Christian Wallumrod Ensemble

wallumrod.png Christian Wallumrød Ensemble
"Fabula Suite Lugano"
ECM Records, 2009

Es tan próspera como longeva esta historia de amor que viven algunos sellos europeos con el nuevo jazz de vanguardia: la compañía ACT, la Winter & Winter o la ECM del productor Manfred Eicher serían tres clásicos ejemplos. Pero si por algo se caracterizan los artistas de este último catálogo es por su afán de riesgo. A los puristas quizá les disgusten estos paladines de la música culta de salón (Jan Garbarek, Terje Rypdal, Niels Petter Molvaer…), más afines a lo sutil que al desarrollo de discursos lineales. La propuesta de Christian Wallumrød Ensemble, por ejemplo, se inscribe dentro de esa categoría de los experimental, explorando inhóspitas sendas ruidistas, creando texturas, tejiendo tinieblas, zurciendo nubes instrumentales, cosiendo telones atmosféricos y realizando juegos de puzzle sonoros. Por contra, Fabula Suite Lugano es demasiado escurridizo para adoptar una etiqueta de género: decir jazz se queda corto, porque la obra rompe con los formalismos al uso y zarpa más allá de fronteras de estilo definido. Intercalando algunos solos y diálogos entre la media docena de músicos que lo componen, el Ensemble liderado por Christian Wallumrød exprime todas las posibilidades que permite un sonido -el de una viola en Quote Funebre, la percusión como única protagonista en Drum y un glissando del arpa y del cello en Mosquito Curtain Call, por poner tres ejemplos-, usando apenas unas pocas notas en cada corte. Concebida como una secuencia continua de piezas intercambiables entre sí, Fabula Suite Lugano se abre y se cierra con el metafórico vuelo de un mosquito con un incesante ostinato de trompeta y piano, para seguir luego entre raras veredas y cojines que engañosamente convidan al reposo, porque en vez de relajar tensan los nervios. La intención no es la de hacer un colchón cómodo para el oído distraído, sino despertar y mantener en estado de alerta constante el nivel de atención del oyente. A fe cierta que el conjunto de cámara de Christian Wallumrød logra descerrajar el arousal de forma notable, acercándose por momentos al lenguaje ligetiano, a la densidad orquestal de BartókPling recuerda a ratos a su Concierto para percusión y celesta aunque pretenda describir una azarosa melodía de gotas de lluvia sobre el alféizar de la ventana-, combina aires barrocos –Jumpa y Jumpa #2 se desenvuelven con guiños a Henry Purcell, Blop casi a John Dowland, y Scarlatti Sonata es un evidente homenaje al compositor italiano-, turbios pasajes étnicos e incluso diríase que célticos (Duo), más algún que otro divertimento rítmico (como I had a mother who could swim). Inquietante y fascinante por igual, ante todo rehúye de dejar a nadie indiferente. No obstante la fama de fríos que se atribuye a los nórdicos no parece aquí del todo fuera de lugar. El resultado del conjunto no llega a ser lo suficientemente innovador como para dejar un poso de peso, quedándose en amable atrevimiento donde se esperaba anárquico rigor. En todo caso, donde hubiere una sobrada sabiduría técnica se echa en falta una dosis mayor de sentimientos, así en plural. Relacionados // Iván Sánchez Moreno