Festival Internacional Circ Ciutat de Figueres

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Festival Internacional Circ Ciutat de Figueres

Gran carpa recinto ferial. Del 20 al 24 de febrero de 2014

A muchos jóvenes, y no tan jóvenes, cuando piensan en un espectáculo circense, inmediatamente les viene a la mente el Cirque du Soleil y su estética, más teatral que puramente de circo. Los que hemos vivido aquellos espectáculos que llegaban a Barcelona y a otros lugares del país en los que se podían ver, uno tras otro, sin introducciones oníricas y teatrales, aunque puedan ser muy bellas, números de circo dentro de la ortodoxia tradicional, con todas las innovaciones y novedades que se quieran, recuperamos esa sensación de circo en estado puro, de pista y carpa, que es lo que nos ofreció el Festival Internacional de Circ de la Ciutat de Figueres.

Desde el mismo momento de acceder a la primera de las dos carpas, que estaban montadas de forma consecutiva, ya nos inmergíamos en ese mundo mágico del más difícil todavía. Un espacio con un bar central y, a su alrededor, lugares de venta de figuras de papel maché con personajes circenses; de camisetas y otros recuerdos; de libros, con gran cantidad de títulos referentes al tema, además del programa del Festival, realmente un volumen editado lujosamente, con fotos y comentarios de todos y cada uno de los artistas, imágenes de las otras ediciones, con carteles de circo, algunos legendarios, y a un precio más que asequible; las eternas palomitas; una zona de bar…; y anexo al mismo un espacio de restauración decorada de forma mágica, con luces azuladas y globos presidiendo las mesas. Hasta los empleados que atendían al público, con sus vestimentas y su actitud, estaban a la altura de lo comentado.

Y si la entrada ya nos transportaba al circo de verdad, cuando accedías a la segunda carpa a través del túnel que la unía a la precedente, encontrabas unas gradas colocadas alrededor de una pista de aquellas formadas por unos cajones que se cierran en círculo rodeando el espacio dedicado a las actuaciones de los artistas.

Desde ese momento, lo que mandaba era el gusto de cada espectador: Si te gustan los números de acrobacia, los de trapecio, los de fuerza, los de funambulismo, los payasos,… allí encontrabas representantes de las diferentes especialidades, todos ellos de una categoría mayúscula. No citaremos aquí los 24 espectáculos que se pudieron ver, repartidos en dos grupos distintos. Vamos a nombrar, sabiendo lo injusto que puede ser, a aquellos que, finalmente, se llevaron los premios del jurado internacional, en las distintas categorías.

CircFigueresLos tres premios principales, los Elefantes de Oro, que recibían una reproducción de la famosa escultura inspirada en un elefante de Salvador Dalí, fueron el malabarista chino Kai Cao, que combinaba el control de hasta ocho pelotas rebotando en el suelo con el claqué-tap dance; la compañía Flag Circus, otro grupo de malabaristas, nuevamente procedentes de China que ofrecían su espectáculo jugando con sus diábolos, mientras bailaban y se movían frenéticamente por la pista; y también desde Asia, el National Circus of Pyongyang que combinaban la balanza rusa, una especie de plataforma con movimiento de columpio, con la barra fija, logrando con esta conjunción una espectacularidad que, en muchos momentos, dejaban a los espectadores con un ¡ay! en la boca, especialmente en los saltos, llegando a hacer hasta cinco mortales seguidos. El grupo de Corea del Norte partía como favorito y así lo demostró, siendo ganador, además, del premio del público.

Los Elefantes de Plata fueron para los pulsadores brasileños Olimpo’s Brothers, con sus ejercicios de fuerza, realmente sorprendentes; la vietnamita Trinh Trá My, con las telas aéreas junto al equilibrio de sables, combinando la fuerza necesaria para aguantar con su boca y mantener el equilibrio de un pequeño cuchillo que, a su vez soportaba un sable rematado por una bandeja con copas, mientras evolucionaba en el aire sostenida por las telas que pendían del techo de la carpa; y la rusa Tatiana Ozhiganova, volando en las cintas aéreas, mientras tocaba la concertina, todo ello con una naturalidad que escondía el tremendo esfuerzo que conllevaba su número.

