Iván Soca. Fotógrafo.

IVÁN SOCA: “AHORA MISMO NECESITAMOS MÁS SILVIOS EN CUBA”

Entrevistamos al fotógrafo Iván Soca, un artista cubano apasionado de la música que lleva siguiendo a Silvio Rodríguez en sus conciertos desde mucho antes que éste empezara con su “Silvio en los barrios. La gira interminable” por los barrios más desfavorecidos de La Habana. Iván ha plasmado con su cámara su propia visión de esos recitales en los que el cantautor acerca la música y la cultura a zonas en las que la gente vive en condiciones a veces insalubres, aprovechando para poner el foco de atención en sus problemas, expuestos por boca de los propios habitantes de los barrios sin ningún tipo de censura.

Iván Soca ha recalado en Barcelona antes de continuar su viaje hasta Altafulla (Tarragonés), donde se presenta su exposición “En busca de un sueño”, dentro de la programación del festival Barnasants 2018. Es una selección de veinticinco imágenes de las muchísimas instantáneas que ha tomado durante las giras de Silvio Rodríguez por algunas de las zonas más desfavorecidas de la capital cubana, desde hace ya más de siete años.

 

Quedo con él en una acogedora cafetería del barrio de Ciutat Vella y en un rinconcito nos ponemos a hablar, resguardados por las paredes de piedra del local. Este ingeniero de formación y fotógrafo de corazón es un testigo de excepción del proyecto cultural y social en el que el trovador Silvio Rodríguez anda metido desde hace un tiempo. Por otro lado, Iván trabaja desde hace más de 25 años directamente vinculado al Instituto Cubano de la Música y al Ministerio Cubano de la Cultura y es coordinador del proyecto Canto de Todos, que dirige el trovador Vicente Feliú.

He leído sobre ti que estás ligado a la ingeniería, a la informática, a la fotografía, y también estás involucrado en proyectos culturales en tu país. Si tuvieras que presentarte, ¿cómo te definirías?

Soy un tipo común, muy consciente del momento que estamos viviendo, no solamente en Cuba, sino en todas partes. También soy un seguidor de la Trova, y como me gusta la fotografía y persigo la Trova donde quiera que vaya, consecuentemente, entonces puede que sea un fotógrafo.

¿Ese interés por la Trova existe desde pequeño?

Aunque mis padres son cubanos, mi infancia y adolescencia transcurrió entre Praga y Leningrado, hoy San Petersburgo, pues mi papás eran diplomáticos y vivíamos allá donde los trasladaban por trabajo. Así que tuve el privilegio de vivir en Europa del este durante los años setenta y ochenta. Y siempre observando, he sido muy observador desde pequeño. Y además durante unos años muy importantes en la vida de una persona, cuando despiertas a estímulos como el arte o la música. Es fantástico cuando lo puedes vivir en un lugar como San Petersburgo, porque me cambió la mirada cuando aún no era fotógrafo. De hecho, esa ciudad es “la fotografía”, porque todo allá era fotogénico y fotografiable, como un enorme set. Y el sistema social imperante hacía que la fotografía fuera muy barata, muy democrática y popular. Todos los estudiantes tenían una cámara. Así que fue allí donde yo me acerqué a la fotografía. Praga es como Barcelona, y San Petersburgo es como Barcelona y Praga juntas, por el tamaño. Fue una ciudad construida por Pedro I a imagen de Venecia, lo que pasa es que Venecia tiene cincuenta puentes y Leningrado trescientos cincuenta. Y como había un acuerdo de estudios entre Cuba y la Unión Soviética fue en allí donde estudié Fotografía y también una carrera universitaria, dentro de uno de los mejores planes de estudio de Europa, si no el mejor. Además, en aquella sociedad se facilitaba el acceso de la gente a la cultura, así que también tuve un gran acercamiento a la música, al ballet, al teatro, a la ópera; al arte en general. Todo era de un nivel insuperable, y fruto de todos estos factores empecé a tomar mis primeras fotografías, no de músicos todavía, sino fotos de cualquier cosa que me rodeaba.

