Dino Saluzzi group

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Dino Saluzzi group

“El Valle de la Infancia”, ECM, 2014

El bandoneista argentino Dino Saluzzi nació en la provincia de Salta, y aun que ha vivido mucho tiempo en Buenos Aires su música siempre vuelve a esos paisajes de su infancia. Desde hace mucho tiempo el grupo que le acompaña es su familia, su hermano Félix al saxo, su hijo José María en las guitarras y requinto, y su  sobrino Matias en el bajo ¿te imaginas una comida de Navidad en esta familia? En todos los discos cuenta con algún que otro invitado ocasional, en este caso Nicolas “Colacho” Brizuela a la guitarra clásica, y Quintino Cinalli a las percusiones.  Como decía un amigo mío, “algún día Saluzzi ya no necesitará ni el bandoneón para expresar su música”, En este nuevo disco, El Valle de la Infáncia, ECM, 2014 el sonido tiende a envolverte en una suave caricia que te permite viajar con la familia Saluzzi como si te hubieses instalado en un carromato gitano y transitaras por los polvorientos caminos de cualquier continente. Claro que su música es folklore argentino, pero no esperes encontrar tangos ni milongas, y tampoco esperes encontrar la enésima revisión de temas clásicos del folklore argentino. Solo en esos Tiempos Primeros que cierran el disco, encontrarás un tema de Atahualpa Yupanqui, La Arribeña. La manera de componer de Dino Saluzzi, es una huida constante del virtuosismo, él no quiere impresionar a nadie, solo pretende explicar sus cositas de la infancia. Claro está que mientras escuchas esa preciosa Suite que es Pueblo, sobre todo en el segundo movimiento “Salavina” te vienen ecos de Alfonsina y el mar. O cuando le dedica un tema a la Virgen de Urkupiña, no puede evitar mezclar el folklore argentino con el boliviano y aceptar que salida del templo y la posterior procesión no está tan lejos de cómo tú, lector,  puedes recordar los pasos de Semana Santa en tu propio valle de la infancia, terribles los vientos de Félix “Cuchara” Saluzzi. Excepto en la suite de La fiesta popular, donde pequeñas viñetas de alrededor de un minuto le sirven para dar un repaso a aquellas fiestas campestres tan diferentes a las que podría ofrecernos Lecuona, por citar a otro compositor de gran personalidad pero con una paleta de colores totalmente diferente. El resto de los temas son episodios largos donde el que escucha se pierde entre los detalles musicales olvidando por momentos en que estas metido. En A mi padre y a mi hijo, necesita Saluzzi casi 11 minutos para traspasar las tradiciones casi orales que no querría que se perdiesen por culpa de la prisa. El quinteto suena como si un solo músico invadiese tu salón, un músico con habilidad para tocar los diferentes instrumentos pero con solo un corazón que bombea seguro y al compás. Música atemporal y sin etiquetas, música para escuchar solo y sin prisas. + info | relacionados | Candido Querol