Chico Buarque

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Chico Buarque

‘Chico’ Biscoito fino / Discmedi, 2011

 

Desde el momento que yo escuché la primera canción de bossa nova, Chega de Saudade, cantada por Joao Gilberto, con música de Jobim y letra de Vinicius de Moraes, me cambió la vida […] nos hicimos músicos cuando escuchamos eso […]” Decía Chico Buarque en una  entrevista y citaba luego una lista de cantantes brasileños que, según él, habían pasado por ese proceso. Chico Buarque se siente unido absolutamente a Antonio Carlos Jobim, a su forma de trabajar, y de entender la música. Aquél fue quien le hizo acercase al piano para componer, quien le aconsejó crear temas para otros artistas, quien influyo directamente en su estilo. Un estilo que contrasta con el de su contrincante, para algunos, y amigo, para él, Caetano Veloso. Caetano, Gilberto Gil, los tropicalistas en general, querían “modernizar” la música de Brasil con elementos de los sonidos anglosajones que llegaban entonces. Chico Buarque se compró un piano en vez de una guitarra eléctrica, y aunque también hubo un intento de convertirlo en una estrella pop de la bossa nova, aprovechando incluso su aspecto de niño guapo, fue solo una mala experiencia, que coincidió con su exilio forzado en Italia en 1969 por causa de la dictadura militar brasileña, una experiencia que él cortó de raíz. Todo este preámbulo viene a cuento porque si hoy, artistas como Caetano Veloso o Gilberto Gil, herederos de aquel espíritu inquieto, continúan buscando nuevos caminos y adoptando posiciones más o menos de riesgo, próximos a las vanguardias, Chico Buarque se ha decantado por el continuismo en su estilo, desde sus firmes convicciones y sin necesidad de nuevas aventuras, logrando una frescura y una renovación musical, sobre la misma base de siempre.

Cinco años llevaba sin acercarse a la música, el tiempo que tardó en escribir su cuanta novela, Leche derramada; en revisar las diferentes traducciones de la misma en las cinco lenguas que el domina; en supervisar la titánica tarea de digitalizar toda su obra e incorporarla a la web del Instituto Tom Jobim más de 1000 imágenes, casi 8000 letras y partituras, unos  26.000 textos y más o menos 600 archivos de audio y video a disposición del público. Después de esto, de vuelta al Chico músico. Comenta que cuando es escritor, es escritor y cuando es músico es músico, y si en la escritura influye la música, en la música no influye la escritura, que una cosa es un libro y otra la letra de una canción, la música barata como dice él que la define el viejo Brasil, aquello que comenzó con Vinicius de Moraes, el poeta y diplomático que, ¡Sacrilegio! se puso a hacer letras de canciones populares. “La idea de que un poeta no puede escribir música popular y un cantante no puede dedicarse a las novelas persiste un poco todavía” comenta.

Y así fue que, después de cinco años, como he dicho, un 20 de junio, por una modesta suma, los fans brasileños pudieron acceder a www.chicobastidores.com.br/ y de esa forma ir siguiendo paso a paso el proceso de creación de Chico, el disco que devolvía al mundo musical a Chico Buarque.  Un disco breve, que él dice que dio por bueno el 20 de julio, cuando se enteró que Radioheat había presentado un trabajo con solo ocho temas: “¡Aún me sobran dos!”, pensó. Diez temas que empezó a definir después de un año de trabajo, en esta colección de canciones donde no sobra nada, donde todo cuadra, donde no hay nada que esté ahí por casualidad. Músicas dispares: samba, marchinha, vals, baião, ¡hasta un blues…¡; que arropan unas letras precisas y, como siempre ocurre con él, matemáticamente adaptadas a la música. Unas letras que considera importantes pero que en su caso, explica, están siempre al servicio de la música.

Querido diario, el primer corte, abre el fuego. Es una especie de declaración de intenciones sui generis, donde explica las sensaciones del paseo solitario de un hombre que encuentra compañía: “hoy al final conocí el amor/ y era el amor una oscura trama”. Con unos arreglos que van desde una simple  guitarra  a un cuarteto de cuerda, que utiliza para explicarnos ese paseo por la vida.

Le sigue Rubato, un tema compuesto junto a Jorge Helder, donde se burla de eso tan sagrado y de que tanto se habla actualmente como es la autoría, los derechos, los ladrones de canciones… A un ritmo pausado de marchinha, rodeado de una banda de viento que refuerza esta chico-picidea, va reflexionando sobre el tema.

Essa pequena es la confesión de un hombre mayor que narra su amor por una jovencita, desde un punto de vista irónico, y a ritmo de blues: “Me queda poco tiempo, y a ella le sobra/ Mi cabello es ceniza y el de ella calabaza/Temo que no dure mucho nuestra novela, pero/Soy tan feliz con ella…”

“Un estilo de baião como de Gonzaga” acaba diciendo Tipo um baião, la canción dónde se pregunta el porqué de la vuelta de un amor con promesas de eterna felicidad, cuando ya estaba tranquilo viviendo en su soledad.

