David Sylvian

davis-silvyan.jpg David Sylvian
«Manafon»
Samadhisound / Galileo Mc, 2009……………………………………………………………


David Sylvian es, además de una de las más hermosas voces de la música actual, un culo inquieto que igual hace new-wave (en solitario) que techno-pop (como líder del grupo Japan), bandas sonoras resultonas –Merry Christmas, Mr. Lawrence (Milan, 1983), de su amigo Sakamoto– electrónica vanguardista –Camphor (Virgin Records, 2002), Rain Tree Crow (Virgin, 1991)- o discos experimentales a dúo con Holger CzukayFlux + Mutability (Virgin, 1989)-, Robert FrippThe First Day (Virgin, 1993), Damage (Virgin, 1996)- o Derek BaileyBlemish (Samadhisound, 2003)-. Precisamente éste es el trabajo que parece retomar como premisa para Manafon, una densa colección de no-canciones que se apoyan en una melodía mínima y una atmósfera semi-improvisada. No en vano, se rodea de algunos de los más recientes magos de la ingeniería sonora, encabezados por Christian Fennesz y con agradecimientos declarados a viejos colegas como Steve Jansen o Noél Akchoté. En su equipo (formado por técnicos, diseñadores y músicos) se reúnen nombres de todas latitudes y sensibilidades -japoneses y anglosajones sobre todo-, pero en Manafon prima el expresionismo siniestro, los matices ruidistas entre notas dispersas, y el tono meloso de su voz se vuelve ahora sedante. No obstane, Sylvian no es tampoco el último Scott Walker -el de Tilt (Fontana, 1995) y The Drift (4AD, 2006), se entiende-. Aparcadas quedan las incursiones en la plástica de la world-music con arreglo al jazz de cámara, sonoridades chino-hindús y otros tanteos étnicos con que iba trufando sus anteriores álbumes. Es la importancia de las letras y no los ritmos lo que roba el protagonismo de su nuevo proyecto, amén de su peculiar modo de cantar recitando -una especie de spoken-word con capas superpuestas de sonidos al azar, a veces inquietante (The Greatest Living Englishman), otras soporífero-. Entre ilustraciones de estética manga y alusiones fotográficas a un bosque encantado -no en vano, pueblan las imágenes cervatillos sorprendidos por el objetivo de la cámara, un zorro viejo y unas setas de dudosa pinta alucinógena, junto a guiños a personajes de cuento como Blancanieves, la piel de un conejito muerto y una declaración de principios contra los falsos profetas del pasado (Small Metal Gods)-, referencias a los poetas Emily Dickinson y R.S.Thomas, y el imprevisible crepitar de una aguja de tocadiscos, Manafon va desgranando esta particular colección de nanas experimentales y esbozos muy sugerentes que podrían dar más de sí (125 Spheres, por ejemplo, apenas llega al medio minuto, mientras que otras piezas sobrepasan los diez). El resultado confiere una sensación constante de paradójica calma tensa, tan amenazadora como hipnótica, y el arte declamativo de Sylvian ayuda poderosamente a transmitir esa emoción. El único pero -y es enorme- es la absoluta frialdad del asunto. Exceptuando un corte o dos, Manafon no deja de ser un desordenado cuaderno de buenas ideas aún por desarrollar. www.davidsylvian.com Galileo Mc // Iván Sánchez Moreno