¿Ese fue también el principio del acercamiento a la música cubana?

No, porque la música que escuchaban mis papás en casa era la de su juventud, como los Zafiros o la Orquesta Aragón. Pero aunque yo no conocía la obra de Silvio Rodríguez sí me gustaba mucho un cantante y poeta ruso llamado Vladimir Vysotsky, toda una figura en la Unión Soviética, muy popular. Era un cantautor tipo Sabina, con la voz rota también, y tuvo mucha influencia en la cultura de ese país. Un hombre muy interesante que vivía en su propio mundo, alcohólico y adicto a las drogas. Incluso cuando murió le pusieron su nombre a una constelación estelar que descubrieron. Y eso que era un hombre que desde dentro del socialismo apoyaba y criticaba también muchísimo el sistema y decía las verdades con una guitarra. Era el Bob Dylan o el Silvio de los rusos.

Entonces, ¿cuándo entras en contacto con la cultura cubana contemporánea?

Cuando terminé mis estudios universitarios de diseño y construcción de  microprocesadores regresé a Cuba y allí homologaron mis estudios a una actividad relacionada con la Informática, así que empecé a trabajar en una empresa de diseño e internet, y empecé a generar proyectos desde las comunicaciones vinculados a la cultura con la justificación de que la cultura cubana es muy poderos y puede significar mucho tráfico en internet. Y fue muy acertado. Así, trabajé con la Casa de las Américas, también diseñé la primera web del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. Posteriormente me vinculé con el trovador Vicente Feliú y creamos Canto de Todos, la primera institución cubana que apoya a la Trova de forma virtual. Nació hace diecisiete años y se puede decir que es un centro iberoamericano para la canción y está muy vinculado a Barnasants, a la oficina de Silvio Rodríguez y, por supuesto, al Ministerio de Cultura de Cuba, pues fue creado para difundir nuestra cultura. A raíz de todos estos proyectos me convertí en el fotógrafo oficial del grupo Los Van Van, y en el biógrafo de su director de orquesta y compositor, ya fallecido, Juan Formell. Y así he llegado a trabajar con todos los trovadores, los músicos, los teatristas; con lo más granado de la cultura cubana.

También estás vinculado a otro proyecto cultural importante, La Casa del ALBA Cultural de La Habana. Háblanos de eso.

Pues hace unos años nació la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América Latina (ALBA), un proyecto ideado por Fidel y por  Hugo Chávez. Es una asociación de países de Latinoamérica y en cada país hay una Casa del ALBA con la cultura propia de ese país. Y Vicente Feliú y yo fuimos invitados a formar parte de la de Cuba como Canto de Todos, que en el fondo es la misma idea. Y organizamos todos los meses conciertos y actividades, muchas veces a nivel internacional.

Y también estás ligado a otro estandarte de la cultura cubana, como es el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.

Fue al regresar a Cuba después de realizar mis estudios en Europa que conocí a Víctor Casaus, el  artífice del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, una institución cultural independiente, sin fines lucrativos, que desarrolla programas culturales en Cuba. Cuando yo lo conocí era un pequeño e incipiente centro situado en su propia casa, y hoy es un referente tan importante como el movimiento de la Nueva Trova, o como Barnasants, que también es un movimiento más que un festival, como bien dice Silvio. Nació por la necesidad de preservar la memoria histórica, y como Víctor es un  escritor y poeta lo hizo inspirado en la figura de Pablo de la Torriente Brau, un cubano de armas tomar, periodista y escritor. Es suya una frase de la que yo me he apropiado: “Mis ojos se hicieron para ver las cosas maravillosas, y mi maquinita para contarlas”. Y yo digo lo mismo, pero sustituyo maquinita por camarita para captarlas. Pablo es un cubano con todas las letras, y pertenece a una generación intachable, que dio la vida porque hoy estuviéramos aquí. Él murió en Majadahonda en 1936, luchando por la República durante la guerra civil española, en las Brigadas Internacionales. Fue amigo de Miguel Hernández, que a su muerte le dedicó su “Elegía II”, a la que Silvio Rodríguez puso música.

