Daby Balde

daby-balde.jpg Daby Balde
"Le Marigot Club Dakar"
Riverboat Records / World Music Network / Karonte, 2009

No todo en Senegal es vertiginoso y rítmico mbalax a golpe de tambores sabar. Toda una pléyade de cantantes, guitarra acústica en ristre,  postula por aires menos asfixiantes que los que trepidan los tímpanos e incitan al baile poseso. Ahí están Diogal, Yoro, Les Fréres Guissé o El Hadj´ Ndiaye, por mentar unos cuantos de estos nobles bardos. Lo cierto es que Daby Balde, procedente de Kolda, al sur de Senegal, se desmarca del resto de los mencionados al hacer uso predominante de la lengua de su etnia fula. Daby es un perro viejo y su hueso está bien pulido. Todavía recuerdo como hace ocho años descubrí un cassette de Halanam, su ópera prima, a través de Baye, un técnico de sonido de Parcelles Assainies (Dakar). Su embriagadora voz de aires peul teletransportaba a las áridas tierras del norte de Mali y el desierto. Porque el discurso utilizado por Daby Balde tiene mucho más que ver con el de paisanos como Abou Diouba Deh o Baaba Maal que con el de Youssou N´Dour y Omar Pene. Sus adictivas letanías restallan con una voz desnuda y evocadora de los tórridos espacios abiertos africanos.  

Hace cuatro años el sello World Music Network nos presentó una antología del protagonista dentro de su serie Introducing. Y ahora llega su segunda colección de canciones, que llega en forma de homenaje al Club Marigot de Dakar, uno de las pocas salas de la capital senegalesa donde se puede escuchar música peul, y donde nuestro protagonista suele actuar en directo con su banda.  

Los repetitivos ritmos de temas como Lambé Leydi, donde crítica los tejemanejes y corrupciones políticas del país, se alían con esa voz ancestral que hipnotiza como una cobra. Daby le canta al amor en Aimé, y lo hace en francés. También rinde tributo al parlamentario senegalés Omar Lo N´Diaye en N´Diaye yo N´Diaye, donde no le hace ascos al wolof. Muestra su vis cómica en Egguéh soumminam, canción en la que narra su particular predilección por los puros, y su alocado sprint para encontrar una tienda donde poder comprarlos. Y en Le Joola rinde homenaje a las más de mil víctimas del naufragio del ferry Joola, acontecido en el año 2002 frente a las costas de Gambia. Para aliñar sus cuerdas vocales Balde recurre a violines, saxos, koras y balafongs, aunque siempre con la guitarra acústica en primer plano. Y todo ello regado con unos espléndidos coros femeninos que le dan mayor realce a esta excepcional pieza de orfebrería. Myspace. Relacionados // Miguel Ángel Sánchez Gárate