El Negro Iván García

ivan-garcia.jpg "No les tengo miedo a los puristas. Además, Traigo de todo no fue pensado para ellos. Y aparte de que a mí me gustan mucho los rompimientos, no existe tampoco un arte puro."

Aunque ya lleva más de 25 años entre candilejas, el debut europeo de Iván García en el Festival de Glasgow de 1996 fue un hito providencial en su vida. Desde entonces no han parado de lloverle ofertas para actuar con los mejores directores de escena: Jordi Savall, Carles Santos, Lindsay Kemp, Calixto Bieito, Bob Wilson, Carme Portacelli… Su portentosa voz de bajo ha hecho retumbar los cimientos del Teatro Colón de Buenos Aires, el Arriaga de Bilbao, el Konzerthaus de Viena, el Concertgebouw de Amsterdam, el Teatre Lliure, el Liceu y el Palau de la Música de Barcelona, donde reside habitualmente. Y aunque su nombre resulte más conocido en los auditorios clásicos, se “estrena” en nuestra revista presentando Traigo de todo (Duradisc/ActualRecords, 2008), un disco en el que se combinan sonoridades afrocaribeñas, guiños brasileños, folk venezolano y hasta derivaciones del flamenco. Y, cómo no, con un pie en el mundo clásico… De hecho, la siguiente entrevista se hizo entre los ensayos de su siguiente proyecto: la interpretación íntegra de El rapto del Serrallo junto a la OBC. Con él tuvimos la ocasión de charlar sobre los procesos de creación musical y la fina línea que separa las músicas de etiqueta como la world music y la música comercial, la clásica y la popular, o las antiguas y modernas.

¿Cuánto hay de realidad y de tópico en la suposición de que, mientras que el público de los ámbitos clásicos es más conservador, las liberales son en cierta medida las audiencias de la música popular?

Habrá un poco de todo, pero es un tópico igual. No te olvides que detrás de lo clásico siempre hay ciertas perversiones a ocultar y que entre los liberales también te encuentras algún que otro reaccionario. Lo que sé es que si al público le ofreces calidad no le importa el estilo con que lo reciban.cover-ivan.jpg

Además de tu interés por las músicas de raíz, como queda patente en Traigo de todo, tu repertorio se compone sobre todo de material del Barroco: Monteverdi, Handel, Haydn, Bach… Pero también te has adentrado en la música culta contemporánea con programas dedicados a Barber, Copland, el gospel norteamericano y hasta la zarzuela española. ¿Te tentaría ahora un musical de Broadway, por ejemplo?

Si mi voz y experiencia ayudan a ello y nos sentimos todos cómodos, estaré abierto a cualquier cosa, siempre que sea con calidad y buen gusto. Hace unos meses, sin ir más lejos, participé en una performance con el dj Christian Vogel, un chico fantástico y un creador extraordinario con un talento impresionante. Quedamos tan encantados con el resultado que ya estamos pensando en repetirlo el año próximo…

En Barcelona se te conoce sobre todo por tu intervención en varios espectáculos de Carles Santos como Cants de Libél·lula y La meua filla sóc jo, donde interpretabas el papel de Bandolària negra. Ambas obras, todo sea dicho, con un rebuscado libreto que, para más inri, los actores debían cantar en varios idiomas y condiciones físicas extremas…

¡Fue maravilloso! Yo, que soy muy curioso con la expresión y los retos profesionales –no sólo como cantante sino también como actor–, siento que el encuentro con Santos y los artistas que he conocido a través de él ha enriquecido y estimulado enormemente mi imaginario. Y ya adelanto que para abril del año que viene estreno una obra suya donde soy el protagonista. ¡Qué privilegio para mí!

Mariaelena Roqué, artista estrechamente ligada al citado Carles Santos, proviene también de Venezuela, al igual que tú. ¿Qué atractivos tiene este lado del Atlántico para dos almas inquietas como las vuestras?

