David y Alfredo Lagos

SFB El Dorado, Sandaru, 19 de junio del  2018

No era la primera vez, ni será la última (esperemos) que los hermanos Lagos son invitados a la SFB El Dorado, pero en esta ocasión, como explicó Pedro Barragán, tenían un encargo muy concreto, cerrar el trimestre dedicado al ciclo “De lo popular a lo flamenco” El cantaor David Lagos dejó constancia de que la elección era correcta, no sólo puede cantar palos que muchos cantadores ya no los tienen en su repertorio sino que además, supo explicar y convencer al público de la importancia de lo sucedido en el siglo XIX. Su hermano Alfredo, como siempre discreto y tocando lo preciso para que se cumpla lo de “menos es más” también supo demostrar para el que quiso observarlo, que todo el toque estuvo más cerca de aquellos guitarristas que siempre huyeron de malabarismos y apostaron como él por los matices que  saben adornar incluso los silencios. Empezaron  con un camino que condujo desde el polo hasta la malagueña pasando por cantiñas, explicando el cantaor que era todo lo contrario a la actualidad, muchos son los cantaores que empiezan  los conciertos por malagueñas y la mayoría las rematan en abandolaos. Siguió con un romance (desde el oriente más lejano) que nos emocionó por la dificultad del cante y por el riesgo que asumía David Lagos cerrando por peteneras en un viaje que quiso tener escalas en India, Méjico y Andalucía. Siguieron por caminos negros, Cantes de levante y una murciana increíble. Los hermanos estaban a gusto y el público entregado desde el principio. Después de recordar a Morente, se queda sólo Alfredo Lagos (no era de extrañar que su hermano necesitase descansar la voz unos minutos)  y respetando la propuesta nos mostró esa maravilla de fandangos que compuso el padre Soler. Era una noche de grandes reservas, de minorías, de exquisitez. Vuelve al escenario David y sigue explicando sus pasiones en el cante y así llegamos a Don Antonio Chacón y se mete en unas seguiryas que dejaron más alto si cabe el listón. Entre lo  bien que cantó David  y los espacios tan amplios que supo dejarle su hermano se consiguió esa magia que sólo tiene el flamenco. Comentó Lagos que para homenajear a Chacón  había que acabar por caracoles, que es como acababa siempre Don Antonio, pero como en la sala se encontraba su tío Zorri, no quería privarnos de su arte. Así que tuvimos caracoles, con David lanzado ya a pelo, y para acabar la fiesta (aunque no se estilara  en el siglo XIX) unas bulerías de Jerez, para que el octogenario Zorri  diera sus patás arrebatadoras. Fotos: Joan Cortès + info | relacionados