Doris Cales / And all that jazz

doris-cales---and-all-that-jazz.jpg Doris Cales
“And all that jazz”
K
aronte, 2009

Como los chorros del oro. Así suena la cálida voz de la neoyorkina Doris Cales. Una cantante augusta que parece más que predispuesta a hacerse las Españas en detrimento de sus Américas, como cabría presuponerse. Esta nativa de Brooklyn es un ave cantora de no un solo árbol como se advierte en su multiplicidad a la hora de tocar todos los palos. En su curriculum lo mismo se codea con Joan Manuel Serrat, Jorge Pardo o Raimundo Amador que con Harry Belafonte, Lionel Ritchie o Jerry González. Eso por no hablar de su faceta dramática donde ha dado su do de pecho en obras teatrales como La Orestiada o la controvertida Marat Sade. Su tesitura soul tiene cierta afinidad, que no calco, a la de Barbara Streisand, por ese aire sofisticado con el que despliega una elaborada técnica pulida en sus clases con el maestro Arnedillo y Pedro Ruy Blas. And all That Jazz, un título que es casi clavado al del musical de Bob Fosse para el celuloide, llega tras One day I´ll fly away, un disco con la banda del baterista Larry Martin, en la que también milita Doris. El ambicioso formato de doble disco, en el que no sobra nada, tiene su porqué. En el primer volumen se incluyen temas con formación de cuarteto. A la vocalista le acompañan el pianista German Kucich, el contrabajista Reinier “Negrón” Elizarde y el batería Juanma Barroso. En el segundo disco se opta por una propuesta más económica, unos duetos escoltada por las guitarras de Dan Rochlis, los saxos del cubano Ariel Bringuez y la batería de Daniel García. Aunque el grueso de esta pantagruélica colección de 21 canciones sea el material ajeno (For once of my life, de Stevie Wonder; Moon over Bourbon street, de Sting; Night and day de Cole Porter; Lucky so and so, de Duke Ellington y Mack David; Ain´t so necessarily so, de George e Ira Gerswhin; o The fool on the hill de John Lennon y Paul McCartney), a la diva de Brooklyn no le tiemblan las cuerdas vocales a la hora de embarcarse en temas propios en los que ejerce de compositora de música y letra (I´m not blue, If I asked you) o comparte protagonismo (Indelible, compuesta a medias con German Kucich; o You know is right, co-escrita con Joshua Redman). Respiran sus números el fulgor de cualquier standard de jazz de los de toda la vida. La particularidad que tienen todas las versiones de pop es que se llevan de forma camaleónica al terreno del jazz sin perder para nada en esencia y ganar con el swing que le imprimen los experimentados músicos aquí presentes. El sonido logrado en el estudio se atiene prácticamente a ese ambiente que se masca en un concierto. El territorio de las distancias cortas, con la nebulosa del humo extendiendo ese aura mágica y la mirada concentrada de un público absorto copa en mano. Así podría explicarse sin más metáforas ni disquisiciones este notable trabajo. Un doble rosco equiparable a cualquier ejemplar de Diana Krall o Norah Jones. Como un rotundo álbum de fotos en blanco y negro captado en una Sala Clamores o un Café Central, reductos de la noche madrileña que tan bien conoce nuestra divina, y nunca mejor dicho, Doris. www.doriscales.com Relacionados // Miguel Angel Sánchez Gárate