Diego Schissi quinteto

Timba. Club del disco, 2017

Diego Schissi es un compositor, arreglista y pianista argentino que pasó hace unas semanas por Barcelona, para mostrarnos su último trabajo con el quinteto. Este Timba que por suerte hemos podido escuchar, quanta música fundamental se nos escapa por culpa de unos programadores de grandes festivales que sólo se dedican a traer los mismos músicos que año tras año les aseguran ganancias importantes. Bueno, disfrutemos de lo que toca. Diego Schissi, desconocido para la mayoría del público local, para que quede claro y tu amable lector sepas si quieres continuar con la crónica, es un continuador de Piazzolla. Timba, que en lunfardo significa juego de azar, nos informa junto a esos números que aparecen al lado de todos los temas, unos números que representan la lotería argentina, como decía, nos da la referencia exacta de por dónde nos van a llevar estas 14 composiciones. Aunque sean muchos temas, a partir de la segunda escucha preferí no saber dónde me encontraba y escucharlo como una única composición. Ayuda bastante el hecho de que los temas mantienen su categoría emocional, si un tema es triste, así lo será hasta el final, sin cambios que alteren la línea melódica y que te despisten en la escucha. Otro aspecto fundamental que refuerza al primero es la ausencia de percusiones, aunque se trate de una música rítmica. Schissi al piano, Santiago Segret al bandoneón para dejar claro que el tango siempre está presente, y las cuerdas: Guillermo Rubino al violín, Juan Pablo Navarro al contrabajo e Ismael Grossman a la guitarra. Alternando composiciones de un minuto escaso, con temas de más de cuatro minutos, pero sin relación alguna entre la duración temporal y la intensidad de la composición. En menos de dos minutos, Ahogado nos sitúa entre la vida y la muerte, el bandoneón de Segret se erige como única tabla salvadora, mientras que el piano de Schissi empuja, arremete y destruye cualquier atisbo de supervivencia. En cambio le sigue Hospital, que dedica más de 4 minutos a recorrer un largo pasillo dónde los fluorescentes se van repitiendo como única señal de paso del tiempo. Por supuesto que en Pane, podemos encontrar un sincero homenaje al gran bandoneista Julio Pane, sin duda uno de los músicos más importantes de la actualidad argentina, enorme el bandoneón de Segret. El Borracho, que según Schissi le dio la pista del concepto del álbum al darse cuenta de que la lotería le interesaba más como sueño que no como juego, es un tema rápido, desafiante, que por una parte parece irse hasta la Vieja Guardia y por otra cuándo el violín de Rubino arremete con fuerza parece beber del lenguaje más contemporáneo. Sin darme cuenta el álbum va sonando en repetidas escuchas y vuelvo a estar en el principio, en ese Pelea que inaugura, un tema espeso, compacto, sin fisuras, dónde puedes, si quieres ir conociendo a los músicos, Juan Pablo Navarro al contrabajo, que para la ocasión parece que echa mano del arco, un arco que sierra cualquier melodía. El violín de Rubino totalmente  Piazzolla, o más concretamente Fernando Pérez Paz . Mientras que la guitarra de Grossman, escondida entre tanto fuego es difícil de escuchar, el piano de Schissi asume la ausencia de percusiones. Relajo con el siguiente tema, La Música, aquí la guitarra tiene su dúo con el bandoneón y me permite también a mí relajarme. Y ese cambio de emociones será el que predomine durante todo el disco, un disco que como hacía Piazzolla, sabe conjugar el lenguaje del jazz (pero del jazz escrito, sin buscar la improvisación libre) pero sobre todo apuesta por la emotividad del tango, un álbum que se presenta oscuro (me recuerda a aquellos cómics de los Breccia) pero después de varias escuchas uno decide que muchas veces la oscuridad relaja y sienta bien. + info | relacionados