Eduard Iniesta / Nítid

iniesta-nitidEduard Iniesta
«Nítid»
Temps Record, 2010


Grabado e inspirado por la noche, Nítid es el cuarto trabajo en solitario de Eduard Iniesta, excelente arreglista y compositor al que se le puede ver en los créditos de innumerables discos de la última producción musical catalana –Miquel Gil, Maria del Mar Bonet, Rosa Zaragoza, Marina Rossell, Dagoll Dagom, Sidonie, Clacsons, Névoa o el maestro Marcel Casellas, entre tantos otros, además de sus colaboraciones clásicas con Jaume Aragall, Cor Vivaldi, la Gran Orquestra del Liceu o la OBC–. Tras los notables Òmnibus (Columna Música, 2004), Andròmina (Tram, 2006) y el sobresaliente debut Quatre de cors (GMI, 1999), Iniesta vuelve arropado por dos músicos igual de solventes y polifacéticos como Miquel Àngel Cordero y Roman Gottward, encargados de la “instrumentación onírica” (pianos de juguete, acordeón, violín, serrucho y glockenspiel), mientras que Iniesta se responsabiliza de los matices étnicos con guitarras portuguesas, baglamas, bouzoukis, mandolinas, tembouras, laúdes, sitares, loghoutos y otros instrumentos de cuerda. Los escuderos no son tampoco “simples comparsas”, pues sus currículums acaparan todos los géneros y registros, desde el jazz hasta el flamenco –Gorka Benítez, Perico Sambeat, Lídia Pujol, Marina Rossell, Carme Canela, Luis Eduardo Aute, Noah, Miguel Poveda, Joan Manuel Serrat, Alfonso Vilallonga, Joan Isaac, y un larguísimo etcétera–, pasando por el clasicismo y el cine –la Filarmónica de Berlín y la extinta Orquestra Acadèmia del Liceu, más la banda sonora del film animado The Wicked Robber (Christian Tuerr, 2007), de aires cabareteros y a medio camino entre la Pesadilla antes de Navidad, de Danny Elfman (Walt Disney, 1993) y un Tom Waits con mucha cazalla–.iniesta-nitid-pic
No es gratuita esta referencia al viejo trobador de Pomona. El inicio de Nítid ya deriva por su estilo, con una per-versión de un Nocturno de Chopin intepretada por Iniesta con un sencillo tarareo en clave etílica. El resto del álbum sigue con ese tono entre burlón y melancólico, y dulzón y vitalista, con arreglos vocales que por momentos recuerdan a los de Crosby, Stills & Nash (Folk Song), los Genesis de Peter Gabriel (Veig, veig… què veus?), la chanson y el doo-wop de mediados del siglo pasado (Les mil i una nits). Aunque la foto interior pueda llevar a engaño, con un Iniesta con pinta de Bob Dylan con un cümbus turco entre las manos –el cual se asemeja formalmente a un híbrido entre sitar y banjo–, Nítid va por otros caminos, mezclando juegos infantiles, canciones de cuna y cuentos de hadas con historias de amor y sexo y soledad. Las letras, escritas por Xavier Iniesta (con excepción de un par del propio Eduard y un poema de Marià Manent), ahondan en esos símbolos que, de tan sobados por la lírica, ya son parte indisoluble de nuestra psique.
Desde que el hombre es hombre y la mujer es mujer o, mejor dicho, desde que nos caímos de un guindo, noche y luna nos han enamorado y enloquecido. Pero, como nos enseñó el bueno de Albert Camus, ¿de qué le servía a Calígula su poder imperial cuando con tanto afán deseaba la luna, por imposible? Para esos personajes que, como los fantasmas, pueblan los límites entre el mundo soñado y la realidad –como ese vagabundo errante de nombre Toni al que Iniesta dedica una nana, un epicúreo Diógenes Laercio que, pese a su triste vida, canta alienado de espaldas al mundo–, existen discos bellos como éste. www.eduardiniesta.com Relacionados // Iván Sánchez Moreno