Festival Med 2017

Festival Med 2017
Loulé, Portugal.

9 escenarios (3 de ellos principales) y 21 nacionalidades diferentes para 55 conciertos que han hecho vibrar al público que este año ha abarrotado las preciosas y empedradas calles del centro histórico de esta bella ciudad portuguesa, Loulé.

La edición número 14 del Festival Med comenzaba para nosotros con el conocimiento de la cancelación del concierto de Rachid Taha, debido a una enfermedad. Mala noticia para empezar la jornada del jueves en la que el cantante argelino era una de las grandes propuestas. Contratiempo por otra parte que no hizo que nuestras ganas e ilusiones de vivir un año más un Med fabuloso disminuyeran ni un ápice. Así pues este jueves lo primero que disfrutamos ya en el recinto fue la actuación de la cantante Ana Moura, uno de los grandes nombres del fado en esta edición. Posteriormente Marta Ren & the Groovelvets nos conquistaron gracias a la portentosa voz de ella y esa sección de vientos simplemente apabullante. Para el recuerdo los bailes que se marcó Marta. Y tras el grupo portugués llegó el plato fuerte de la primera de las noches del festival. Desde Benín aterrizaron la Orchestre Poly-Rhythmo de Cotonou, una formación que nos deleitó con su highlife, soukous, rumba congolesa y hasta ciertos toques de afrobeat. Nota curiosa fue la “pelea” que mantuvieron dos de sus cantantes en algunos momentos del concierto que, aunque yo creo que era parte del espectáculo, puro teatro, hay quien me llegó a decir que era real como la vida misma. Mientras, en el Castillo la liaba bien la cubana La Dame Blanche, una rapera atrevida y sin pelos en la lengua que supo conquistar a los presentes a base de conjugar a la perfección los ritmos urbanos del hiphop con los sones tradicionales de su país como el son, la rumba, la salsa o el mambo. “No se olviden de la dama blanca” repitió en más de una ocasión entre canción y canción para que la tuviéramos presente de aquí en adelante. Y para ponerle la guinda a su actuación, en el último tema que interpretó permitió que un nutrido grupo de espectadores se subieran al escenario para compartir con ella este momento mágico… y un buen baile que se marcaron los que tuvieron la suerte de estar en primera fila y poder acceder a tan llamativo acontecimiento. Y despedimos la noche con el grupo que la organización había seleccionado para sustituir a Rachid Taha. Se trataba de los djs portugueses Octa Push, quienes no consiguieron caldear el frío ambiente que había en el escenario Cerca, debido al poco público asistente en ese momento y a las gélidas temperaturas que nos estaban acompañando durante toda la jornada. Lo mejor era regresar a nuestros aposentos a entrar en calor, descansar y coger fuerzas para lo que nos quedaba por disfrutar.
El viernes comenzamos desde Cabo Verde con la cantante Lura, a quien ya habíamos visto con anterioridad en otro festival, y que sabíamos que no nos iba a defraudar, porque realmente su música es pura vitalidad. Imposible no bailar a los sones de los grandes temas de su último trabajo discográfico, Herança. Un gran concierto para empezar un viernes que continuábamos con otro de los grandes nombres de esta edición. Rodrigo Leão, un genio más allá de toda duda. Prueba de ello es que dos de los grupos de más renombre de Portugal han sido creados por él. Estamos hablando evidentemente de Madredeus y Sétima Legião. Además de otros muchos proyectos con bastante éxito. En esta ocasión, el músico y compositor portugués no sólo tocó los teclados (es pianista) sino que nos sorprendió tocando la guitarra eléctrica. Una novedad para nosotros. Seguidamente nos pasamos un rato por el concierto de los también portugueses Oquestrada, grupo que precisamente bebe de las fuentes de bandas como Madredeus. Poco tiempo estuvimos viéndoles puesto que en el escenario Cerca hacían su aparición los italianos Canzoniere Grecanico Salentino, el concierto de la noche sin duda alguna. Absolutamente genial esta banda que interpretan de manera extraordinaria las músicas tradicionales de su tierra natal, el Salento: pizzica y tarantella en una suerte de orgía musical en el que el ritmo se te mete en el cuerpo, te llega hasta el tuétano, hasta lo más profundo, y no puedes dejar de moverte. Excelente. Tanto nos gustó que vimos el concierto entero y ya decidimos no movernos porque cerraba ese escenario Bnegão desde Brasil. Y el tiempo que tuvimos entre uno y otro lo aprovechamos para reponer fuerzas y cenar en la zona habilitada para prensa. La también esperada actuación de los brasileños estuvo ensombrecida, nunca mejor dicho, por la pésima calidad de la iluminación existente durante su actuación que provocaba que su cantante, la mayor parte del tiempo, permaneciera en sombra, por lo que no se le podía ver, en el caso del público, ni fotografiar, en el caso nuestro y de nuestros colegas fotógrafos. Una pena, porque un detalle así puede llegar a arruinar un concierto, puesto que no solo se va a un evento de estas características a oír música, sino también a ver a los artistas. En cuanto a la parcela musical, Bnegão & Seletores de Frequência no defraudó a nadie e impuso su ley a base de rap mezclado magistralmente con funk brasileño. La banda sabe lo que hace y Bnegão estuvo sobresaliente. Y para terminar la noche, en el palco principal, montaba su espectáculo el artista marroquí Hatim Belyamani, H.A.T., con una mezcla de músicas del mundo sacada de vídeos que los va proyectando en una pantalla gigante que tiene detrás. Es una propuesta muy interesante, puesto que no solo oyes músicas “raras” sino que además tienes la oportunidad de ver las imágenes de los grupos que tocan esos “loops” o cortes que va soltando y mezclando.

