Dhafer Youssef

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48 Voll Damm Festival de Jazz de Barcelona
Barts. 16 de Noviembre de 2016

Venía Dhafer Youssef a presentar su nuevo trabajo Diwan of Beauty and odd, Okeh records, 2016 (editado hace dos meses) y fue un placer comprobar que hay un público que valora las nuevas propuestas y no sólo busca repetir experiencias de  años anteriores. Por supuesto que Dhafer Youssef no es ningún artista novel y sus diversas colaboraciones a la hora de trabajar lo definen como uno de los músicos más inquietos del panorama internacional. Tiene Youssef dos poderosas herramientas para convencer, su voz y su oud. No dudó en usarlas para empezar la noche, Fly Shadow fly, el melodioso piano de Aaron Parks iniciaba un tema dónde de repente la voz de Youssef se elevaba por toda la sala como una llamada a la oración de un muecín. Impresionante la manera en que se alejaba o acercaba al micro para modular su grito. El piano con un minimalismo que reforzaba el ambiente, una tensión que resolvió la sección rítmica. Siguen con la presentación del disco ahora Of Beauty and Odd y a un servidor se le echa encima nuestro Raúl Rodríguez con su Razón de Son, al igual que  el sevillano, Youssef disfruta de enviar acordes a sus músicos para que estos respondan a su llamada. Y tanto que lo hacen, sobre todo el batería Justin Faulkner que arremete con un despliegue de fuerza que nos dejó atónitos, incluso  a un servidor que le molestan esos baterías exagerados, fue todo un espectáculo. Pero a partir de aquí teníamos dos problemas, por un lado, el excesivo uso de la figura del batería “exagerado” y por otra parte la dificultad en escuchar el piano, fueron dos aspectos que minimizaron la grandeza del concierto. Siguió la noche con una suite, Al – Akhatal Rhapsody, la estrategia la misma, iniciaba el tema el piano, entraba el oud de Youssef, marcando el “poema” sufí a desarrollar y la máquina terrible de la sección rítmica nos llevaba a esa sensación de repetición sufí que te atrapa en sus redes. Un servidor un poquito cansado de la batería se dedicó a escuchar y mirar al contrabajo, el joven Ben Williams, un fenómeno. Era el encargado de marcar dentro del jazz, ese acercamiento al funky. Porque cuándo Youssef dejaba al trío solos, el concepto del jazz estaba claro. La grandeza de la suite estaba en como la conducía el líder, como pasó de una parte a otra, dirigiendo al grupo con su voz, de nuevo aterradora, con su oud, pocas notas pero que se clavaban como alfileres, o simplemente con su manera de dirigir a sus músicos. Pide al público que se ponga de pie, pero me da la sensación que la música que en un principio parece arrastrar a la celebración casi ritual, va perdiendo fuerza y parte del público da la sensación que está de pie por que se lo han dicho pero no tiene muy claro su papel. Poco a poco se va sentando la gente y un dúo increíble de contrabajo y oud nos ofrece otra de las joyas de la noche. Vuelve a producirse la catarsis colectiva cuando la batería de Faulkner hace de las suyas, anulando de nuevo a los otros instrumentos y un público ya totalmente conquistado se queda de pie con un aplauso inacabable pero comprobando que Dios no va a volver a salir, ha terminado su espectáculo. + info | relacionados | Candido Querol

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