Daniel Lavoie

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Daniel Lavoie
“La Licorne Captive” Le Chant Du Monde, 2014

A priori, un proyecto como éste siempre va a despertar mucha curiosidad. Dicho esto, también cabe advertir que la austeridad formal y la complejidad melódica de la propuesta pueden actuar en detrimento de su asequibilidad para un oído poco instruido en obras tan arriesgadas, poco convencionales y nada complacientes con el gusto de un amplio público. Lejos de perseguir el éxito de ventas, La Licorne Captive ha alcanzado con creces el objetivo de la atemporalidad, que es el mejor don que se le puede conceder a la buena música.

En efecto, el trabajo –firmado al alimón por Daniel Lavoie y Laurent Guardo, aunque en la portada tan sólo aparezca fotografiado el primero– respira aires de folk medievalista (laúdes, violas de gamba, guitarras barrocas, una bella voz soprano para los coros, etc.) pero con arreglos modernos que incluyen además el aderezo exótico de tablas hindúes y gongs tibetanos. De las nueve piezas que componen el disco, escritas ex profeso por Guardo, tan sólo dos se apoyan literariamente en sendos poemas de Arthur Rimbaud: Ophélie y la oscura Bal des pendus. Este apunte y el corsé minimalista que acompaña la voz rasposa y cascada de Lavoie son dos de los puntos en común con la obra de nuestro Xavier Baró. Pero no quedan ahí los parangones.

Por un lado, el oyente avezado se reencontrará aquí con el característico dramatismo chansonnier de Jacques Brel, aunque dotándolo de una elegante pátina pop ideal para ornamentar de fondo el ambiente de cualquier local comercial de diseño que se precie: Icare sería un claro ejemplo. Por otra parte, un tenebroso tema como Chasse-Galere puede recordar al estilo que el “renacido” Scott Walker ha acuñado en los últimos años, jugando con la disonancia y el ruidismo melódico. Pero es en la música de Henry Purcell donde Guardo parece haberse inspirado más, sobre todo en cortes como Le noir et le blanc. Al respecto, la elección de los instrumentos responde más a criterios de sonoridad estética que a la propia intencionalidad purista de la música antigua. Así lo parece subrayar el instrumental Soufflé con que se cierra sedosamente el disco, repitiendo un tántrico leit motiv que se entrecruza con una atmósfera etérea y cadenciosamente rítmica.

A Daniel Lavoie siempre le atrajeron los retos. Escasamente conocido lejos de su Canadá natal –alguien habrá descubierto su nombre en la autoría de diversos singles de Ana Belén, Céline Dion y Richard Cocciante, entre otros artistas melosos–, inició su andadura discográfica en 1975 y desde entonces ha combinado su carrera musical con la actoral: de entre todos los papeles interpretados a lo largo de su vida destaca el de Antoine Saint-Exupery en la adaptación teatral de El Principito y el del pintor Eugene Delacroix en una ya olvidada ópera-rock a finales del siglo pasado. Cuando su prestigio empezaba a declinar un poco, se ha cruzado afortunadamente con Laurent Guardo, un desaprovechado multiinstrumentista que hasta entonces tan sólo había podido lucirse colaborando esporádicamente en cine y TV componiendo alguna que otra banda sonora. De Guardo conviene hacer mención de un álbum íntegramente dedicado a la poesía de William Blake Songs of experience (Diavolo, 2012)– donde baraja elementos acústicos (un ensemble de cuerda, percusiones étnicas, guiños de bossa-nova, etc.) y una electrónica sutil, cercana en sensibilidad al estilo trip-hopero del gran Hector Zazou. Y aunque las pretensiones previas de seducción a las que apunta La Licorne Captive no vencen, sí convencen y es justo recomendarlo. +info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno