Enriquito

Enriquito
Enriquito

Sala Off, Madrid. 24 de abril de 2014


Parece serio Enriquito enfundado en su traje de esencia calé, pero cuando rompe el hielo, desarma a los Titanics mas sólidos y descreídos. Presentaba Alcudia, un álbum que sirve de rendez-vouz a un valle que está por ahí en tierras quijotescas, y que algún miembro del respetable ubicó certeramente también en Mallorca. Y así como quién no quiere la cosa nos introdujo en el Media Distancia  de su música para atravesar sin demasiadas prisas el territorio del duende tocado por la varita mágica del swing, como si Miles Davis se juntara a paladear unos finos con Sabicas.
¡Y vaya, que el periplo se hizo ameno! ¡Y mucho! Para el que no esté acostumbrado a lidiar con seguiriyas, tarantos o bulerías a mofletes hinchados le sonara un poco a chino eso de que un Louis Armstrong en versión cañí se marque unas soleás, pero amigos el flamaneco tiene tanto albedrío como el jazz. Y Enriquito no es de los que disfruten con una libertad condicional prendida a unos cánones. Para fundamentalistas ya están los talibanes que cuestionaron en su día a Camarón o a Morente. Y sería muy aburrido encerrar en un cofre a cal y canto un género tan racial como promiscuo en la era 2.0.
Enriquito tira de una fusión bien asumida, donde los preceptos del jazz-rock van asidos de la mano de la música gitana por excelencia, en plena sintonía con los caminos transitados antes por Jorge Pardo o Carles Benavent.
El bajista Yago Salorio, el teclista Rubén García, el batería Rodrigo Ulises Díaz “El Niño”, y el guitarrista Carlos Leal Valladares, así como los invitados que eligió para la ocasión, le dan el brío y la enjundia necesaria para bordar su magisterio.
En la cueva del Off unas ochenta almas cayeron prendidas del embrujo del músico de Puertollano. Y es que con un guitarra certero, que compagina labores con Canteca de Macao; un teclista que se maneja con mesura y nunca con afectación; un bajista que dibuja con tiralíneas sus dibujos en las cinco cuerdas, y un batería de los que pone los puntos sobre las íes, como si rejoneara sin compasión los timbales y los platos, Enrique Rodríguez tiene la partida mas que ganada.
Pronto salió a escena la percusionista australiana Nasrine Rahmani que se parapetó con oficio y contundencia sobre las congas.
Tal vez lo mas anecdótico del concierto llegó cuando aparecieron en escena el contrabajista Pablo Martín Caminero, el guitarrista Josemi Carmona (Ketama, Jorge Pardo) y el “señor” del cajón, Bandolero.
Se esperaba a una figura de las “gordas”. Por desgracia no hizo acto de presencia Jorge Pardo, invitado para la ocasión, que en esos momentos andaba en la rive gauche de París. A buen seguro que ejerciendo su cátedra de magnánimo soplador.
Y bromeó Enriquito cuando espetó que el maestro le había enviado un SMS echándole en cara que le robase a sus músicos. Con estos acompañantes de lujo Enriquito se marcó dos temas en los que la improvisación fue crucial. Tras el frugal espectáculo tiró de un bolero, que tuvo como protagonista la performance que se marcó el guitarrista Carlos Leal. Armado de un plato con una tarta, se agazapó sin su instrumento en el rincón de su amplificador, y ejerció como un Marcel Marceau una sesión de mímica y gestos exagerados, mientras engullía su porción de pastel y acompañaba puntualmente con la cucharilla sobre el plato a modo de percusión en algunos pasajes. Escuela dramática no le faltaba.
Todo esto venía a cuento de que sus compañeros le agasajaban con el dulce presente en el día de su cumpleaños. Todo un detalle a tener en cuenta.
Le siguieron unos tanguillos, acompañados por el cajón de Bandolero, con un guiño a Camarón y su Soy gitano. Para acabar la noche arremetieron con una fulminante estocada, Paella de sábado – “tan buena como la que hace mi padre”, en boca del manchego – donde la voz invitada del cantante Diego Guerrero puso el ají necesario en un tema que conjugaba con sabrosura la salsa, como si Rubén Blades se fuera de juerga con El Cigala. Volvió a salir al ruedo la percusionista Nasrine Rahmani para aderezar con sus congas el menú que se intuía casi mas caribeño que gitano.
Enriquito venció y convenció. Humor sazonado en pequeñas dosis no le falta. Y de seriedad musical y duende anda “sobrao”. Pero que mucho. + info l Relacionados l Miguel Ángel Sánchez Gárate