Y hablando de Silvio Rodríguez, ¿cómo entraste en contacto con él a nivel profesional?

Antes de venir a Cuba ya sabía de él, tenía compañeros de estudios que lo escuchaban, pero como yo estudiaba mucho no tenía demasiado tiempo para distraerme. Ya viviendo en La Habana, un día Víctor Casaus me presentó a un escultor puertorriqueño que quería regalarle a Silvio un busto de bronce sobre una base de mármol de Eugenio María de Hostos, el gran luchador por la independencia de Puerto Rico. ¡Aquello pesaba que no lo puedo explicar! La llevamos en mi carro hasta el estudio Ojalá, para dejarla en su lobby, donde aún está actualmente. Y así fue que lo conocí, y dio la casualidad de que Silvio es un amante de las tecnologías, la internet y la fotografía, justo los temas en los que yo soy especialista. Así que surgió un interés mutuo, y fue como un amor a primera vista, algo en lo que yo creo mucho. Hay códigos que sólo se transmiten con el wifi de la mirada. Y a partir de ahí hicimos mucha amistad. Yo le seguía donde quiera que él iba para dejar testimonio con mi cámara. Siento que a pesar de no estar en el listado oficial de su equipo, todo lo que hace Silvio se convierte en algo mío, y su equipo lo asume así, me ven como uno más. Se abre la puerta sola ante mí cuando llego a sus recitales. Y así desde al año 1994.

¿Así que lo sigues en la gira de los barrios desde el primer recital?

Sí, sí, pero es que esta gira es sólo uno más de los proyectos culturales de Silvio. He ido a las cárceles con él, a conciertos en La Habana, a recitales en el interior. No he viajado nunca con él al extranjero, quizás ahora vaya a Chile. Pero me gusta que mi mirada no sea la de un subalterno, o la mirada de alguien que pertenece a su staff, porque esas miradas siempre están inevitablemente un poco condicionadas. Y yo quiero aportar la mirada del tipo que está comprometido con su obra, con su concepto, con su consecuencia.

¿Y cómo es Silvio en las distancias cortas?

Pues es un tipo normal, igual que tú y que yo, aunque a él sí le cabría el calificativo de genio. Es un tipo que crea mucho, que siempre está en Casiopea, en sus estrellas, pero que al mismo tiempo está con los pies en la tierra. Por otro lado, es el hombre más consecuente que yo conozco. La gira por los barrios la paga de su bolsillo, usando sus derechos de autor. Y lo que gana de las giras internacionales es para pagar muchos sueños de los cubanos, porque apoya proyectos durísimos que no funcionarían sin dinero. Una particularidad que sí resaltaría de Silvio es que habla como un poeta. Puedes cerrar los ojos escuchándole y deleitarte con su dicción y la construcción de las frases. Es una persona de una vasta cultura. Cuando le cuentas algo, él siempre sabe algo más y te amplia la información que tú le das. Es una persona que estudia mucho y tiene mucho acceso a la información.

¿Qué dinámica has seguido para fotografiarlo en este trabajo concreto que presentas ahora, la exposición “En busca de un sueño”?

Yo nunca estoy en las reuniones que el equipo hace antes de organizar un recital. Simplemente el equipo de producción me dice a qué barrio concreto van a ir, y las particularidades que tiene, si hay alguna zona conflictiva o cosa así, más que nada por mi seguridad. Pero realmente no me importa mucho, porque yo siempre voy con mucho respeto y no me meto en casa de nadie. Allá que voy con mi cámara y camino mucho antes, durante y después del concierto, siguiendo un consejo que me dio Formell. Todos los fotógrafos empiezan en lo particular, pero muy pocos acaban en lo general. La fotografía está inventada hace siglos, y la fotografía es el gran plano, es la que ubica algo en el tiempo y el espacio.

