Festival Grec: Vinicio Capossela


Festival Grec: Vinicio Capossela

Teatre Grec. Barcelona 10 de julio de 2017

Una tarántula se iba moviendo entre el público imperceptiblemente. Iba inoculando con pequeñas dosis de veneno a los espectadores, de forma sigilosa. Estos casi no lo notaban. Pero el resultado fue evidente cuando, en las últimas canciones que Vinicio Capossela ofreció el músico como despedida, todo el mundo bailaba, o coreaba, o hacía palmas siguiendo el ritmo de la tarantela.

Vinicio Capossela es de aquellos artistas que en sus actuaciones, en su carrera artística, su música trasciende más allá de lo que ella misma es. Sus canciones, su actitud en el escenario, sus acompañantes, forman un verdadero espectáculo, lejos del tradicional concierto de publico sentado y disfrutando de forma receptivo-pasiva. No sé si el Teatre Grec era el mejor lugar para disfrutarlo. Si la noche es apacible, el entorno es agradable. El escenario es resultón. El sonido, no es desastroso en general —no empezó muy bien, pero se fue corrigiendo poco a poco—. Pero las sillas, las estimadas sillas de plástico en las que después de una hora de concierto no sabes cómo colocarte, a las que has llegado, por cierto, después de una pequeña excursión alpina, no eran, pienso, el mejor lugar para escuchar y, ¿cómo no?, moverse al ritmo que nos marcaba el cantante. Hace unos dos años, lo pudimos ver en el Auditori de Girona e, igual que aquí, asistir al espectáculo de la gente intentando bailar entre las butacas del teatro, fue toda un experiencia.

Con Vinicio Capossela nunca estás seguro de lo que vas a ver. Eso es para mí uno de sus mayores alicientes. La frase: “Suena igual que en el disco”, la considero casi un insulto para el artista que tenga intenciones creativas. Y creatividad es lo que no le falta a este músico. Se presentaba junto a dos trompetistas vestidos de mariachis, además de su banda habitual, para presentarnos su nuevo trabajo, Canzoni della cupa, que se publicará en breve, dedicado a la tierra de sus padres, el sur de Italia. Un trabajo formado por dos discos, Polvera i Ombra, viajando por las músicas de sus antecesores hasta llegar al folclore en el sentido geográfico más amplio. Por ello, en la segunda parte del disco han colaborado con él músicos como Calexico, Flaco Jiménez, Los Lobos, o la italiana Giovanna Marini. Pero puede que eso, con todos los respetos, fuera lo de menos.

Su energía, que transmitía un repertorio en los que comenzó con  los temas nuevos para acabar con los clásicos del autor, incluyendo su especial versión del La canción de las simples cosas, como homenaje, como él mismo lo presenta, a Chavela Vargas; su cambio de sombreros y de instrumentos, que le ponían en situación —también al público—, sobre lo que iba a cantar; y su dominio del escenario que, a pesar de la enormidad del mismo, casi se le quedaba pequeño, nos transportaba, en un viaje mágico donde el vehículo que dominaba, la música —potenciada por los textos—, aceleraba o frenaba, se hacía potente o sutil, según las decisiones que adoptaba su conductor, Vinicio Capossela, trasladándonos a un mundo de sensaciones.

«Este es un concierto campero, pero igualmente cantinero y fronterizo». Con estas palabras presentaba su actuación Vinicio Capossela, este artista renacentista del siglo XXI, cantautor, compositor, multiinstrumentista, poeta, escritor, ilusionista y hombre espectáculo. Tras el tema Femmine, que el calificó, con su forma especial de explicar las cosas, como dedicado a la recogida de tabaco; una música repetitiva que nos acercaba al blues sahariano, especialmente por la intervención del guitarrista español Víctor Herrero que, igual que él, iría cambiando, si no de aspecto, sí los sonidos de su guitarra a lo largo de la noche; iban llegando los otros temas de Canzoni della cupa: Padrona mia, un tema de amor a su estilo, donde el acordeón que tocaba en este caso el cantante, junto a las trompetas que le acompañaban, ofrecía uno de los momentos más cercano a los corridos, de la noche. Después de Zompa la Rondinelle, con un aire a lo Johnny  Cash, como él decía; llegaba L’acqua chiara alla fontana: «Una canción de nobleza caballeresca, trovadoresca, habla de una propuesta de contemplar la belleza por treinta dineros», la calificaba el intérprete, con un ritmo pegadizo que arrancó las palmas de los asistentes de forma inmediata, mientras cantaba esa historia de humor sensual.

