Diego el Cigala

DiegoElCigala Tucumana
Diego el Cigala
Romance de la Luna Tucumana”, Cigala Music, 2013

Un tiempo después de haber grabado Cigala & Tango, Diego el Cigala se arrepentía de haber dejado fuera de aquel disco algunos temas, entre ellos Naranjo en flor. Colaborando en México en un directo con Andrés Calamaro, donde cantó Inolvidable junto a aquél, conoció al guitarrista Diego García. Al escuchar su guitarra le dijo: “Tenemos que hacer juntos Naranjo en Flor”. Un año después, Diego García le envío el tema instrumentado para que Diego el Cigala la cantara para su disco Twanguero… Y así empezó todo.

Esta narración forma parte del libreto, del libro, realmente, que acompaña el nuevo disco de Diego el Cigala, Romance de la luna tucumana. Un formato que ya utilizara en Dos lágrimas y Cigala & Tango, sus dos discos anteriores no estrictamente flamencos. Un formato que, de alguna manera, ayuda a justificar la compra del álbum, porque nos transmite una información muchas veces necesaria para la mejor comprensión del trabajo. Nuevamente es Juan Cruz quien conversa con Diego el Cigala, porque el texto es, fundamentalmente, la trascripción de la conversación que mantienen ambos, mientras van oyendo y comentando las canciones. Y de esas conversaciones se desprende que una serie de elementos se conjugaron para llegar a culminar el trabajo.

El primero es, por supuesto, la voz de Diego el Cigala. Una voz absolutamente personal, de aquellas que cuando la oyes sabes a quien pertenece, y que consigue adaptarse a la música que canta, ¡sin adaptarse!. Me explico. Lo que logra el cantante, me refiero especialmente a los cuatro discos no estrictamente flamencos, los tres citados más Lágrimas negras, es llevar los temas a su terreno. Como él dice, no quiere cantar un tango como Carlos Gardel ni una chacarera como Atahualpa Yupanqui. Juan Cruz es quien mejor define lo que pasa: “(…)tienes dentro de ti tu propia música (…) Es imposible que cantes como otro. Tu cantas como El Cigala”.

El segundo es el enamoramiento súbito del cantante del sonido de la guitarra de Diego García el Twanguero, ese sonido twang, efecto característico en las guitarras Fender y Gretsch, (aunque Diego García utiliza preferentemente una Martin 0017 de los años 30 y una Gibson 295, como la que tocaba Scotty Moore cuando acompañaba a Elvis Presley). El guitarrista: “Venía de una estancia en Nueva Orleans, estudiando ese sonido twang de las guitarras de Nashville, de moda en los años 40 y 50, cercano al blues y también a Django Reinhardt o Georges Benson”, explica, en el libreto, Amparo, la pareja del cantante, presente también en la conversación.

El tercero, la necesidad de seguir explorando las músicas argentinas, partiendo de los tangos que no cupieron en su disco anterior, como el citado Naranjo en flor, o Por una cabeza y Los mareados, y ampliándolas, especialmente por su inmersión en la figura y las interpretaciones de Mercedes Sosa, a otras músicas folclóricas. “Toda la inspiración (…) vino de Mercedes Sosa. Estuvimos dos meses escuchando a Mercedes…” volvía a intervenir Amparo.

Y sobre ese trípode musical, se elevó lo que sería Romance de la luna tucumana. Otros elementos ayudaron a reforzar la estructura, como la aparición casual en Madrid de José Luís Quintana Changuito, fundamental en las percusiones. La voz de Adriana Varela cantando la parte femenina de Por una cabeza. La guitarra flamenca de Antonio Rey. Elementos estos que ya iremos comentando.

Cada vez está más enamorado de la música de América Latina. “Me queda tanta música por descubrir, tantos campos…”, dice Diego el Cigala. Ya su tío Rafael Farina, explica, había adaptado canciones de ultramar como su famosa Vino amargo que, comenta, era un tango.

Una de las características propias del trabajo son los acompañamientos. ¿Y qué ocurre cuando cambiamos el piano protagonista de los arreglos de sus discos anteriores, por la guitarra de Diego García el Twanguero? De momento, sorprende. (Podéis hacer el experimento de compararlo, escuchando la versión de Nieblas del riachuelo del disco Lágrimas negras y la que hay en esta grabación). Pero todo tiene su explicación: “Yo tenía un reto muy difícil, que era abordar de nuevo el repertorio argentino sin caer en la repetición”. Y esta es otra de las claves que nos ayuda a descifrar el porqué de Romance de la luna tucumana.

DiegoElCigalaY así, con estos mimbres, abordamos la escucha del disco. Son once temas argentinos a los que se enfrenta Diego el Cigala. Once temas que le gustan: “(…) soy una persona que tiendo a aburrirme fácilmente con la música. Como no me des lo que yo quiero…” Once temas que vamos a comentar uno por uno.

Cancion de las simples cosas: Fue este el primer tema que preparó con Diego García, cuando el guitarrista fue a Madrid para, en tres semanas, grabar el disco. La entiende, Diego el Cigala, como un homenaje a Mercedes Sosa, porque es en sus versiones donde él se inspiró, aunque ella la cantaba libre, a su aire, y él le pone ritmo, de bolero a son, pasando por el chachachá y por el flamenco, como explica el cantante. Una mezcla de ritmos que solo él puede unificar con su forma de cantar. Con un gran contenido poético. “Señor, bendito, este hombre, ¿en qué momento de la vida habrá escrito esto para dejar tanta verdad”, son sus palabras. “Que el amor es simple, / y las cosas simples las / devora el tiempo…”, dice la canción.

