Fabiola Toupin Alfonso de Vilallonga Décalage

Vilallonga caratula
Temporada Alta

Teatre de Salt, 31 de octubre de 2015

Aparecía Alfonso de Vilallonga solo en la escena, al piano, dispuesto en un lateral,  con unas luces azuladas que lo iluminaban, interpretando Comme moi, la canción que hizo famosa Edith Piaf en la que nos hablaba de aquel que está esperando que llegue la persona que le ha de amar.  Aparecía Fabiola Toupin, como atraída por la llamada de la canción, y ambos se saludaban, cantando, en el centro de la escena, y entonaban juntos, al principio sin músicos, el tema de Charles Aznavour, Plus bleu que tes yeux, que acababan ya con la intervención de Pau Figueres a la guitarra, y Iannis Obiols, al piano. Así comenzaba este Décalage que se estrenaba en Temporada Alta, en el Teatre de Salt.

Vilallonga 2BEl espectáculo tenía una estructura clara y muy bien articulada: «Como nunca me han gustado los recitales, Décalage está pensado y ejecutado como un espectáculo de cabaret, con la intensidad y el voltaje vocal y emocional que esto requiere», escribía Alfonso de Vilallonga en el programa de mano. Y volviéndolo a citar, decía: «Se trata básicamente de encontrar un orden sencillo y orgánico de las canciones […] mezclando los temas de una manera lúdica y con un cierto recorrido». Temas de la chanson, más temas de él mismo, a los que se unían algunas canciones del repertorio de la cantante quebequesa, y un estreno: Décalage, por supuesto. Y esa simplicidad era lo que daba sentido a un espectáculo de factura impecable en el que lo importante era la música, los cantantes, también los acompañantes, pero que tenía, todo ello, un envoltorio especialmente cuidado, con las intervenciones habladas de ellos dos, con sus movimientos en escena, con su gestualidad expresiva, con todo el aderezo que aliñaba su recital.

Continuaban con, Toutes les choses, del disco del cantante, Things I never Told you, que cantaban ambos, junto a los músicos, él acompañándose también con el acordeón y ella con ese elemento de percusión tan típico de su tierra ―¿quién ha ido a Quebec y no se ha traído uno?― como son esas cucharillas de madera unidas por el mango que se hacen percutir sobre el cuerpo.

Luego llegó uno de los parlamentos más divertidos, un diálogo lleno de ironía, explicando que aquello era un estreno absoluto, que ella no venía de Canadá, puntualizaba, sino de Quebec, que era independentista, cosa que él aclaró que no era, aunque le gustaba el concepto, al menos desde el punto de vista musical, y acabó diciendo que su padre le dijo que en el escenario cantase y no hablase de política, pero como se había independizado… Ella anunció Les gents de mon pays, un tema de Gilles Vigneault, mientras él dijo, para enfatizar su discurso, que la acompañaría de forma independiente. Una conversación impagable, que cerraba el precioso tema que interpretó Fabiana Toupin.

Tras ella, fueron fluyendo las canciones, como una cuidada versión de Jardin d’hivern, la creación de Henry Salvador, un tema que, dijo ella, les unía, como los otros, pese a la distancia geográfica entre ellos, porque vivían, de hecho, en el mismo país, el de la música. Presentaba Alfonso de Vilallonga su tema, Si me dejas, como una contraposición canalla al famoso Ne me quitte pas, donde explica lo que le pasará a ella si le deja a él, una canción de su disco Libérame, que nos recordó a ese otro magnifico cantante como es Zenet.Vilallonga 5B

Llegaba entonces Décalage, la canción creada para el espectáculo, y que le da nombre, que, explicaron, surgió porque ellos ensayaban a través de skipe y muchas veces, por la conexión, se producía un décalage, una desincronización que convertía los ensayos en algo accidentado. De aquí la canción que cantaban juntos, él al piano, ella de espaldas a él sentada en la misma banqueta.