Se eu soubesse, es uno de los temas más delicados del trabajo. Un dialogo con la cantante Thais Gulin, donde como un fino encaje de canto, sonidos, letra, música, con una complicidad absoluta, que la prensa amarilla ve más allá de lo musical, logran fabricar una canción cuya sensibilidad la eleva a la altura de los mejores dúos de la música brasileña.

Sem Você 2 es uno de esos ejercicios a que nos tiene acostumbrados Chico Buarque, una canción de una intimidad expuesta ante los demás que casi llega a incomodar al oyente, y donde el lirismo alcanza cotas altísimas, las necesarias para arropar ese canto de soledad y tristeza resignada.

A Wilson das Neves tuvimos el gusto de conocerlo y oírlo en una incursión que hace unos años efectuó la Orquestra Imperial por nuestras tierras. Un batería mítico de la música de Brasil que se alía cantando con Chico Buarque el tema que éste compuso junto a Ivan Lins, Sou Eu. Dos formas distintas de interpretar una canción que nos habla de esa chica que aunque los otros admiren y deseen, afirman que: “Soy yo/Soy yo quien la conoce/Quien baila con ella soy yo/Quien manda en el samba soy yo”.

Podemos pensar que igual que Chico Buarque en el 2005 escribió un libro llamado Budapest sin haber pisado nunca aquella ciudad, donde ocurría la trama, cuando nos habla de la relación virtual entre un carioca y una moscovita, tampoco la ha de haber vivido. Nina, la muchacha de piel blanca y ojos negros, que tiene miedo de viajar a un país tan distante como el de él, que quiere conocerlo en breve, pero en Moscú, y en quien él piensa siempre que toca este vals y bebe un vodka con los ojos cerrados, ¿es simplemente un sueño?

Barafunda puede ser un guiño a su última novela, Leche derramada, y a las carencias memorísticas de su anciano protagonista: “Era Aurora, /no, era Aurelia/ o era Ariela […]” y así durante toda una canción en donde los recuerdos se confunden a ritmo de samba.

Sinhá creada e interpretada junto a Joao Bosco cierra el disco con un alegato contra la violencia de la esclavitud. Se nos explica la historia de un negro que es torturado cruelmente por haber visto a la Señora bañándose en el rio, un negro que niega todo y que tampoco explica cómo ya antes la había hechizado…

Después de la experiencia absolutamente recomendable de haber escuchado el disco por enésima vez, confirmamos que Chico Buarque es uno de los principales creadores vivos de Brasil. Una persona nada mediática, que está deseando volver a su vida “normal”, donde se dedica a jugar al futbol tres veces por semana en un equipo que hace 30 años que no pierde, porque solo consideran oficiales aquellos encuentros que ganan; al que le gusta pasear; sentarse en una terraza; vivir tranquilo; pero que, por otra parte, también estaba deseando comenzar la gira que le ha llevado a ofrecer cuatro recitales en Belo Horizonte, en el mes de noviembre; a dar 16 recitales en Vivo Rio, una sala de Rio de Janeiro con un aforo de 2000 localidades;  para finalizar su periplo en Sao Paulo; siempre presentando este trabajo del que ya ha vendido más de 80.000 copias. Su sexto espectáculo en 36 años, a pesar de que dice que le gusta cantar en público. Un público que le pide los temas de siempre, a los que él riñe cariñosamente porque lo que le gusta es cantar lo nuevo: “A veces no sé porque aún compongo…” Para redondear esta presentación, tuvo que añadir canciones antiguas, desde temas de sus inicios, como su segunda composición, Sonho de um carnaval, del 1965, a algunas que nunca ha tenido la oportunidad de cantar en público, y otras que se encuentran entre las más conocidas del autor. Veintisiete canciones en total, que lanzará a un mundo donde dice que “es posible que la canción como fenómeno y forma del siglo XX y XXI puede que esté llegando a su fin”.

Cuando un músico, un artista, prolonga mucho el tiempo entre la aparición de sus trabajos, uno sufre y se pregunta si aquella capacidad creativa se habrá marchitado. Cuando uno escucha Chico, el trabajo de Chico Buarque que ha tardado 5 años en seguir a su anterior disco, Carioca, entiende que lo que le ha pasado al maestro es que se le acumulaban las tareas con sus libros, sus traducciones y la digitalización de su legado, porque ni nos ha defraudado en su nueva aparición ni, por lo que hemos visto y oído, nos va a defraudar en las próximas entregas de su música, de su literatura, de su creatividad, en fin. |  Federico Francesch | Relacionados | Desafinado Radio