Chango Spasiuk

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Chango Spasiuk
“El chamamé es un rezo que se baila”

Inmejorable ocasión de conocer el alma mestiza y profunda de Argentina a través de Chango Spasiuk, exponente del chamamé, uno de los géneros folklóricos más populares del país latinoamericano. Su gira europea le trae a Barcelona y Madrid para presentar su último disco Tierra Colorada en el Teatro Colón, grabado en directo en el teatro más prestigioso de su país y que recoge parte de la extensa obra del acordeonista. Música pasional, triste y alegre al mismo tiempo, como dirá Chango a lo largo de esta entrevista, tal como la vida misma…

Dicen de ti que eres el Piazzolla del chamamé. ¿Cómo recibes esta comparación?
No… Primero, lo recibo como un halago enorme, pero Astor Piazzolla es uno de los compositores más importantes del siglo XX y sería infantil tomarme en serio esa comparación. Sí siento que él es un arquetipo a seguir para todos los compositores contemporáneos porque es un hombre parado sobre una tradición pero que tiene una profunda necesidad de hacer una lectura personal de esa tradición y de mantenerse vivo y mantener viva esa tradición con su propia búsqueda estética. En ese sentido es un ejemplo. Un hombre que a los 60 años debería estar dormido sobre sus laureles y fue cuando más se cuestionó toda su creación y toda su obra. Cuanto más viejo era, más viva era su música. Eso es un ejemplo a seguir y tomando una gran distancia, yo estoy parado sobre una gran tradición que es el chamamé y simplemente trato de sentirme vivo y encontrar mi propio mundo sonoro dentro de esa tradición.

Para contextualizar lo que tú haces, ya que aquí el chamamé es un tanto desconocido, ¿cómo lo definirías?
Es un rezo que se baila. Es una música melancólica y a su vez poderosa rítmicamente. Es un mundo sonoro donde conviven esas dos energías, y en el fondo de todo es una música profundamente esperanzadora. De alguna manera casi todas las músicas rurales son esperanzadoras. El tango es una música urbana que viene de la ciudad de Buenos Aires y que identifica a Argentina en todo el mundo, pero más allá de eso, mi país tiene gran cantidad de mundos sonoros: el norte, el sur, el centro y el nordeste: el Litoral, de donde vengo yo. La tradición musical de esa región es el chamamé. Es una música mestiza, criolla, donde converge el pueblo originario de los guaraníes y su encuentro con los jesuitas, que trataban de que tocaran música barroca. Por último, a principios de 1900, llegaron los inmigrantes europeos con el acordeón, y ese mundo sonoro se terminó de definir estéticamente con ese instrumento. Es una música en 6X8 en donde hay elementos indígenas, europeos, africanos y que tradicionalmente se toca con acordeón, guitarra y bandoneón. Se canta en dúo de voces y se baila agarrado. Pero cuando uno nace en esa región no solamente toca ese ritmo con el acordeón, sino que toca otros elementos en ese cuadro sonoro, en el que aparece la polca que trajo el europeo, los chotis, la ranchera… Todo eso construye el mundo sonoro de la tradición del chamamé.

Tu música es de alta intensidad emotiva, tal y como refleja tu último disco Tierra colorada, que estás presentando por Europa. Hay piezas melancólicas, piezas delirantes, piezas bailables, piezas muy tristes. ¿Qué reflejan tus composiciones?
Para mí la música está intensamente relacionada con la vida. La música no es para aislarte de la vida, es para resignificarla y para comprenderla mejor. Todos esos sentimientos son los que uno tiene mientras camina por la vida y por eso están en la música también. Más allá de un proceso intelectual, más allá de las imágenes que uno quiere proyectar, mi anhelo, o mi horizonte, es, como dice Atahualpa Yupanqui, llegar a la sombra que el corazón ansía, como un estado del corazón, una herramienta para saborear algo más que entretenimiento. A veces sucede y a veces no, pero uno siempre lo está intentando.

ChangoSpasiuk IgnacioArnedoUnes la tradición y la contemporaneidad con una libertad total. ¿Cómo conjugas ambos lenguajes?
Nunca están separados. Cualquier persona que ama la tradición está parada en el mundo de hoy. El que piensa que lo contemporáneo está separado de la tradición es porque no la conoce. La tradición es donde estás parado, y desde ahí intentas entender el mundo de hoy. Hay el que piensa que la tradición es la repetición mecánica de otro momento y otro lugar, pero eso no es la tradición. La tradición es una fuerza sobre la cual uno se expresa en el mundo, a través de ese lenguaje que excede la existencia de uno. Para mí conviven de una manera muy espontánea. El que busca la vanguardia o el que busca reformular un lenguaje es alguien que ama profundamente la tradición. La única manera de poder hacerlo es conociendo la historia de lo que haces, pero no alcanza con conocer, alcanza con ofrecer tu voz a ese lenguaje, para enriquecerte y para enriquecerlo.

