David Carmona

SFB El Dorado. Sandaru 25 de enero de 2018

Si preguntásemos a cualquier persona (aficionada o no al flamenco) nacida en la segunda mitad del siglo XX por dos guitarristas de flamenco famosos, sin duda alguna citarían al desaparecido Paco de Lucia y a Manolo Sanlúcar. Aunque quizás no adquiriese la fama internacional del primero, Manolo Sanlúcar (ahora ya retirado de los escenarios) es un nombre esencial como concertista y en su discografía además de álbumes imprescindibles como Tauromagia o Locura de brisa y Trino no podemos olvidar sus tres trabajos en los 70 sobre El mundo y formas de la guitarra flamenca, todo esto viene a cuento porque Sanlúcar ha querido traspasar sus conocimientos e investigaciones a jóvenes figuras y uno de esos discípulos es el joven David Carmona.  Este guitarrista granaino de la familia de los Fernández de Íllora empezó a trabajar con Sanlúcar a los 13 años y ahora está presentando su primer disco, Un sueño de Locura, Nuevos Medios, 2017 para su presentación en El Dorado traía al percusionista onubense Agustín Diaserra armado con cajón, Borhran (pandero irlandés gracias Albert) y una tinaja udu, un músico que supo entender la propuesta del guitarrista y lejos de cargar de percusiones a esa maravillosa guitarra supo acompañar con sus esencias la dulzura de la propuesta. Empezó Carmona con El rincón de la Soleá y dejó claro con esta composición lo que después a lo largo de la tarde / noche remarcaría con palabras, el gusto por el estudio de la música, la preocupación por saber lo que se trae entre manos, como buen discípulo de Sanlúcar, no se conforma con ejecutar falsetas enlazadas una detrás de otra porque alguien lo hizo así en un momento de la historia. Carmona investiga el modo Mixolidio (una tonalidad griega que ahora podríamos definir como escala diatónica modal (un poco como el Kind Of Blue de Miles Davis dentro del jazz). Como Sanlúcar ya decía en el 2010, Esto no es modo atonal, ni mayor ni menor, tampoco es dórico… Esto es otro mundo. Y ahí es dónde busca Carmona en ese otro mundo, un mundo exigente, de estudio y respeto. Sigue con unas tarantas, Obsesión y a mí (y seguro que para gran parte del público) me tiene en su bolsillo, no solo por el sonido, limpio, trabajado en horas y horas de ensayo, sino y sobre todo porque esa obsesión puedo hacerla mía, puedo sentir como me meto en el tema, más allá de buscar la taranta como estilo, encuentro la música de Carmona. Aparece Diaserra y como era lógico se va a estilos dónde la percusión sea más útil, unas alegrías De Sanlúcar al Tesorillo y las Bulerías del Mixolidio entre tema y tema le gusta a Carmona explicar cómo trabaja en las composiciones (sin pretensiones, sólo con respeto a un público fiel) explica cómo cada pasaje intenta que esté relacionado con el anterior y también con el posterior y no tanto por falsetas. Siguen con un fandango de Huelva que explica que no está en el disco pero que preparó para la Bienal de Sevilla del 2010 y le apetece recuperarlo para este momento en que cuenta con un onubense en escena, y Diaserra más que tocar parecía bailar con la percusión, acariciando, resaltando, era imposible dejar de observar todo lo que estaba haciendo para acompañar la música de su tierra, pero todo sin alardes, sólo detalles que adornaban la guitarra, sin duda la protagonista del concierto. Se queda sólo Carmona, afina, cambia de silla y nos explica que ahora sí que se va a dedicar a unir falsetas en los tientos que vienen a continuación, otro momento álgido, otro momento de los que el tiempo se detiene y sólo existe en el mundo la música que sale de esa guitarra, de esas manos que saben detener el compás para darle la profundidad que necesita el silencio para formar parte de la composición. Después vendría Búscate por ahí, y aprovechó para hablar de nuevo del Mixolidio como tono que permite esas cosas que a él le interesan trasmitir con su música. Siguió con unos cantes de Levante y explicó que en esta ocasión no quiso ceñirse tanto a la modalidad en sí, sino que se tomó la libertad de tocarlos pensando más en los aromas que para él suponen. Volvieron a las bulerías con Motivo impertinente (refiriéndose a ese estribillo que no te deja en paz) y quiso cerrar con unos tangos que también contiene el disco, pero como suele ocurrir, no estábamos dispuestos a dejarlos marchar y tuvieron que recuperar las bulerías para rematar la noche. + info | relacionados | Fotografías: Joan Cortès  Benages