Latinoamérica no siempre ofrece la plataforma para desarrollar la creatividad, bien sea por aspectos culturales como económicos. Tanto es así que muchos artistas nos encontramos con la urgencia de “cruzar el charco”, estableciendo alianzas con otras gentes inquietas. Por otra parte, el mercado es mucho más amplio y puedes ir conociendo y seleccionando los circuitos que mejor se adapten a tus necesidades artísticas, estéticas y laborales.

El título de tu primer disco en solitario, Traigo de todo,no engaña a nadie. Aparte de géneros tan dispares como el soul, el choro brasileño, el merengue y el bolero, el joropo y el guaguancó, y hasta algún guiño al flamenco, el oyente puede encontrar un sorprendente Chimbanglero Mozart (versionando irreverentemente el aria del catálogo de Don Giovanni) y un préstamo de viejos villancicos de los esclavos negros de la Cochabamba. En los agradecimientos se cuelan incluso los chicos de la Fundación Toni Manero. ¿No temes que los puristas rechacen tu trabajo por ser tan inusualmente variado? Remárquese que tú procedes del mundo clásico…

No les tengo miedo a los puristas. Además, Traigo de todo no fue pensado para ellos. Y aparte de que a mí me gustan mucho los rompimientos, no existe tampoco un arte puro. Como ejemplo quisiera destacar mis últimas colaboraciones con Jordi Savall, especialista en música antigua, con quien ando en un proyecto que combina el cancionero del Barroco español y del Nuevo Mundo con un grupo de música folklórica latinoamericana, el Ensemble Tembembe. Imagínate: violas de gamba, guitarrones mexicanos, arpas de Tijuana, todos cantando a coro… y a mí mismo arrancando a bailar La Chaconaen escena. Es fantástica esa idea del maestro Savall, pues él sabe muy bien que allí se encuentra lo tan llamado “de ida y vuelta”… ¿y quién más puro en el repertorio que ha desarrollado que el propio Savall? ¡Pues yo seré el primero en unirse a la fiesta!

Sin embargo, tampoco el arte parece del todo liberado de las ataduras morales de antaño. En la carpetilla traigo-de-todo.jpg

interior de Traigo de todo propones una sugerente variante del juego del escondite… foto que por cierto fue censurada en el Sonimag de Barcelona.

¡Ja, ja, ja, ja! Ese “juego del escondite” ha causado muchos comentarios, preguntas y algún que otro rubor… Esa foto es obra de mi amigo Nelson Garrido, fotógrafo venezolano de amplio recorrido. Yo le serví de modelo para la imagen que finalmente le fue vetada…

Pero pese a la inicial desilusión, y como no hay mal que por bien no venga, usaste la foto como “portada alternativa” del disco…

Sí, es que buscaba para la producción gráfica del cd una imagen que homenajeara la obra de Arcimboldo, pero filtrada por un estilo más contemporáneo.

Ya que hablamos de esconderse, esto me lleva a preguntarte qué motiva al actor lírico a transvestir no sólo su cuerpo sino también su conciencia cuando interpreta algún personaje en escena. Esa necesidad de “despersonalizarse” y recrear otro yo distinto, ¿responde a algún tipo de angustia vital? Déjame reflejarlo citando unos versos de La meua filla sóc jo, del citado Santos: “No quiero saber quién eres, no te quiero conocer, permanentemente estaré olvidando tu imagen”. Muchos artistas han vivido con la eterna obsesión de que esas palabras se hicieran realidad desde el lado del público. ¿Cómo sobrellevas esos temores a que, en cierto modo, obliga todo arte de masas?

No pienso en eso, pese a que es una cosa tremenda que está inevitablemente ahí. Sin duda es uno de los textos más duros de Santos… Recuerdo la sensación que nos producía esa parte a la soprano Claudia Schneider y a mí cuando la interpretábamos. ¡Aún me siguen subiendo los calores!