Tuviste tu primer acordeón a los 12 años. ¿Por qué elegiste este instrumento?
El mundo ha cambiado tanto en los últimos 30 años y de una forma tan vertiginosa… Pero cuando yo era niño, no existían los canales de televisión, no existían los CD, ni los Ipad, ni los MP3. La mayoría de los acontecimientos sociales eran animados con música en vivo y siempre había un acordeón. Yo estaba enamorado del sonido y del color, un instrumento rojo, o negro, con dorado y nácar. Inclusive el olor del acordeón, que la mayoría de las veces se guardaba sin estuche dentro de los roperos y tenían el olor de la naftalina. Era una experiencia poder sentir como vibraba el instrumento y siempre estuve atraído por el acordeón, siempre quise tocarlo. Mi padre era carpintero y tocaba el violín, y había un par de violines en casa, pero yo siempre quise tocar el acordeón. Lo pedí y pedí, hasta que mi padre consiguió uno y me lo regaló. Durante días enteros solo me saqué el acordeón para ir a la escuela. Comía con el acordeón puesto y trepaba a los árboles con él.

¿Fuiste autodidacta?
Sí, porque el chamamé, como casi todas las músicas folklóricas de Argentina, se aprenden por tradición oral, de padres a hijos, tíos, vecinos, hermanos y por imitación. Así es como aprendí yo, viendo como tocaban los otros y dedicándole muchísimas horas, sacando de los discos y copiando todo lo que podía. En el camino iba encontrando maestros de los que aprendía cosas. Hoy en día tengo un cierto conocimiento y he estudiado muchas cosas pero sigo relacionándome con la música desde un lugar muy instintivo.

Eres de Misiones, tierra del nordeste, de fronteras y de tonos rojos, de ahí el nombre de tu último disco Tierra Colorada, imagino. Sueles mencionar mucho el nombre de tu tierra. ¿Cuánto influye en un músico el lugar donde nace?
Uno siempre se está agarrando a una imagen, hay gente que se agarra al poncho, al sombrero, pero una de las primeras imágenes que uno tiene cuando viaja a la tierra de donde yo soy es la tierra colorada, muy roja. La selva, o lo que queda de ella, es muy verde y hace mucho calor en el verano. Geográficamente es muy intensa la experiencia, y la frontera y la diversidad es muy grande. Y la influencia… Uno es el lugar donde ha nacido, la patria es donde uno ha nacido, y uno es otra cosa también. Ni siquiera he pensado en esa pregunta, soy un producto de una manera social y colectiva de ese lugar, pero desde ese lugar, con la música me pregunto, ¿quién soy? Cuando uno viaja y tocas en un lugar que no conoces y donde nadie conoce de donde vienes, ni tu tradición, ¿por qué en algún momento uno se siente en familia y cerca del otro? Eso quiere decir que hay algo de uno que no es de ningún lugar en concreto y es algo que tenemos todos en común. Es muy interesante, comparto una tradición, la muestro a todos los demás, pero con esa tradición estamos preguntándonos a todos desde más allá de nuestra tradición o región.

Tierra Colorada está grabado en directo en el Teatro Colón de Buenos Aires ante más de tres mil personas. ¿Qué querías plasmar con un directo?
El desarrollo de mi música en Europa es corto pero en Argentina lleva mucho más tiempo y allí yo ya tenía necesidad de hacer un disco en vivo, ya que a lo largo de casi treinta años nunca lo había hecho. Siempre quise grabarlo en un lugar especial y cuando llegó la invitación de tocar allí pensé que ese era el lugar. Además, es muy simbólico, puesto que el chamamé es una música folklórica muy popular, pero ha estado restringida y ha sufrido muchos años de cierta marginalidad. Fue muy intenso ese concierto y valió la pena grabarlo. La idea de grabar el disco en directo fue para que la gente pudiera escuchar la vida de la música en vivo, la celebración que trata de ser mi música.

La tuya y la del público, que se escucha muy entregado todo el concierto.
Sí, totalmente. Yo creo que más de la mitad de la gente que vino al concierto no había entrado al Teatro Colón y fue muy bello. En la ciudad de Buenos Aires vive mucha gente del interior, no quiere decir que solamente la gente del interior escuche mi música, la gente de la ciudad también, pero se dieron un montón de elementos particulares que lo hicieron muy intenso y por suerte pudimos hacer un registro.

