Chick Corea y John McLaughlin

chick-corea-john-mclaughlin.jpg Chick Corea y John McLaughlin
Voll-Damm Festival internacional de jazz de Barcelona

Palau de la Música, 18 de noviembre de 2008

Cuarenta años después, dos grandes del jazz se juntan; no para reescribir la historia pero sí para disfrutar de su música, de su público y de unos acompañantes de lujo, que por sí mismos ya llenan grandes salas de concierto. Si el dúo protagonista encabezaba el cartel y se olvidaba a los escuderos, en el transcurso del espectáculo, el bajista Christian McBride, el saxo de Kenny Garrett y el baterista Vinnie Colaiuta, de dulce pasado con Frank Zappa, ensalzaron su valor ante las viejas glorias, bastante a tono para la ocasión. Bajo la denominación de Five Peace Band, el quinteto se dedicó a interpretar temas antiguos, revisiones y otros inéditos y más contemporáneos, aunque, sobre todo, dependientes del brillante pasado junto a Miles Davis, aquel gran “torero” que dio la alternativa a tres de los presentes, y que además les permitió experimentar dando forma a la fusión entre el jazz y el rock. Y en eso consistió, básicamente, la mayoría del concierto. Siempre partiendo del protagonismo central de Corea, seguido a corta distancia por McLaughlin, el quinteto cuajó una actuación en la que ego y virtuosismo se dieron la mano. El grupo actuó suelto y con feeling, luciéndose cada uno como solista y como integrante de la formación, frente a un respetable que estaba rendido antes de que empezaran las primeras notas.
Tal vez, la energía producida en el escenario, o el calor que se producía en el interior de la sala, junto a la larga duración de la mayoría de los temas, provocó que en ciertos momentos el ritmo del espectáculo se apoyara en cierta monotonía y reiteración, no sólo visual, sino también musical. Con piezas de parecidos esquemas, rotas por soberbios solos de los artistas y alguna pieza e interpretación marciana de Corea y McLaughlin, el concierto se alargó por encima de las dos horas, y con el público en pie pidiendo más.
Con todo, el conjunto sonó verosímil y, sobre todo, no dio muestras de ser una actuación con el único objetivo de obtener fondos y vanagloriarse de un pasado de oro. Bien al contrario, el espectáculo se nutrió de creatividad y ganas de convencer. Sólo sobrevolaba sobre el quinteto, o sobre la cabeza de este cronista, si el sonido interpretado con eficacia y lujo por el quinteto, sigue teniendo actualidad o pertenece a una época pasada en donde, sin duda, producía éxtasis. Tal vez, en la actualidad, la propuesta sonora, sin producir sorpresa, no sirva más que para traernos buenos recuerdos. // Antonio Álvarez