Je t’embrasse a l’envers de su disco Corazón lengua, que él dijo, había dedicado a una contorsionista cuando trabajaba en el circo, que cantaron ambos; y Vesoul  de Jacques Brel, una canción de un ritmo endiablado, con un texto endiablado tanto para cantar como para seguir, que Fabiana Tuopin interpretaba en solitario, con el acompañamiento del acordeón del cantante; era los temas que precedieron a un extraño maridaje entre, Que nadie sepa mi sufrir y La Foule.

Que nadie sepa mi sufrir es un vals peruano compuesto por el argentino Ángel Cabral en 1936, que en 1953 versionó el cantante argentino de tangos, Alberto Castillo y que, partiendo de esa versión, se hizo suya, como uno de sus grandes éxitos y con el título de La Foule, Edith Piaf. La gracia es esta noche, es que él la empezó a cantar en su versión original, para luego, entre los dos, llegar a la que interpretó la cantante francesa. Una de las canciones más celebradas de la noche. Y después de ese tema, Alfonso de Vilallonga sacó su lado femenino, como dijo, pintándose los labios y poniéndose un pendiente, mientras explicaba que él, si pudiera, sería mujer, muy puta y lesbiana… y nos cantó Je suis malade, un tema de Sergio Lama que hiciera famoso Dalida.

Seguia el espectáculo con el tema Amy, Amy, Amy de Amy Winehouse. La cantaban como Fabi, Fabi, Fabi, con ella en el proscenio, iluminada con un foco, mientras detrás, en la penumbra y los tres tocados con sombrero, la acompañaban los músicos.

Iban acabando el concierto con tres temas míticos de la chanson. El primero Milord, de Georges Moustaki y Marguerite Monnot, que fue coreado en su estribillo por el público; el segundo, que Fabian Toupin presentó como la más grande canción de amor que se había hecho, era L’Hymne a l’amour, del que la propia Edith Piaf hizo la letra y, nuevamente, como en el caso anterior, Marguerite Monnot, la música. Y acababan con otra canción de Jacques Brel, Une valse a mille temps, perfecto colofón a lo que sería un concierto que, por supuesto, tras los larguísimos aplausos de los espectadores puestos en pie, acabó con dos bises.

Vilallonga 1BPrimero fue una mínimal versión de Maladie d’amour, un tema del folclore de las Antillas Francesas que popularizó Henri Salvador, y que ellos interpretaron con una sensibilidad extraordinaria, para al final conseguir la complicidad del público. Después fue, como dijo él que no podía ser de otra manera, La dernière chanson, un tema que compuso para su disco Libérame, el que cerrara la actuación definitivamente.

Décalage, el recital cabaretero del que hablaba Alfonso de Vilallonga, nos ayudó a descubrir, o confirmar, varias cosas. A descubrir al pianista Iannis Obiols, del que solo teníamos noticias de sus interpretaciones musicales clásicas; a confirmar que Pau Figueres se está convirtiendo, si no lo es ya, en uno de los guitarristas de referencia del país. A descubrir, y aquí deploro mi ignorancia, a Fabiola Toupin, la excelente cantante quebequesa que habíamos visto y oído únicamente en algunas grabaciones de forma desordenada; a confirmar que Alfonso de Vilallonga es uno de los mejores músicos, independientes, del sur de Europa, tanto a nivel de interprete y showman, como de compositor, y que aunque haya recibido un Goya por la banda sonora de Blancanieves, no es, ni mucho menos, valorado como se merece. A descubrir un nuevo espectáculo del artista; a confirmar que cuando detrás de una actuación hay calidad y talento, ésta siempre funciona. La otra noche pudimos comprobar todo esto, disfrutando, además, en una de las mejores veladas musicales que uno recuerda desde hace mucho tiempo. +Info | Relacionados | Texto y Fotos: Federico Francesch | DESAFINADO RADIO