Naranjo en flor: Primero de los dos temas producidos por Diego García, con protagonismo de su guitarra y el sonido twang. “Es la historia de una desfloración”, explica Amparo. “Era más blanca que el agua, que el agua blanda. Era más fresca que el rio…” cuenta la letra. Esta canción, origen, como explicaba, del disco, estaba pensada para el álbum que publicó Diego García, pero al finalmente se integró en el trabajo que aquí comentamos. Sus versos, según Diego el Cigala, resumen de alguna manera el espíritu del tango y de la vida misma: “Primero hay que saber sufrir, / después amar, / después partir / y, al fin, andar sin pensamientos”.

Los mareados: Solo la guitarra de Diego García, el contrabajo de Yelsy Heredia, omnipresente en las grabaciones del cantante, y su voz, para cantarnos este tango de borrachera, amor y dolor: “Qué grande ha sido nuestro amor, / y sin embargo hoy mira lo que quedó”.

Milonga de Martin Fierro: Es uno de los temas más interesantes del disco y de los que más agrada al cantante, porque de alguna forma se siente identificado. “Yo no soy cantor letrado, / porque lo mío es cantar”, empieza, y solo oírla se le metió en la cabeza que la tenía que grabar como fuera. Y así con Diego García empezaron a trabajar con la melodía, que estaba en tiempo de milonga, y tras una noche de trabajo encontraron el sonido que pudiera enmarcar los poemas de Martin Fierro, que, como dice: “Son tan personales…

Déjame que me vaya: Cuando la escuchó en la voz de Mercedes Sosa le vino la idea, o la necesidad, de cantarla al tiempo de fandango. Aparece por primera vez la guitarra flamenca de Antonio Rey; aunque mantiene de alguna manera su tiempo de chacarera. Una canción que modificó a la mitad, subiendo medio tono, con más percusión, más guitarra, porque le parecía muy larga y surgió aquel miedo a aburrirse, del que hablábamos.

Romance de la Luna Tucumana: Es el otro tema donde aparece la guitarra flamenca de Antonio Rey. Un tema que inicialmente iba a ser una bulería, se convirtió en una rumba, que acaba ¡con un coro cubano! Atahualpa Yupanqui entre Cuba y el flamenco, una falta de respeto que solo Diego el Cigala puede llevar a buen puerto, como es el caso.

Siempre París: “¿Es el abrazo argentino a París?”, interpela Juan Cruz. Y él explica que fue una sugerencia de Diego García; que la vieron perfecta para cantarla a guitarra y voz; que la grabó en absoluto directo y que: “Yo creo que fue el reto, ¿verdad Amparo?, del disco para mí”. Una canción que, para él, es como un reposo entre Yupanqui y Gardel.

Por una cabeza: Porque este tema es, por supuesto, de Carlos Gardel. Diego el Cigala lo asumió con un gran atrevimiento, con un final improvisado por tientos y tuvo, dice, que incluir la voz de una mujer para cantar la parte que a él le incomodaba. Para ello contó con la ayuda de Adriana Varela, ni más ni menos. Es este el otro tema arreglado exclusivamente por Diego García, mientras el resto de canciones las dirigió este, musicalmente, colaborando con Ramón Jiménez. Y así, cogiendo pinceladas del maestro, pero a su manera, canta junto a su partener ocasional este icono del tango que dice: “Por una cabeza, / si ella me olvida (…) / para que vivir…

Balderrama: La canción que fue como un himno para una generación, la convierte Diego el Cigala en una canción coral. Cuando la oyó en la película Ché, la guerrilla, explica, ya le vinieron las palmas y los tambores tucumanos. Cuando vio a Mercedes Sosa cantando el tema sola, con un tambor: “Me quedé traumatizado”. Y es que hablando de las canciones del folclore sudamericano, comenta: “Lo que desconocía eran esas melodías, los ritmos, no”.

Nieblas del riachuelo: Nueva versión, como he dicho, de ese tema, en parte porque en Lágrimas Negras no había cantado toda la letra, no lo sabía, y fue su hijo, Rafaelito, quien lo descubrió en un libro. Y así fue como rehízo la canción, pero esta vez como es realmente.

Canción para un niño en la calle: El tema que cierra el disco es un imposible hecho realidad, porque canta junto a su admirada Mercedes Sosa. Maravillas de la técnica. Una canción que incluyó al final del trabajo porque contiene, dice: “Un mensaje que te puede dejar superherido. Pero como cierre, sí, como mensaje final”. Dos guitarras, la de Diego García y la flamenca, esta vez con Juan José Paquete, y las voces de Diego el Cigala y la recuperada de Mercedes Sosa. Cuando la pudo incluir en su disco, hasta le hizo llorar, pues así podía rendir realmente el homenaje que deseaba a la cantante a quien va dedicado el disco. “Lo que pasa es que siento el espíritu de ella, siento la presencia de ella, siento…” concluye.

Los caminos que ha tomado Diego el Cigala desde hace varios unos años, fuera del mundo flamenco, le han llevado a la copla, al tango, a los boleros, al folclore argentino. Pero, y esto es lo magnífico, siempre sin dejar de ser él mismo Pero ha sabido insuflar una carga de respeto tal en sus acercamientos que, aun manteniendo su personalidad, ha conseguido que sus discos no sean una incursión flamenca en esos otros estilos, ni tampoco una fusión, en el peor de los sentidos. Diego el Cigala ha logrado, sin dejar de cantar como el canta, acceder a otras músicas y, con la comprensión y la pasión que ha puesto, hacérselas suyas. + Info Relacionados | Escucha el programa | Federico Francesch | DESAFINADO RADIO