Y así iban llegando Componidori: «Un tema con orígenes españoles a la sorrentina», decía; Nachecici, una adaptación de Il Maccheroni de Mateo Salvatore: «El cantor que cantó las grandes desigualdades del mundo rural, nuestro Bob Dylan», decía Vinicio Capossela al presentarlo, reafirmando esta idea al introducir una melodía del cantante americano en medio del tema. Seguía con Pettarossa: «Una canción melódicamente muy simple y conceptualmente también, del pueblito de Calitri de donde vienen muchas de estas canciones, porque como decía Dalí, en lo ultra local está lo ultra universal. Existe allí un tipo de serenata no amorosa, desamorosa, […] uno va bajo la ventana y dice…» comentaba, de un tema que empieza “Pettarossa la puttanazza…”. En Lo sposalizio de Maloservicio, nos presentaba una ajetreada noche de bodas, a un ritmo frenético, con una letra casi imposibles de poder articular, como ya pasaba con el tema anterior.

Llegaba entonces Il treno, con un tratamiento de música de espagueti western, mezclado, por momentos, con aires napolitanos, como una metáfora del progreso que se ha llevado las tradiciones consigo y ha traído una nueva forma de vida más inhumana, más lejos de los orígenes. Y el tren se llevaba los temas de Canzoni della cupa, para empezar un repaso de los temas de otros trabajos, empezando con Signora Luna, correspondiente a su disco Canzone a manovella, pero eso sí, manteniendo ese aire folclórico, que nos estaba ofreciendo durante toda la noche. Llegaba un tema emblemático, Ultimo amore, de su álbum Modi de 1991, una canción de amor con aires latinos, la más longeva de la noche. Seguía Con una rosa, otra de sus más famosas canciones de amor. Luego una canción de amor y pena, como dijo, Pena de l’alma.

Y después de este episodio de canciones románticas de amor, de corte melancólico y pausado, llegaba, sin dejar la temática amorosa, Che cosa e l’amor, uno de sus temas de siempre desde el 1994, que era coreado por el público que ya empezaba a levantarse de los asientos empujado por el propio ritmo del tema —y por el veneno de la tarántula que ya estaba haciendo efecto—, que él finalizó con unos acordes de Bésame mucho. Luego, Marajà, con el misterioso theremin en las manos de Vicenzo Vasi, y su ritmo contagioso. Seguido de L’uomo vivo (Inno al Gioia), un tema que siempre que interpreta se convierte en una fiesta, como aquí ocurrió. Tras una intervención del percusionista Giusseppe Leone, llegaba la taranta con Il ballo di San Vito, con el que acababa, oficialmente, el concierto, con un público entregado y cercano al paroxismo, como el propio Vinicio Capossela hincado de rodillas en medio de la escena.

Pero era entonces el momento especial de la noche, con Vinicio Capossela al piano interpretando, primero, La canción de las simples cosas, un tema que, como explicaba, conoció en un local de Barcelona hace muchos años y se convirtió en una obsesión suya, debiendo traducirla al italiano para poderla cantar él: «Porque nunca la podría cantar como la cantaba Chavela Vargas».  Inmediatamente después interpretó la preciosa Ovunque proteggi, un tema lleno de lirismo, que dio título al álbum publicado en 2006. «Que el estado de gracia esté con nosotros», decía al finalizar el tema.

Fue el preludio de un final nuevamente frenético y apoteósico con Io ti amo ma ti lascio a… —al que añadió Barcelona para localizar la canción—, y que empalmó con Al Veglione, otro tema de fiesta i despedida que acaba con un: “guidate [conducid] con prudenza, buonanotte”.

Un final con un público satisfecho que, después de casi dos horas de concierto, salía del mismo con la sensación de haber llegado, a través de la música y la palabra, a ese estado de gracia que había deseado a todos Vinicio Capossela. La tarántula ya podía reposar nuevamente. + Info | Relacionado | Texto y Fotos:  Federico Francesch | DESAFINADO RADIO 

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