Por un lado, confiesas que Traigo de todo resume tus gustos y querencias musicales, tus recuerdos de niñez y tus raíces venezolanas. No obstante, tu nombre resuena más en el área de la música culta. No puedo evitar preguntarte entonces qué te empujó a dedicarte a la ópera…

Empecé en el canto lírico casi por casualidad. Es verdad que me gustaba la ópera, pero también me atraían otros estilos (y eso es evidente en Traigo de todo). Cuando empecé a estudiar técnicas para perfeccionar mi voz lo hice porque me motivaron a ello, ya fuera para actuar en teatro, cantar en un coro profesional o grabar comerciales, porque también me ganaba la vida en locución de radio. Mas nunca pensé en ser Osmín, Don Giovanni o Séneca en ninguna ópera. Y así, de repente, me vi un día subido a un escenario con una partitura en la mano y una orquesta delante, cantando las Vísperas del confesor de Mozart. Pero, de igual manera, terminaba ese concierto y me iba luego a un estudio de grabación para hacer coros de pop o tocar con los grupos de salsa donde estaban mis amigos de la vida nocturna de Caracas…

O sea, que va a ser complicado destacar la voz que más te haya conmovido…

Mmmm, difícil pregunta… Honestamente diría que en la actualidad no hay muchas que hayan colapsado mi ánimo, pero si me dejo llevar por algunas es sobre todo por las que más me influyeron en el pasado, y que aún hoy me siguen emocionando: Johnny Hartman, Aretha Franklin, Camarón de la Isla, Maria Callas, Mercedes Sosa, La Lupe, María Bethania, Elis Regina, Milton Nascimento, Totó La Mamposina, Lilia Vera, Soledad Bravo (quien participa en Traigo de todo junto a Franco de Vita) y un largo etcétera…

Para un cantante lírico de tan variado registro debe ser especialmente importante la elección del personaje a desempeñar en cada obra. La voz del bajo, en el ámbito operístico, se suele asociar con personajes de una ambigua humanidad, generalmente de trágico destino, malvado carácter o burlona actitud. Tú has llegado a actuar en el afortunado rol de personajes de una grave solemnidad como el Caronte de Orfeo, el filósofo Séneca en L´incoronazione di Poppea, el padre Rocco de Fidelio, Simpson en La tabernera del puerto y algunos de los más ricos personajes mozartianos: Leporello, Don Alfonso, Zoroastro, Osmín… ¿Con cuál de ellos te sientes más identificado?

Sí, es verdad que nuestro registro de voz nos lleva históricamente a ubicarnos en personajes como los que describes… ¡y son tan hermosos que doy gracias a los dioses por haberme dotado de ese don! Casi me resulta más fácil decirte con cuál no me identifico, después de haber estudiado el personaje a fondo, y ése es Séneca, un personaje que se aprovecha de su poder y que, por estar a bien con Dios y con el diablo, es capaz de todo… hasta de hacerse cómplice de Nerón cuando éste manda matar a su madre Agripina. Ah, Séneca es un acomodado del poder, ¡y eso no me gusta! A mí, el poder político no me seduce para nada…

Entonces seguro que no debes tener una opinión muy favorable sobre la gestión pública de la cultura en manos de los políticos…

Ay, los políticos… ¡Uf, esa especie sí debería extinguirse!

Un político no deja de ser un camaleón que se viste con banderas ideológicas de quita y pon, a fin de cuentas trapitos de colores que ondean según la dirección de los vientos. Pero un actor también es un ser cambiante… pero como el río de Heráclito, siempre el mismo aunque sus aguas varíen. En el fondo, ¿quién es Iván García bajo las máscaras, los vestidos y el maquillaje con que sube a escena?

Bajo las máscaras, los vestidos y el maquillaje, Iván García es, en estos momentos, el personaje que va a encarnar a continuación. Quizá Osmín, puestos a interpretar El rapto del Serrallo… Esto es lo que más me gusta de todo: ser otro por unas horas. Y lo mismo me pasa cuando hago conciertos para presentar Traigo de todo. Allí soy la poesía y la música que escribieron para mí. El proceso de interpretar, ¡eso sí es lo que más me seduce! //Iván Sánchez Moreno. Fotos: Lisbeth Salas y Nelson Garrido