Els Amics de les Arts| Espècies per catalogar

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Els Amics de les Arts

“Espècies per catalogar” DiscMedi, 2012

Els Amics de les Arts pertenecen a esa rara casta de los storytellers, hoy ya casi en peligro de extinción en la música actual, y que tiene en Bob Dylan a su principal referente. En efecto, Dani (Alegret), Eduard (Costa), Joan (Enric Barceló) y Ferran (Piqué) son unos alquimistas del lenguaje que construyen fábulas donde otros grupos tan sólo producen ritmos y versos de alubión. Los cuatro conjuntan muy bien las voces y se turnan las letras, de una inusitada complejidad, evitando los estribillos, las repeticiones de estrofas o las rimas fáciles. Si la obra de Els Amics de les Arts merece ser etiquetada –que es el gran mal del que adolece siempre la música actual– es sobre todo como poesía-hecha-música.

Espècies per catalogar, que sigue la senda que abrió su anterior Bed & Breakfast (DiscMedi, 2009), abandona el formalismo acústico de sus inicios, proliferando ahora muchos arreglos que no siempre favorecen a unas letras que a veces se bastan por sí solas para crear emoción. Folk, rock, blues, dixie y mucho brit-pop se entremezclan con loosers, friquis y anécdotas surrealistas que nos recuerdan los pequeños regalos de la vida, que todo depende del color con que se mire, y que la portada ya enseña de manera tan clara, devolviéndonos un sol radiante que sin embargo no brilla en el cielo.

Desvelado el misterio que tanto seduce de Els Amics de les Arts, el resto es dejarse llevar por sus breves narraciones y su manera de explicarlas. Autobiográficas en suma, hablan por boca de los treintañeros con espíritu adolescente que son, que maduran a la fuerza –¡maldito reloj biológico!– y que, en el fondo, lo que desean es poder seguir jugando con la Play-Station cuando les venga en gana, en vez de cambiar pañales o viajar por imperativo vacacional o parejil. Pero otros temas nos recuerdan que, cada día que pasa, son más las especies por catalogar de las que habla el título, esos seres ignotos con los que nos cruzamos a todas horas, que no encuentras en lo más espeso de la jungla ni en las profundidades del mar, sino a la vuelta de la esquina, en la cola del paro, o paseando al perro en pantuflas, tan inclasificables como anónimos, y que pueden llegar a habitar nuestra propia vida. A estos personajes inéditos, tan alejados del tópico, ubicados en una realidad casi onírica, dedican Els Amics su último trabajo. Por eso no es raro que desfilen citas a Francesc Pujols junto a Blur (L’affaire yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Els Amics de les Arts| Espècies per catalogar

Sofia), a Jacques Cousteau en el comedor de casa (Monsieur Cousteau), a Ramón Langa viviendo en Cardedeu (L’home que dobla en Bruce Willis), a la pintura de Jan van Eyck y Egon Schiele (El matrimoni Arnolfini), a Ennio Morricone (A aquestes alçades de la pel·lícula). Abundan las tiernas historias de perdedores, de corazones solitarios y crisis de pareja con final feliz (bueno, relativamente), que si le pillan a uno/a con el punto flojo le arranca unos lagrimones como huevos de avestruz: prueben a escuchar de corrido Els ocells y Louisiana o els camps de cotó una mala tarde en la que esperan aquella llamada de consuelo que nunca llega.

Sirvan de ejemplo de su magnífico dominio de la narrativa cantada títulos como los siguientes, de entre la docena que compone el disco. En L’affaire Sofia cuentan con mucha gracia cómo se ligaron a una chica haciendo rimar a Schopenhauer, nombrando una larga lista de filósofos en la que no hace falta mentar a Nietzsche para contagiar el vitalismo que la canción inspira. Ciència-ficció parece darle la vuelta como un calcetín a la premisa de ¡Olvídate de mí! (Michel Gondry, 2004) y Tokio ya no nos quiere, de Ray Loriga (Alfaguara, 2008), mientras que Tots els homes d’Escòcia devuelve a la memoria esos epifánicos silencios que se generaban en torno a cualquiera que se pusiera a cantar en la nostálgica velada de Los muertos (John Huston, 1987). Carnaval, deudora del estilo sisero, relata una fiesta para palabras, montando peculiares orgías entre palíndromos, relaciones polisémicas, tríos con esdrújulas y otros barbarismos.

Al cuarteto se unen varios músicos de sesión, miembros del Brossa Quartet (Gregori Ferrer, Aleix Puig, Oleguer Aymamí), una sección de vientos y cuerdas y un coro femenino –que cierra Miracles–, orquestados por el productor Ferran Conangla, lo que hace un total de 30 músicos para defender un trabajo que se vale por sí mismo enseñando tan sólo el libreto. Por más aderezo con que se la envuelva, la magia de las canciones de Els Amics de les Arts sigue siendo esa incomparable facilidad para hacer de la fábula un temazo. | + info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno

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