Eva Yerbabuena

EvaYerbabuena
Ciutat Flamenco 2014
Mercat de les flors, Barcelona.  22 de mayo de 2014

Como diría Caracol, “entra y sale cuando quiere, porque quiere, porque puede y porque sabe” así empezó la noche, con una elegante bailaora que salía y entraba en el circulo de un foco de luz, cuando quería y como quería, detrás de medio telón cerrado se suponía un violín (Vladimir Dimitrenco) al que se añadiría la guitarra de Paco Jarana, director y productor del espectáculo. Este ¡Ay! Que viene de triunfar por medio mundo y que abría el festival de Ciutat Flamenco de este 2014. También la percusión de Antonio Coronel iba entrando en materia. Aparece José Valencia y se establece la primera “lucha” entre cante y baile, Eva parece que no baila, sus brazos rompen el aire como cuchillos y todo su cuerpo recuerda más a una fibrosa bailadora de ballet que no a una figura del flamenco. Tiempo al tiempo. Hay que ser muy valiente para contrastar un montaje moderno con cantes como las livianas o la caña que ya no hace casi nadie. Las escenas se empalman cromáticamente con gran majestuosidad, una silla gigante inclinada sirve de excusa o escenario para desarrollar toda una ambientación genial, donde el cuerpo de Eva se desliza y profana cualquier espacio, mientras Coronel con una especie de tacos golpea en unos cantes de Levante que embellecen la sobriedad de la escena. En una tarima gigante van apareciendo alternativamente, guitarra, percusiones y alguno de los tres cantaores, bien en su faceta de cantar atrás, de palmeros o de cante en primera fila. De repente con solo añadir a su ropa unos lunares en la falda, otros en los antebrazos y una peineta, la noche se transforma y la fiesta gitana con los tres cantaores delante nos trae el flamenco mas “conocido” Dúos entre Enrique El Extremeño y Juan José Amador (para mi gusto demasiado forzados, y con un volumen exagerado) contrastaban con el baile de Eva que se desplazaba por el gran escenario susurrando aromas. Volvemos al riesgo en escena y la sobriedad de una mesa (que acabará partida por la mitad)  sirve para alojar a una Eva que hace hasta de la pasividad un arte, mientras tanto el violín y el cante de Valencia (también demasiado volumen pero muy bien templado) crean un trío de escena magistral. A José Valencia ya lo descubrí en su maravilloso  Solo Flamenco Karonte, 2012. En cambio no conocía a Dimitrenco, el violinista de Moldavia, habrá que estar atento a este músico. Al final Eva con traje de cola y un mantón con el que trabajo como un torero con su capote, cerró demostrando que puede bailar como quiere, porque sabe y porque puede. Un Mercat lleno a rebosar la aplaudió en pie durante cinco minutos. Algunos dentro de muchos años podremos decir que la vimos bailar y era única. + info | relacionados | Candido Querol