Y la última jornada, la del sábado, comenzó con el que para mí era el concierto de esta edición número catorce del Festival Med. Niyaz. Este dúo procedente de Irán y Estados Unidos mezclan a la perfección sonidos sufíes con músicas electrónicas, además de darle un componente místico a su actuación. Azam Ali, la cantante, pronto conquistó el corazón del público al decir que ella no hablaba portugués pero que la música es un lenguaje que sale del corazón y del alma, hecha de ellos para los asistentes. Y una ovación cerrada resonó en el recinto. Los allí presentes estaban (estábamos) bastante entregados a la magia del grupo y tal era la unión entre ambas partes del espectáculo, que más de una vez la propia Azam iba uno a uno a abrazar y besar a sus compañeros puesto que la satisfacción que estaban sintiendo en ese momento era plena. Y una vez más Azam llegaba a los presentes al comentar que le había gustado mucho el vino portugués o cuando expresó que “las músicas no son cuestión de cultura, sino de humanidad”. Todo era perfecto. Increíble la atmósfera que consiguieron Niyaz en su espectáculo. Realmente fue el gran concierto del festival. Tan es así que no solo tocaron un bis, que estaría programado, sino que los organizadores les permitieron tocar un segundo bis, algo inusual en este festival, que cumple a rajatabla con sus horarios (salvo algunas excepciones de las que hemos sido testigos, como cuando se retrasó el concierto de Balkan Beat Box porque el grupo no había llegado a tiempo a Loulé o cuando Antònio Zambujo tuvo que retrasar su actuación en 2016 porque en ese momento la selección portuguesa de fútbol estaba jugándose el pase a la semifinal en la Eurocopa celebrada en Francia, que precisamente terminó ganando Portugal ante la anfitriona). Con la piel de gallina todavía por lo vivido nos fuimos a ver a Fabia Rebordão, una de las grandes del nuevo fado portugués. Y no es para menos porque Fabia tiene una asombrosa voz lo que le permite jugar con los estilos musicales que aborda en sus temas, ya que al fado le añade de manera magistral otros estilos como la bossa nova o el jazz. Y para rematar el festival nos quedaban por disfrutar dos propuestas interesantísimas. Por un lado, Che Sudaka, en el escenario principal. Con un estilo muy cercano a Manu Chao (no obstante el productor de alguno de sus discos es Gambeat, guitarrista del propio Manu Chao), estos “sudakas” afincados en España hicieron que el público se terminara de desgastar por completo, entregando las pocas fuerzas que les quedaban. Casi sin tregua iban desgranando uno a uno los temas más bailables de su amplio repertorio, con mención especial a la que más me gusta a mí, esa Sin Papeles de su disco de debut Trippi Town, de 2003. Y las ya casi inexistentes energías de las que disponíamos nos la fundimos viendo otra de las maravillas de este año del Med. Desde Rumanía la Fanfare Ciocarlia vinieron para ponerlo todo patas arriba con su virtuosismo y su rapidez a la hora de interpretar sus instrumentos. Como broche del festival no estuvo nada mal, es más, fue excelente. Aunque tendría que poner un “pero”. Es la segunda vez que veo en directo a esta banda, y en ambas ocasiones han tocado todos sus grandes éxitos, que ponen a danzar al público, pero, inexplicablemente, ninguna de las dos veces han tocado la majestuosa versión que hacen del famosísimo tema Moliendo Café. Incomprensible para mí. A pesar de este pequeño disgusto, el público quedó más que satisfecho, ya que el concierto resultó fabuloso, acorde a las expectativas creadas. Y sin ganas de ver la última actuación del escenario principal y broche final al festival, nos dejamos aconsejar por un amigo que nos recomendó pasarnos por uno de los escenarios menores, el Palco Bica, para ver a Caribe Ibérico Dj All Stars, tres djs que nos dejaron un sensacional sabor de boca como cierre de la decimocuarta edición del Festival Med.

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