (Post World Industries, 2014), que le ha servido para presentar su nuevo espectáculo en vivo, incluyendo una renovada versión del software casero con el que manipula y sincroniza música e imágenes.

Empecemos por el principio. ¿Cómo arrancó este proyecto musical?
Fue por necesidad. Yo quería escuchar una nueva música electrónica que reflejara las complejidades, los enfrentamientos y los mashups de la cultura urbana de nuestra época. Y decidí crearla yo mismo. El actual formato de Filastine también responde a mi proyecto anterior, una banda de veinticinco personas llamada Infernal Noise Brigade. Era tan condenadamente grande que decidí hacer un proyecto más ágil, basado en el nomadismo y la fluidez.

¿De dónde surge el nombre?
Es la ortografía fonética de la palabra inglesa “phillistine”, un insulto para alguien que es bárbaro o inculto. Es un término que procede del Antiguo Testamento, cargado de prejuicios hacia los antiguos pueblos de Palestina. La mayoría de la gente no conoce la palabra.

¿Qué experiencia musical tienes?
No soy un músico que, en un momento de su trayectoria, se ha radicalizado, soy un radical que se expresa a través de la música. Pero no tengo ningún tipo de formación. Todo lo que sé sobre ritmo lo he aprendido en la calle, con bandas del carnaval de Rio de Janeiro o con músicos tradicionales en el Marruecos rural. Y mis conocimientos de producción, programación y grabación llegan de la experimentación con las máquinas.

Unas máquinas con las que manipulas tu música, pero también esos vídeos que son parte imprescindible de tu proyecto. ¿Una imagen potente es más fuerte que el mejor de los discursos?
Utilizar vídeos me resulta muy útil porque me permite superar las barreres del idioma. Por ejemplo, es cierto que, a través de unas letras muy explícitas, podría criticar al Gran Hermano y al estado de vigilancia policial en que vivimos. Pero me parece más práctico e interesante hacer visibles filmaciones de circuitos cerrados de televisión, de satélites, de escaners… De esta forma intento que la gente sea consciente de las redes invisibles de control social que nos rodean por todas partes. Y así lo trabajo siempre todo.

Filastine VDesde hace tiempo resides en Barcelona, aunque pasas buena parte del año de un lado para otro. ¿Qué supone el viaje para ti?
Viajar no es una meta, es el método. Frente al viaje turístico sin ningún objetivo, mi obra artística necesita siempre la colaboración y la investigación más allá de las fronteras políticas. Así que para mí es fundamental cruzarlas tanto como puedo y situar mi casa en cualquier lugar, que significa en todas partes.

¿Qué tipo de lugares te atraen especialmente?
Uf, esa pregunta necesita una respuesta muy larga. Por un lado están los lugares habituales, como Nueva York, París o Tokyo. Pero me gusta hacer un esfuerzo por salir de ellos y crear mis propias rutas, desde Siberia hasta Borneo, pasando por Túnez. Compartir mi trabajo en estos lugares no es muy rentable, pero tal vez tenga cierto efecto en la escena musical local y, sobre todo, me aporta buenos amigos y experiencias inolvidables. Por otro lado, estar de pronto en una ciudad extraña, caótica y masiva, donde nadie te conoce, o en grandes espacios vacíos, como el desierto o la tundra, sitúa tus problemas, tus ambiciones y tus pequeños dramas cotidianos en su auténtica perspectiva, que es minúscula.

Aunque trabajas desde la electrónica, tengo la sensación que tus gustos musicales son muy amplios.
Sí, es verdad. Tengo unos hábitos de escucha esquizofrénicos, podemos decir que siento una necesidad constante de renovar la banda sonora que me acompaña. Hay semanas que sólo escucho música de las películas de Bollywood de los años 1950, a veces me sumerjo en el moombahton o el dubstep como si no existiera otra cosa, en ocasiones regreso a los grandes de la psicodelia turca y con ellos me quedo durante días… Sí, lo sé, es de locos.

Explícanos el proceso que sigues para escribir y grabar una canción.
A menudo tengo un ritmo o una melodía en mi cabeza durante unos días que, lentamente, va tomando forma. Esta idea musical viene acompañada, casi siempre, de un color o un paisaje que funcionan como símbolos y que utilizo para encapsular el sentimiento. La parte más complicada aparece cuando toca concretar todo este mejunje a través de la tecnología, sea un programa de composición (utilizo Ableton Live), diferentes tipos de controladores de hardware y también teclados. Finalmente, para incluir voces, cuerdas o instrumentos de viento trabajo con otros músicos. En todos los casos, mi música se impregna siempre del lugar en el que me encuentro. Cada nota, cada ritmo y cada ruido transmite información de lo que sucede a mi alrededor durante la composición.

¿Qué prefieres: escenario o estudio?
Depende del estudio, aunque la mayoría son deprimentes por culpa de ese concepto de santuario sin ventanas dedicado al culto de la tecnología. Yo trato de llevar la maquinaria al exterior y por eso grabo en contextos inusuales, como bosques, fábricas, la calle… También hago un montón de edición en trenes o tejados. Algunos de estos lugares pueden ser sorprendentemente inspiradores. Pero, desde luego, prefiero el escenario a trabajar aislado. Compartir el arte es lo máximo.

¿Qué opinas de las nuevas tendencias de la música electrónica?
Creo que es un momento muy especial para estar trabajando en la escena, están sucediendo muchas cosas emocionantes. Poco a poco estamos escapando de la larga sombra de la hegemonía del 4/4 para explorar nuevas ideas. El único obstáculo es el problema perenne de la cultura de la fama, con toda la publicidad (y sus recursos) vinculada a unos pocos nombres y estilos.

Eres crítico, entonces, con una de las caras de la cultura de la música electrónica.
Lo soy, sin duda. Podría hacer una larga lista de cosas que no me gustan, pero me conformo con esta corta.
1 / Obscenidad. Cuando una fiesta o un artista no parece nada más que un plan de negocios bien disimulado.
2 / Frivolidad. Aunque su hábitat natural es el club nocturno, la cultura de la música electrónica tiene que aspirar a algo más significativo que ser la banda sonora del hedonismo y la evasión.
3 / Velocidad. Como forma de arte futurista, la cultura de la música digital está enamorada de la velocidad y obsesionada con la novedad. Vamos a reducir la velocidad para crear obras profundas y detalladas.
4 / Exclusividad. Debemos excluir esta palabra de nuestro vocabulario. Basta de la fascinación por los white labels, los temas exclusivos y la cultura vip.

Y ya la última. ¿Planes de futuro?
Me gustaría convertir un buque portacontenedores en una república pirata flotante para vivir la experiencia de una organización anarquista que sobreviviría moviéndose entre los márgenes de las leyes mundiales. Este es mi plan de retiro. ¿Os interesa?  www.filastine.com | Relacionados | Jordi Urpi