La jovencísima contorsionista americana de 16 años, Jordan McKnight, considerada una de las cuatro mejores del mundo, asombraba con sus posturas imposibles que incluso llegaban a hacer que te doliera el cuerpo contemplando esa flexibilidad imposible; el dúo Ming & Alexia, chino él, estadounidense ella, con su espectáculo de cintas aéreas, coreografiado como una bonita historia de amor, donde, con una simplicidad aparente, se enfrentaban a retos de equilibrio y fuerza realmente sorprendentes; y la Yunnan Acrobatic Troupe de China, una de las atracciones más numerosas, con sus dieciséis miembros combinando la cama elástica con los mástiles colocados a su alrededor, aunando los saltos, con las subidas y bajadas vertiginosas por aquellos, en un espectáculo sin ningún tipo de concesiones ni descanso; fueron los premiados con los Elefantes de Bronce.

Dos premios más, el del Jurado de la Crítica para el payaso Pastelito, procedente de Chile, un cómico que interactúa constantemente con el público; y el premio de la Imagen, para la también jovencísima chilena Catalina Palma, que, con quince años, presentaba un espectáculo de contorsionismo sobre bastones donde unía las posturas casi imposibles y el equilibrio, con unos resultados estéticos que le proporcionaron este premio, por la belleza de su propuesta.

Hemos citado aquí a estas compañías, fundamentalmente para hacernos eco de las decisiones del jurado internacional, formado por 15 expertos del mundo del circo, de diferentes ámbitos, que concedió los premios. Unos premios que, en el fondo, realmente tampoco tenían tanta importancia, para los espectadores, me refiero, que no iban al Festival para ver quien se llevaba tal o tal otro galardón. Lo verdaderamente importante era ver a los 75 artistas de 14 países diferentes, que llegaban por primera vez a un festival europeo; con sus números absolutamente espectaculares; con sus mejores galas; con su presencia física cuidada al máximo; con toques de modernidad, pero dentro de las disciplinas tradicionales del circo; con un entusiasmo contagioso; en unas representaciones que duraban, cada una de ellas, dos horas y media, con un intermedio donde podías ver y hablar con los artistas que estaban ubicados en la carpa de entrada, donde, si querías, también te firmaban el programa; y que, como he dicho, te acercaban a la magia de un espectáculo que, su complejidad y coste, por qué no decirlo, hacen que sea muy difícil poderlo disfrutar normalmente.

Punto y aparte merecen dos aspectos fundamentales en este tipo de representaciones, resueltos aquí de forma espléndida: la ambientación musical y el presentador. La Orquestra Camino D’Angelo, proveniente de Francia, con sus once miembros, más el director, que le da nombre, demostrando su gran calidad, fueron el contrapunto indispensable para los artistas que evolucionaban en la pista, con aquellos redobles en los momentos más emocionantes y aquellos acordes grandiosos, al final de los ejercicios, subrayados por los aplausos de los espectadores. Genís Matabosch no solo era el presentador de las galas, apareciendo sorpresivamente en diferentes lugares de la carpa mientras anunciaba cada uno de los números, y luciendo esos preciosos trajes que todo buen presentador ha de lucir, sino que es, en realidad el alma mater del Festival, porque preside la Circus Art Foundation, con sede en Figueras, organizadora absoluta de este evento, que en su tercera edición ha contado con el apoyo de cerca de 150 empresas y entidades.

Una tercera edición del Festival Internacional del Circ Ciutat de Figueres que, en los tiempos que corren, parece casi imposible que se pudiese celebrar de esa manera tan exuberante, aunque la asistencia del público (95% de ocupación: entre las 14 representaciones, 28.146 espectadores, el doble de la primera edición), la gran difusión a través de los medios, y la cuidada organización, así como el apoyo de instituciones y particulares, lo ha permitido; haciendo que los más jóvenes descubran un espectáculo con pocas posibilidades de ver con estos niveles de calidad; que se despierten una serie de recuerdos en aquellos que pudimos asistir al Circo, con mayúsculas, cuando era algo más habitual en nuestro país; y que muchos de los asistentes estén esperando esa cuarta edición que los organizadores ya han anunciado. + Info | Relacionados | Federico Francesch | DESAFINADO RADIO