Conxita

conxita en B!ritmos Conxita
“Santa Rita, Santa Rita”
Gaztelupeko Hotsak (2008)

Conxita es Helena Casas, secundada por cuatro entregados amigos que apoyaron desde el principio a esta mitad del dúo Pomada. Mientras su ex–compañero de grupo Carles Belda prosigue en el seno de Badebadoc aquella modélica mezcla festiva de electrónica y folk (recientemente se le pudo ver tocando su acordeón diatónico en la pujolsiana Electrosimfonieta núm. 1 de Marcel Casellas), Helena Casas aprovechó su independencia para dar a conocer sus propias canciones intimistas y tristonas, a las antípodas del estilo Pomada. Quién le iba a decir a aquella amiga a la que “robó” el nombre del cual renegaba por feo que Conxita iba a cosechar tal beneplácito tras la publicación de su primer álbum, Amb lletra petita (Gaztelupeko Hotsak, 2006). Aún no tiene Conxita el favor del público masivo, pero sí la rendición unánime de la crítica: no en vano se mereció el premio Enderrock al mejor disco en catalán editado el mismo año de su debut. Si aquél contenía todavía algunas resmas (mínimas) de los colores alegres de Pomada, la secuela Santa Rita, Santa Rita suena ya no autumnal, sino directamente frío como un invierno nevado, introspectivo y cruel. Conxita ha ganado en crudeza y barroquismo en los tonos ocres –como si se pasara de un sosegante cuadro de Zurbarán a uno turbador de Caravaggio–. Quizá contribuya a ello no sólo la exquisitez de los arreglos, sino también la estética del disco, presentado como un auténtico objeto-fetiche que imita un cuaderno de ex–votos mexicanos con estampitas incluidas y una caligrafía de diario de bachiller enamorada. Santa Rita, Santa Rita ocupa apenas un poco más de media hora de canciones necesariamente breves, por sinceras y desnudas, sin gratuitos aderezos. Aunque refiera entre los textos un viaje entre Martorell y Nueva York, es en realidad hacia el interior el rumbo de su odisea. Con un deje en la manera de cantar a lo Quimi Portet –por esa voz cansada capaz de recitar de corrido largos trabalenguas retorcidos de versos encadenados (como en L´home que diu les paraules)– y letras engañosamente ingenuas –inquietante en Àngel y en la pieza que da título al disco (“No m´esquivis la mirada / duc l´estiu a les parpelles…”)–, se entrelazan aires de trip-hop (como muestra, la tristísima y melancólica Tot i res), acompañamientos jazzísticos de piano (a cargo de Ismael Dueñas en una revisión de su primera maqueta), pop casi fúnebre (Dolor) y spoken world (participa activamente Xavi Grimau, letrista de hasta dos canciones de la escasa decena). Y entre ruidos de ambiente y melodías que parecen entresacadas de los susurros del viento y del murmullo de las cascadas de lluvia que caen de los tejados en las tardes solitarias de primavera, Conxita / Helena nos habla de (des)amores truculentos (Abordatge), de ambiguas parábolas de las penas de por vida (la cínica Tristor total), de encantadoras obsesiones enamoradizas (Quan t´adormis) y de la cotidianeidad del club de los dolientes de la cabeza, adictos al ibuprofeno… y a la melancolía. A Antònia le ha salido una seria (muy seria) competidora para acariciar las mieles del éxito en la historia de la cultura musical de este país. Pero sin ninguna duda se lo merece quien no precisa de apoyos mediáticos para reconocerse su sobrada calidad. Ese castigado corazón que ornamenta las páginas de Santa Rita es también la divina reliquia a la que van a dedicar sus mejores plegarias todas aquellas personas que, como el abajo firmante, quedaron prendadas de la belleza sonora y la poesía que ofrece Conxita. En el incierto panorama musical actual, sin demasiados asideros en los que agarrarse con seguridad, la aparición de este trabajo es casi la obra de un milagro. Ahora mismo enciendo un cirio rezando por su próspera continuidad, amén. conxita.org // Iván Sánchez Moreno