Enya

enya.jpg Enya
”And winter came…”
Warner Music UK Ltd, 2008

Enya sorprendió en los  ochenta con una especial forma de componer e interpretar sus composiciones, dejando para el imborrable recuerdo el álbum Watermark. Anteriormente había publicado y entusiasmado con la banda sonora de una serie documental de la BBC sobre los celtas, y después llegarían otros trabajos, especialmente el segundo, Shepherd Moons, que seguían profundizando en los mismos esquemas creativos, todavía con cierta novedad. Después llegarían otros hasta contabilizar ocho con este último And Winter Came.

En realidad, Enya es la imagen y la nomenclatura de un trío irlandés que ha ido creando desde el principio de su andadura. Además de Eithne N’Bhraonein (1961), nombre real de Enya, que también trabajó anteriormente en un grupo familiar Clannad, el terceto lo forman el productor Nicky Ryan y la letrista Roma Ryan. El hecho es que las tres mentes pensantes han seguido haciendo el mismo esquema musical demostrando que tienen las ideas bien claras y que no están demasiado interesados en explorar o buscar nuevos horizontes para sus temas. Quizás pensarán que para eso ya hay otras formaciones.

El nuevo trabajo de Enya sigue la misma línea de sus predecesores, aunque este parece inclinarse más hacia los temas navideños. Sin embargo, podríamos alternar las diferentes piezas de un disco a otro y no notaríamos demasiados cambios. ¿Suena bien? Por supuesto, exquisitamente, para transportarte a un lugar mágico, entre los sueños, repleto de belleza, más allá de las estrellas, o digamos directamente al mismo paraíso. Y ese parece ser, precisamente, el objetivo del triunvirato que encabeza Enya, la búsqueda de la belleza, pero sin que se cuestione el mundo que le rodea. Más bien al contrario, inventándose una belleza romántica, inalcanzable y lejana formada por bosques encantados, verdes y nevados, soldaditos de plomo y juguetes con sentimientos y vida propia, la luna, las estrellas, el candor de las velas… Este es básicamente el contenido de las canciones de este último trabajo.


La música de Enya, por su parte, sigue siendo artesanalmente perfecta, con la superposición de planos y voces, melodías y pasajes atmosféricos en donde los sintetizadores dominan la composición creando un clima de calidez marca de la casa. Pero también es verdad que esas caricias sonoras, que Enya sabe crear, mullen la audición para poder realizar cualquier otra cosa, como leer un libro o dejarse embaucar por un buen paisaje mientras se conduce. Eso sí, cuando se pone más rítmica, saltarina y divertida, esas sensaciones decaen.

Haciendo más gala del inglés que del galés, el álbum esconde una pequeña sorpresa. La penúltima canción, My! My! Time Flies!, incorpora el sonido de una llorosa guitarra eléctrica y en la letra, entre otras cosas hablando del futuro, del tiempo pasado, se habla de cuatro tipos cruzando por Abbey Road, y de un rap en medio de una rapsodia, elementos que indican que hay más vida tras las voces corales y los teclados atmosféricos.

 

De momento, como decía el conocidísimo locutor de radio Ramón Trecet, actualmente en paradero musical desconocido, “buscar la belleza porque es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo”. Pero, al menos que sea con gracia y sin abusar de la reiteración. www.enya.com // Antonio Álvarez