¿Qué significa para Cuba actualmente que Silvio haga estos recitales por los barrios, con todo lo que esto implica de exposición de los problemas y las carencias que existen en estos lugares?

Como decía antes, es una cuestión de consecuencia. Ahora estamos pasando por un momento difícil…, bueno, hace años que estamos así. Pero yo diría que éste es el momento más difícil, incluso cuando la gente tiene más libertad, más acceso a divisas, en que se puede vivir “mejor”, pero no es la mayoría que vive así. Y Silvio, que es quién es y podría dedicarse a sus setenta y dos años a pasear por el mundo, es un tipo que ha decidido mirar hacia el interior de Cuba y sacar su arma, que es la guitarra, y decir las verdades. Creo que es muy importante tener personas como él que nos digan la verdad, y no nos engañen con “lucecitas montadas para escena”, como él canta en “La maza”.

Y dentro de la isla, ¿cómo se recibe un documental como “Canción de barrio”?

Hay mucha gente que cuando lo ve me comenta que las imágenes le han parecido muy impactantes, pero aunque eso es un 2% del 100%, es bueno que Silvio lo muestre. Es un problema que hay y que tenemos que afrontar. Es importante que haya personas como él, a las que escucha mucha gente. Es bueno que una persona que tiene una tribuna diga las cosas. En Cuba no sólo hay problemas de vivienda, hay problemas de género, machismo, violencia familiar; como en todos los países del mundo. Y el papel de los artistas, y ahí me incluyo, es ser referentes. Somos personas a las que muchos miran, y podemos decir las cosas para que esos muchos que miran sepan que existen. Y eso es lo que hace Silvio Rodríguez, y encima lo dice desde su poética.

Háblame de tu exposición “En busca de un sueño”.

En realidad es una segunda edición de la exposición original, que he hecho en Cuba muchas veces, en la Casa del ALBA y otros locales de la capital. Fuera de Cuba ha viajado a México y ahora aquí, a Catalunya. Es una exposición que cuenta la visión de un transeúnte común, que soy yo, que ha ido a los noventa y un conciertos de Silvio por los diferentes barrios, a través de una selección de veinticinco imágenes, aunque la exposición primigenia llegó a tener alrededor de sesenta tomadas sólo durante los primeros veinte recitales, ¡y ya fue muy difícil seleccionarlas! En el documental hay momentos impactantemente tristes, por eso en las fotos me gusta enseñar la tristeza secundada siempre en primer plano por la felicidad y con un lenguaje lírico y poético inspirado por la obra del trovador. Esas son las fotos que yo hago.

Imagino que Silvio ha visto la exposición, porque además él mismo es un amante de la fotografía y fotógrafo aficionado. ¿Sabes qué le han parecido las fotos?

Es muy gracioso porque la primera vez que las vio expuestas me dijo: “es muy rara tu mirada porque no se parece a la mía, yo lo veo todo al revés, y tú lo ves todo” (risas). Concretamente hay una foto que se llama “La tarde” en la que el escenario es un pequeño punto en medio de la foto, que es un gran paisaje. Así son mis fotos a veces, inspiradas por una poética que va más allá de Silvio.

¿Como habitante de la isla, cómo ve Iván Soca la situación actual de Cuba después de los últimos cambios?

Pienso que ahora mismo estamos en riesgo, y hay que recordarle a la gente todo lo que hemos conseguido hasta ahora, y que no ha sido en vano. Hay que cuidar lo que tenemos, lo que ya hemos conseguido, para que no se pierda.

Texto: Omar Jurado/Fotografía: Juan Miguel Morales

Iván Soca

Juan Miguel Morales