David McAlmont & Michael Nyman
"The Glare"
MN Records, 2009
Ahora que son tantos los que se pasan a una mala imitación
del minimalismo -como si bastara con la repetición de unas pocas notas
sustentada en una melodía facilota y una aparente desnudez instrumental:
piénsese en Yann Tiersen, Dustin O´Halloran o Ludovico Einaudi-, el padre del
concepto musical se pasa al pop sin traicionar para nada su estilo. En aras de
la posmodernidad que alguna vez abanderó, Michael
Nyman se sabe capaz de capear con otros lenguajes que inicialmente le son
ajenos, a diferencia de otros artistas o grupos que, más conservadores en
cuanto a opciones de riesgo, entienden que para sobrevivir hay que fagocitar
los tópicos y hacer pasar por genuina creación lo que no es más que una hibridación
con fecha incierta de caducidad. Aunque ya lleva tiempo componiendo con el
piloto automático, Nyman ha
procurado siempre trabajar a dúo con otras generaciones y géneros: es el caso
de Ute Lemper -Songbook (Polygram,
1992)-, Damon Albarn -Ravenous
(Virgin, 1999)- o Marie Angel -8
Lust Songs (MN Records, 2007)-, por citar varios ejemplos. Pero The
Glare en realidad debiera estar acreditado a tres partes iguales: el
cantante David McAlmont, el propio Nyman y la sección de saxos de su
banda, a cargo ésta de la interpretación íntegra de la suite final (Song for Tony, construida a base de
retales de obras pretéritas del autor). También repiten amigos fieles como David Roach, Andrew Findon o Kate Musker,
entre otros, mientras que entre las fuentes de inspiración se cuelan
referencias a Sigmund Freud, Theo Géricault y Michael Haneke. ¿Esnobismo? Quizá, pero oyendo el resultado nada
parece aquí gratuito. Escritas en primera persona, las canciones de McAlmont/Nyman denuncian los horrores de este principio de siglo -la
piratería moderna; las mulas de la droga; los desfalcos bancarios; el robo de
joyas a gran escala; la dictadura capitalista; la compra-venta de niños del
Tercer Mundo; la diarrea mental que provocan los reality shows de la tele; etc.- y que sin duda perpetúan la mala
fama que se merece la humanidad desde la era de Caín. Una primera escucha puede devolver a la memoria paisajes ya
conocidos. Nada raro, puesto que, para convencer a los productores del
proyecto, McAlmont envió una
selección personal de sus temas favoritos de Nyman superponiendo sobre la grabación su voz y textos. Así,
fragmentos de Wonderland, If, In Re Don Giovanni y The
Piano debidamente rebautizados se entremezclan acertadamente con guiños
de soul (Take the Money and Run),
coros gospel (Fever Sticks and Bones,
City of Turin), baladas que son pura
filigrana y que matarían de envidia a esos roquerillos ñoños pasados al AOR (Friendly Fire, The Glare)... McAlmont
sabe sacar provecho del ritmo típico de
Nyman acompañando sus versos y estribillos, y cuando toca momento relax es
la música de uno la que se beneficia de la histriónica expresividad del otro.
La voz de McAlmont, que pasa del
susurro a lo grave en un pispás, puede suponer un contraste incómodo para el
colchón sonoro que le arropa, a veces muy espeso. Pero eso es porque la música
de Nyman pesa demasiado como para
ensombrecer su personalidad con el invitado, quien no consigue llevarse la obra
del pianista a su propio terreno. Aunque cae a menudo en el lloriqueo (In Laos, Secrets, Accusations and Changes) no se hace en absoluto
empalagoso. En todo caso The Glare es, lejos aún de una obra
cumbre, prueba eficiente de que Nyman
no envejece, por más que los tiempos cambien. wwwmichaelnyman.com / relacionados // Iván Sánchez Moreno
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