Has tocado junto a gente muy reconocida a nivel mundial como Mercedes Sosa, Bobby McFerrin, Lila Downs o Carlos Núñez. ¿Qué te aportan como músico estas colaboraciones?
Por suerte la vida me ha dado la oportunidad de poder compartir con gente que admiro profundamente. Lo he disfrutado y después cuando he salido de esa situación he agradecido poder haber estado ahí; he salido muy enriquecido. Soy como un eterno aprendiz y he recibido más de lo que esperaba en el camino. El problema de eso es que uno quiere recibir más y se vuelve un poco adicto. Con muchos de estos artistas nos hemos encontrado tocando mi música, pero también tocando la música de los otros y esa experiencia siempre me ha ayudado porque cuando estás al lado de grandes artistas no solo aprendes si no que también disfrutas de la belleza de los otros. Con Carlos Núñez, por ejemplo, he tocado fuera de Argentina. Es muy talentoso y generoso, hemos tocado hace poco en Escocia y para mí es una alegría cada vez que nos encontramos. De alguna manera siento que estamos parados en el mismo lugar no en términos de carrera, sino en la búsqueda, y dándonos cuenta de que la raíz es más grande lo que uno cree y que está todo muy conectado. Estamos en la misma sintonía.

Habiendo tocado por tantas partes del mundo y habiendo hecho giras tan extensas por países como Estados Unidos o Reino Unido, ¿cómo es que es la primera vez que actúas en Barcelona, y que apenas has tocado por España?
No lo entiendo. Lo pienso pero no lo sé realmente. Quizá no se dio el momento. Me alegro porque me ha dado tiempo de prepararme más y sentir que mi música es mejor de lo que era diez años atrás. Es más valioso lo que tengo para dar, pero disfruto ahora de pasar por Barcelona y por Madrid y ojalá que sea una nueva etapa que me conecte un poco más a España.

ChangoSpasiuk IgnacioArnedo 1Aunque aquí de Argentina lo que más se conoce es el tango, la milonga y el rock, el chamamé es muy popular por todo tu país y se vive con especial intensidad en el interior. ¿Hace falta proyectar mejor esa riqueza folclórica de Argentina? Dar a conocer también la zamba, la chacarera, la payada, etc.
Culturalmente mucha gente cree que el folklore está bien para consumo interno, pero que no podemos mostrarnos al mundo con ello, cuando posiblemente lo que el mundo quiere es lo que no queremos mostrar. Queremos exportar tango y futbol, y el mundo quiere ver otra cosa de nosotros. Pero no se trata de mejor o de peor, también de cuan necesitado está un artista de tener que salir a desarrollar su música fuera del país. Muchos estuvieron fuera por el exilio, como Mercedes Sosa, otros porque no se les reconocía su trabajo, como Astor Piazzolla. Institucionalmente se exportan productos definidos, pero ahora hay una reflexión continua y todo esto está puesto encima de la mesa y está siendo debatido y reflexionado.

¿Y la juventud argentina como vive esta riqueza folklórica? Aquí cuesta bastante…
Hay ambas cosas, pero sí hay una juventud que conoce mucho y que está muy interesada. Vive estas músicas de una manera muy espontánea y por eso esta música está tan viva en las nuevas generaciones. Creo que el gran problema de la juventud es la tecnología, que tiene un doble filo. Por un lado es una herramienta que te permite grabar desde tu casa un disco, subirlo a la red y compartirlo con todo el mundo, y a la vez te mantiene entretenido y disperso, y no te deja profundizar en una disciplina, porque pareciera que todo tiene que ser hecho ahora y ya. Cuando le dices a un músico que está empezando que tiene que estudiar unas cinco horas al día su instrumento y la música folklórica que quiere tocar y en un par de años hablamos, te dicen, “en un par de años ya quiero tener mi disco, mi gira, mi booking”, y tienen ese modelo de resultados inmediatos, si no es ya no eres una persona exitosa. Se ha perdido esa imagen de que el éxito es la posibilidad de profundizar en algo e intentar desarrollarlo en un tiempo muy largo para intentar algo que valga la pena. Ese es el desafío de la juventud. La frase que debería estar pegada en todas las paredes es ‘Nada más urgente que lo que necesita mucho tiempo para realizarse’. Todo lo que está hecho buscando resultados inmediatos normalmente es bastante hueco y pobre estéticamente.
Proximos conciertos:
28 de marzo 21h CAT – Centre Artesà Tradicionàrius (Barcelona)
29 de marzo 18:30h Sala Clamores (Madrid)
+Info | RelacionadosSilvia Rodríguez   | Fotos: Ignacio Arnedo