Divana & Prem Sanyas

Divana
Divana & Prem Sanyas

Músiques Religioses i del Món. Girona. 5 de julio de 2011

¡Qué lejos quedan los tiempos del cine mudo! Y ahora, además, ni siquiera pasan por televisión (bueno, eso imagino, hace diez años que vivo sin caja tonta) las descacharrantes aventuras de Charles Chaplin o Harold Lloyd, como si sucedía en mi infancia. Así que me pareció un ejercicio muy Interesante asistir a la proyección de la película Prem Sanyas, realizada en 1925 por el director alemán Franz Osten (1876-1956), con el acompañamiento de la música interpretada in situ por el grupo indio Divana. Situemos los dos elementos. El primero es Prem Sanyas (“la luz de Asia” en hindi) que, según se puede leer en el programa, es una destacada obra del cine mudo. Filmada en la ciudad de Jaipur, evoca los primeros años de Buda (entonces el príncipe Siddhartha Gautamá) y contrapone la vida suntuosa de los rajás a la duraDivana-pic

realidad que se desarrollaba fuera de los palacios. El segundo es un quinteto de músicos rajastaníes, gitanos de las castas manganiar y langa, que combinan voces e instrumentos tradicionales (tambor dholak, sarangui, kamantché…) y que, para esta coproducción compartida por el festival de la ciudad catalana y el Festival de Fès des musiques sacrées du monde, trabajan bajo la dirección artística del alemán Alain Weber (presente en el escenario, con un ordenador que le permitía seguir la película y marcar las entradas y salidas de los músicos). Combinando estos dos ingredientes (una vieja película restaurada y músicos de hoy que mantienen una tradición musical ancestral), la dinámica del espectáculo quedaba determinada por el discurrir de las imágenes, claro. En este contexto, la conocida explosividad de los músicos rajastaníes resultaba algo retenida, como se pudo observar en el festivo tema final (una vez que el joven Siddhartha se reencuentra con su amada), que en un concierto normal del grupo se podría haber alargado durante diez minutos sin ningú problema. Aún así, y contando también que era la segunda representación del espectáculo, la conexión entre el repertorio tradicional rajastaní y los paisajes de la película (Jaipur es la capital del estado indio del Rajastán) ofrece un resultado más que satisfactorio y dota al trabajo de Franz Osten (mezcla de melodrama clásico y de trabajo documental) de una nueva vida y de un relato musical propio. Me habría gustado saber qué pasaba por la cabeza de los cinco rajastaníes (gente de fe musulmana) mientras ponían música a las aventuras del joven Siddhartha (figura religiosa sagrada para el budismo y el hinduismo) y mientras contemplaban con suma atención las imágenes, algunas de ellas de gran belleza, otras que ahora nos parecen ingenuas, muchas que mostraban un mundo que ya no existe. Sin duda, una experiencia muy particular, tanto para quienes estaban en el escenario como para quienes nos sentamos en las escaleras de la catedral, y que ganará empaque a medida que se pueda ir presentando en nuevos escenarios. // Jordi Urpi


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