Damba

damba Damba
"Y si rompo mi camino"
Kameluak / K Industria, 2008

A los euskaldunes Damba – no confundir con aquellos Danba de Llodio, que en sus boyantes inicios practicaban el primigenio hardcore-ska; ese frenético estilo cuya autoría Kortatu adjudicó a la Familia Iskariote – les va lo de recorrer mundo. Parece que han tirado de un atlas trufado de pentagramas lejanos, con un atril que se pasea por medio globo. Y como quién dice, practicamente sin salir del caserío. La voz de Rocío Herrera es tocaya de la de Amparo Sánchez (Amparanoia) por esos barruntos latinos en los que se enreda. Y el caleidoscopio de ritmos del que tiran les lleva desde las odas a Centroamérica (Nicaragua, Nicaragüita), el desparpajo mejicano a lo Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio (Rompo), los ecos de los morros brasileños (Irresistível) el ventilador pasado por la batidora jamaicana (Dub Rumba), o las rancheras de toda la vida (Y Si). Su apareamiento de estilos interpretado con una variada gama de instrumentos que van desde la trikitixa (el acordeón diatónico vasco) al violín, les lleva a incluir la electrónica en momentos puntuales, un recurso al que recurren sutilmente y del que no abusan en ningún momento. Euskera, catalán, brasileño o castellano encuentran su rinconcito en esta desmitificada torre de Babel. Y por si fuera poco se rodean de una cohorte de colaboradores entre los que se dan cita Sorkun (Fermín Muguruza, Kasbah), Rachid Sghaier (Skunk) o el Quinteto del Conservatorio de Irún (Lerman). Parafraseando a The Pogues, aquí hay fiesta. Una verbena muy entrañable, si. // Miguel Angel Sánchez Gárate